Para ser poeta, afirma Gary Snyder, de 96 años, es imprescindible conocer todo lo posible sobre los animales y dominar, al menos, una magia ancestral: la adivinación, la astrología, el tarot o el misterioso I Ching. Esa idea, recogida en uno de sus textos, sintetiza la profunda conexión que el autor mantiene con la naturaleza y lo místico, un universo que podrá explorarse plenamente más adelante.
Nacido en San Francisco en 1930, Snyder es poeta, traductor, ensayista, conferencista y activista medioambiental. Su lugar dentro de la Generación Beat y el Renacimiento de San Francisco lo vincula con una corriente de pensamiento rebelde y trascendente. En 1975 recibió el Premio Pulitzer de poesía, una consagración merecida a su compromiso lírico, espiritual y existencial.

El budismo zen le sirve como brújula espiritual y, entre los múltiples matices de su vida, destaca haber inspirado a Japhy Ryder, el luminoso caminante de The Dharma Bums (Los vagabundos del Dharma), de Jack Kerouac. La infancia —esa sentencia silenciosa que suele revelarlo todo— marcó su destino cuando, con apenas dos años, su familia se trasladó a una granja lechera en Washington. Allí, su niñez transcurrió en el regazo de la naturaleza, como un preludio de la cosmovisión que definiría su existencia.
Kerouac lo describió como “el hombre más feliz del mundo y el próximo Buda”, una definición que, de algún modo, parece haber anticipado el rumbo de su vida. La Cordillera de las Cascadas —esa inmensa columna vertebral de montañas que se extiende desde la Columbia Británica hasta California— se convirtió en su primera escuela espiritual durante la adolescencia. En aquellas caminatas y exploraciones, la naturaleza dejó de ser únicamente paisaje para transformarse en refugio, maestro y revelación.
A los 23 años, inmerso ya en la efervescencia de la juventud y la búsqueda espiritual, abrazó el budismo. Su formación académica en lenguas de Asia oriental, en la Universidad de California en Berkeley, fue una consecuencia natural de ese camino interior. Mientras tanto, pasaba los veranos construyendo senderos en Parque Nacional Yosemite o combatiendo incendios forestales. Aquellos días de soledad en cabañas remotas, lejos del bullicio del mundo, se convirtieron en un terreno fértil para la meditación zen y para la poesía que, tiempo después, iluminaría a generaciones enteras.

En 1953, Gary Snyder inició un posgrado en lenguas de Asia oriental en la Universidad de California en Berkeley, esa fábrica de intelectuales inquietos donde la erudición suele entrelazarse con la contracultura. Según los relatos del propio poeta y las observaciones de diversos especialistas, sus veranos transcurrían entre dos escenarios emblemáticos: las cuadrillas encargadas de abrir senderos en el Parque Nacional Yosemite y los equipos del servicio forestal dedicados a combatir incendios.
Aquella labor, físicamente extenuante y espiritualmente intensa, lo sumergía en largas temporadas de aislamiento en cabañas remotas, refugios efímeros donde el mundo parecía desdibujarse y la mente encontraba un territorio fértil para la contemplación. Fue allí, lejos del ruido cotidiano, donde la práctica del zen halló un templo improvisado entre montañas, silencio y la sempiterna lección de los árboles.
Hasta entonces, si algo articulaba un hilo común en su vida, era la naturaleza. Sin embargo, en 1955, a los 25 años, llegó el momento decisivo que marcaría un antes y un después en su trayectoria: en San Francisco conoció al poeta Allen Ginsberg y al novelista Jack Kerouac. Eran los días del “halcón que navega sobre el tejado” y de la “serpiente que se desliza bajo el piso”, metáforas de una época en la que la poesía y la rebeldía se entrelazaban con la intensidad del viento y de la tierra.

Cuando hablamos de un punto de no retorno, nos referimos a que ese mismo año Snyder compartió vivienda con Jack Kerouac y, quizá lo más trascendental, participó en una lectura de poesía en la legendaria Six Gallery de San Francisco, un espacio considerado uno de los grandes templos de las letras estadounidenses.
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Según diversos registros periodísticos, Snyder presentó el poema “A Berry Feast” durante aquella velada histórica, en la que compartió escenario con figuras como Michael McClure, Kenneth Rexroth, Philip Whalen, Philip Lamantia y, por supuesto, Allen Ginsberg, quien esa noche dio voz pública por primera vez a su obra maestra Howl. Aquella lectura, envuelta en un aura de irrepetibilidad, no solo consolidó uno de los momentos más decisivos de la literatura estadounidense, sino que también marcó para siempre la vida y el destino de Snyder.
Al año siguiente, el poeta emprendió un viaje crucial a Japón, país donde transcurrió gran parte de la década siguiente. En Kioto, entre templos y la rigurosa disciplina del zen, profundizó en el budismo hasta 1968, interrumpiendo su estancia únicamente para regresar de manera esporádica a Estados Unidos. Durante esos años continuó escribiendo una poesía entretejida con espiritualidad, contemplación y naturaleza.
Cuando finalmente regresó de forma definitiva, lo hizo convertido en un héroe contracultural, una figura magnética capaz de atraer multitudes hacia las letras beat. En lecturas abarrotadas por un público ansioso de transformación y libertad, Snyder encarnaba el espíritu de una generación que buscaba nuevas formas de habitar el mundo.
Poetripiados te presenta algunos de sus poemas.
Lo que debes saber para ser poeta
todo lo que puedas sobre animales y personas.
los nombres de árboles y flores y hierbas.
nombres de estrellas y los movimientos de los planetas
y la luna.
tus propios seis sentidos, con una mente observadora y
elegante.
por lo menos un tipo de magia tradicional:
adivinación, astrología, el libro de los cambios, el tarot;
sueños.
los demonios ilusorios y los resplandescientes dioses
ilusorios;
besarle el culo al diablo y comer mierda;
coger con su verga caliente y barbuda,
cogerse a la bruja
y a todos los ángeles celestiales
y doncellas aromáticas y doradas—
& entonces amar lo humano: esposas maridos y amigos.
juegos de niños, historietas, chicle-bomba,
las rarezas de la televisión y la publicidad.
trabajo, largas secas horas de trabajo devoradas, aceptadas
y vividas y finalmente amadas. agotamiento,
hambre, descanso.
la salvaje libertad de la danza, éxtasis
solitaria silenciosa iluminación, éstasis
peligro real, juegos de azar, y el filo de la muerte.
(Regarding Wave, 1970)
Los niveles
los gatitos salvajes
nacieron en el techo
juegan a los dioses del cielo
retumbando sobre el cuarto.
¿era claude en la noche?
¿eran ladrones?
nuestros pasos van al norte y encima
la camada se encamina hacia el oeste
un halcón navega sobre el tejado
una serpiente se desliza bajo el piso
¿cómo hacen los halcones para cazar en la lluvia?
Camino por el corredor:
el alma de una ventruda nube.
(The Back Country, 1968)
Deslumbramiento
para Richard y Michael
el deslumbramiento, la seducción el
diseño
intoxicado y trémulo,
¿flores? ¿abejas? por qué gira
esta semilla en todos lados,
lo uno
se divide a sí mismo, se divide una y otra vez.
«todos sabemos a dónde lleva»
cegadoras tormentas de polen dorado.
—¿ir a tientas por ahí?
el deslumbramiento
y el barro azul.
«todo lo que se mueve, canta»
las raíces trabajan,
y no se ven.
(Turtle Island, 1974)
Civilización
Ésta es la gente que complicó las cosas.
nos pescarán por miles
y nos pondrán a trabajar.
El mundo se va al infierno, con todas estas
aldeas y caminos.
Las parvadas de patos silvestres ya no son
lo que solían ser.
Escasean los bisontes.
Denme mis plumas y ámbar
*
Un grillo diminuto
en la página mecanografiada de
«Kyoto nació en la canción de primavera»
se acicala
al compás del Clavecín bien temperado.
Dejo de escribir y lo miro a través de un cristal
¡Qué bien articulado! ¡Qué limpio!
Nadie comprende el REINO ANIMAL.
*
Cuando los arroyos crecen
Los poemas fluyen
Cuando los arroyos se vacían
Apilamos piedras.
(Regarding Wave, 1970)
Quema
7
Absorto en la curva de su cuello
palpo el pulso de una vena
Piel suave, senos fríos
Completamente desnuda en el amanecer
«pajarillos
que lanzan su canto desde todas las ramas»
dónde están ahora
Y soñé que vi al Duque de Chou
La Madre cuyo cuerpo es el Universo
Cuyos pechos son el Sol y la Luna,
la estatua de Prajna
En Java: la sonrisa serena,
Los senos desnudos.
«¿Me amarás todavía cuando mis
pechos crezcan?»
dijo la chiquilla—
«Las Madres Terrenales y todos aquellos que maman
en los pechos de las madres terrenales son mortales—
pero inmortales son los que se nutren
en el seno de la Madre del Universo.»
10
el voto de Amitabha
«Si, después de obtener la naturaleza del Buda, alguien en
mi tierra
cae en la cárcel acusado de vagancia, que yo
no adquiera la más alta y perfecta iluminación.
gansos silvestres en el huerto
escarcha sobre el pasto joven
«Si, después de obtener la naturaleza del Buda, alguien en
mi tierra
pierde un dedo juntando vagones de carga, que yo
no adquiera la más alta y perfecta iluminación.
el ojo de la yegua se sacude
tensado por la brida
los zapatos con brillo de piedra espolean
los tobillos tiemblan: al bajar la roca empinada
«Si, después de obtener la naturaleza del Buda, alguien en
mi tierra
no puede tomar un aventón hacia cualquier rumbo,
que yo
no adquiera la más alta y perfecta iluminación.
húmedas rocas que zumban
en el suroeste lluvia y relámpagos
pelo, barba, comezón
el viento fustiga las piernas desnudas
deberíamos volver
no lo hacemos.
(Myths & Texts, 1978 ed. rev.)
(Los poemas fueron traducidos por Luis Cortés Bargalló y Andrés King Cobos, Universidad Autónoma de México, Coordinación de Difusión Cultural, Dirección de Literatura (2011)

