—Vecino, tenemos que hacer un paréntesis. Me tiene que contar cómo es eso de que es amigo de ese gran actor mexicano llamado Joaquín Cosío… Y déjeme le confieso que, cuando lo estuve estoqueando (investigando) a través de sus fotos de Facebook para checar a su esposa… vi muchas fotos del actor con usted, pero pensé que era su fan, no su amigo.
—Tengo la fortuna de conocer a Joaco desde que entramos a la universidad, a los 18 años… Éramos unos jovenzuelos muy inquietos, queriendo hacer mil cosas. Él se inclinaba más al teatro y yo a la escritura… Nos unen muchas cosas; somos uña y mugre.
—Ya lo creo, son casi 40 años de amistad… ¿Qué edad tiene Joaquín?
—Los dos somos de octubre de 1962; él cumple el 4 y yo el 6. Échele cuentas.
—Libras los dos.
—Así es.
—¿Qué hacían hace 40 años? ¿Ya se veía que uno se iba a dedicar al cine y el otro a ser escritor?
—Para nada. En los años ochenta nos encantaba el relajo… Estudiábamos, íbamos al Taller Literario y no salíamos de la Avenida Juárez… Como ya éramos mayores de edad, pues le dimos vuelta a cantinas, bares, tugurios y teibols de la Juárez y calles aledañas… Nos volvimos buenos para el trago, sin caer en excesos. La vida nocturna de la ciudad nos envolvió… (Y más porque yo empecé a trabajar en una fonda o hamburguesería llamada Mex Donalds, ubicada en Juárez y Mejía)… Otra cosa que nos unió fue que los dos formamos parte de un Movimiento Estudiantil que hubo en la UACH, donde estudiábamos para ser comunicólogos… Cientos de parrandas por las barras de Juárez… y no salíamos del congal “Noche y Día”.
—¿O sea que eran bien pirujos?
—Claro que no… Nada más que en el “Noche y Día” empezábamos o terminábamos la parranda.
—Espere, vecino, ¿dijo movimiento estudiantil?
—Sí… En 1982, la mitad del alumnado nos pusimos en huelga y tomamos las instalaciones de la facultad.
—Y Joaquín y usted eran de los huelguistas.
—Así es… Éramos “activistas”; participábamos en marchas, mítines, secuestro de camiones urbanos, pinta de bardas, volanteo informativo y encontronazos con la policía, la judicial del estado y agentes de Seguridad Nacional.
—¡Bájele, bájele!
—Todo es cierto… Hay bastante material gráfico en los periódicos de aquellos años; yo tengo una recopilación… De hecho, de esto le quería platicar… pues participar en este movimiento me cambió mi forma de pensar, así como el Taller Literario… Estos dos sucesos moldearon mi personalidad.
—Sígame contando de Cosío.
—Joaco empezó a participar en obras de teatro cuando estaba en la prepa; su vozarrón y altura lo ayudaron mucho… Hasta que se tomó muy en serio el teatro. Durante la uni y el movimiento estudiantil, Joaco participaba en obras de teatro, en patios de casas, escuelas y hasta hizo teatro callejero… y, de vez en cuando, en teatros y en el Museo de Arte… En cualquier espacio que conseguían. Así empezó su carrera actoral y lo hacía por amor al arte. Él, saliendo de la uni, se dedicó al diseño gráfico (antes de las computadoras) y a dar clases a nivel licenciatura. Era muy bueno como diseñador (antes de que esa carrera se pusiera de moda)… Y seguía haciendo teatro porque le encantaba… Sin pensarlo, puedo decirle que es el mejor actor que han dado estas tierras del norte.
—Vecino, pero Joaquín Cosío es de Colima o Nayarit.
—Es “indio” Cora el cabrón.
—Pero bien dado… ¡Está enorme!
—Es un gigantón bonachón… Buena bestia.
—¿Y ahora que es súper famoso sigue siendo el mismo que usted conoció en 1980?
—Sigue igual de humilde, con la diferencia de que la gente lo atosiga mucho cuando anda por las calles de Juárez.
—¡Pues qué quería! Si es un actorazo… Me imagino que todo mundo lo molesta con una foto.
—¿Qué come que adivina?

