Oscar Gagliano nació en Buenos Aires, Argentina, en marzo de 1949. Estudió en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de Buenos Aires, donde se graduó en 1977. Además de su formación como arquitecto, se ha desarrollado como artista plástico.
Actualmente centra su trabajo en la pintura y las artes digitales, utilizando principalmente la técnica del acrílico sobre lienzo. A través de su obra explora temas vinculados con la cultura popular, la arquitectura y diversos elementos regionales, expresados mediante un estilo marcadamente expresionista que caracteriza su producción.
Su trabajo establece un diálogo entre el contexto cultural argentino y sus intereses por el diseño y la literatura, disciplinas que también forman parte de su universo creativo.

Criado entre pinceles y dibujos familiares, Oscar Gagliano encontró en la pintura y la literatura dos lenguajes inseparables. Del óleo pasó al acrílico, luego al collage y las herramientas digitales. En entrevista con Poetripiados, defiende el compromiso social del artista, cuestiona los circuitos cerrados del arte y hoy trabaja en una propuesta que combina collage y expresionismo.
—¿Cómo fue que te relacionaste con la pintura? ¿Creciste en ese ambiente o fue por iniciativa propia?
Siempre me gustó la pintura, desde muy chico. Crecí en un ambiente donde el arte estaba presente de manera natural. Mi padre pintaba y yo lo acompañaba, observándolo. Además, un tío venía a casa y era extraordinario verlo dibujar; yo lo admiraba profundamente.
—¿Cómo son tus días cuando estás trabajando, entre pintar y escribir?
Hubo etapas en las que me alejé de la pintura, pero nunca desapareció de mí; siempre permaneció esperando. Reaparecía en los momentos más inesperados, especialmente frente a paisajes que sentía que no podía dejar pasar, como si hubiera algo que necesitara quedar registrado. La escritura y la pintura conviven de una manera semejante: no siempre están activas, pero nunca se ausentan del todo.

—Trabajas con acrílico, pero también con herramientas digitales. ¿Cómo se da ese paso entre lo manual y lo digital en tu proceso?
De niño trabajé con óleo porque mi padre me enseñó a utilizarlo. Mi tío también lo manejaba, al igual que el grafito. En aquella época era la técnica más habitual. Con el paso del tiempo el óleo comenzó a resultarme incómodo y el acrílico terminó imponiéndose: era más limpio y secaba con rapidez. Lo digital y el collage llegaron mucho después.
—¿Cómo entra lo literario en una obra visual?
La literatura siempre estuvo presente en mi vida. Ese interés lo heredé, o quizá lo absorbí, de mi madre, a quien le gustaba mucho la poesía. Un día me senté frente a una máquina de escribir y comenzaron a aparecer imágenes que me sorprendieron y me gustaron. Esa veta literaria hoy está un poco dormida, en pausa, pero estoy seguro de que volverá. Sigue ahí, latente.
—¿Sientes que el artista tiene alguna responsabilidad frente a lo que pasa en su país?
Sí, sin ninguna duda. En mi país existe un colectivo de artistas y creadores que siempre se hace sentir y mantiene una presencia constante. En un momento como el actual, esa participación resulta más necesaria que nunca.
—En el mundo del arte se habla mucho de circuitos cerrados, contactos y favoritismos. ¿Te has topado con eso en la pintura?
Es cierto, existe. También sucede en las galerías: quienes controlan el mercado no suelen estar muy interesados en impulsar a los nuevos artistas. Por eso, muchas veces son los movimientos que permanecen fuera del circuito oficial —como los grafiteros y quienes trabajan en la calle— los que se desarrollan con mayor libertad.

—¿Te interesa que tu trabajo trascienda?
Soy muy mayor. Ya pasé por la etapa en la que buscaba vender mi obra, sobre todo en el extranjero. No es fácil hacerlo en mi país, y menos en este momento. Esa urgencia quedó atrás. Por fortuna, hoy es mucho más sencillo comunicarse con el exterior y llegar a otros públicos sin depender de intermediarios.
—¿A qué pintores o escritores sigues?
Luis Felipe Noé, Carlos Alonso, Benito Quinquela Martín y Alberto Breccia. Son artistas con una trayectoria ejemplar, no solo por su obra, sino por la manera en que asumieron su oficio y su lugar dentro del arte.
—¿Hacia dónde crees que va el futuro de la humanidad?
Es difícil saberlo, sobre todo con dirigentes cada vez más incoherentes. Pero creo que la respuesta no vendrá de arriba. Lo que hace falta es más gente común capaz de brillar y de marcar una diferencia desde abajo.
—¿Estás trabajando actualmente en algo en particular?
Sí. Estoy trabajando intensamente con una combinación de collage y expresionismo que me está dando resultados muy interesantes. Además, tengo la fortuna de estar rodeado de personas muy valiosas que siguen mi trabajo y acompañan lo que hago.
Libros publicados
La clave (novela). Editorial Deauno, 2007.
Palabras que miran (narraciones y poemas), 2006.
Narradores y poetas (antología de cuentos y poemas seleccionados). Editorial Los Cuatro Vientos, 2004.
Libro euroamericano de artistas plásticos (obra colectiva con imágenes y poemas).

