Dos bocas silientes
Flor de pitaya
No sumes los errores, no midas las desigualdades
El insomnio atacó sin piedad a otros treinta
Esta frágil estabilidad de lo mundano
El amor es una revolución de las luciérnagas
En mí cala más el páramo de Rulfo que el Olimpo
La bóveda del cielo
Una medusa abriéndose en la tarde
Toda flama arde por mi fuego
Alfileres imaginarios se clavan en mis piernas desnudas
La celda espera con su sombra de piedra
Escucho mis pasos que ya no sigo al salir a la calle durante la noche
Donde la vida no fuera un toro mecánico infinito
Prometo hundirme en la sucia ficción del amor
No es la impureza de las calles ni la mañana en que agonizas
El tiempo donde se acumulan los despojos

