En uno de los últimos eventos de la Fiesta de los Libros de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez (UACJ), se presentó el proyecto editorial Originaria, que puso sobre la mesa una discusión urgente: la necesidad de leer, editar y reconocer las voces que históricamente han quedado fuera del centro cultural.
El diálogo, encabezado por las artistas visuales Linda Celeste Jaime Padilla y Francisco Villa Vargas, giró en torno a la edición en lenguas no hegemónicas y minorizadas, como el purépecha, otomí y náhuatl. Más que una charla, el encuentro se convirtió en un ejercicio de reflexión sobre las ausencias en el panorama literario mexicano y las formas en que estas se traducen en desigualdad cultural.
Originaria, explicaron, no es sólo un proyecto editorial, sino un espacio de promoción y educación intercultural que apuesta por la poesía escrita por mujeres en lenguas originarias. Desde su creación en 2018 en Michoacán, el colectivo ha construido un puente entre territorios, sonidos y escrituras que rara vez coinciden en los circuitos tradicionales del libro. A la fecha, ha publicado 23 títulos bilingües en 14 idiomas distintos.
Durante la conversación, se subrayó que México ocupa uno de los primeros lugares a nivel mundial en lenguas en riesgo de desaparición, de acuerdo con datos de la UNESCO. Esta realidad, señalaron, no sólo implica la pérdida de formas de comunicación, sino de mundos completos: cosmovisiones, memorias y maneras de nombrar el territorio.
Las participantes coincidieron en que el desconocimiento de estas lenguas dentro del ámbito literario refleja una carencia más profunda, como lo es la desconexión con la diversidad cultural del país. Esta falta de reconocimiento, añadieron, también se manifiesta en prácticas de discriminación y en la invisibilización de las comunidades hablantes.

El trabajo de Originaria busca revertir ese proceso a través de la edición digna, la traducción cuidadosa y la creación de libros que respeten el contexto de las autoras. Cada publicación es elaborada de forma artesanal e incorpora elementos visuales que dialogan con los orígenes de las escritoras, como patrones textiles y colaboraciones con ilustradoras de distintas regiones.
Para el colectivo, el libro y la poesía funcionan como vehículos de encuentro, porque permiten que las lenguas dialoguen con nuevos públicos y que las historias encuentren otras formas de permanencia. En ese cruce entre palabra, territorio y memoria, se abre también la posibilidad de repensar el lugar de estas lenguas en la vida contemporánea.
La charla dejó claro que editar fuera de la hegemonía lingüística no es sólo un acto cultural, sino también político: implica reconocer derechos, cuestionar estructuras y abrir espacios donde antes hubo silencio.

