Un niñato en la audiencia
le preguntó al cabeza hueca que había hecho su nombre con aquella peli
donde los yonquis son fotogénicos
y las yonquiaventuras bajan por un tobogán naranja veloz lubricado con
glutamato monosódico
si la IA era nuestra amiga
y el señor dijo tal vez es buena
pero tal vez no
y hubo un silencio
(cosa rara en sus pelis,
cosa rara en general)
que hizo añicos un chaval ya exhausto a sus 20
quien tomó el mic y dijo:
ya que el señor no se atreve yo sí me atrevo
a decir que maldigo a mis ojos a dios y a mis padres
por haber visto lo que ya he visto…
(tomó un respiro)
… y si vuelves a decir algo tibio te voy a dar fuego para que hiervas
pendejo…
acto seguido
hubo un silencio más parecido a un rictus de embolia
que a una llanura donde los caballos intuyen
que algo malo se viene
y la mujer a cargo del Q&A
le arrebató al chico el micro jalándolo del cable
y le dio gracias a todos por su participación democrática
tras lo cual metió al señor director a un baúl de madera
con esquinas de bronce
donde otros monigotes esperaban su turno
para compartir sus historias con el público fiel
que paga y solapa todos
nuestros crímenes.
***

Eduardo Padilla (Vancouver, 1976) es autor de Zimbabwe (El Billar de Lucrecia), Minoica (escrito en colaboración con Ángel Ortuño, publicado por Bonobos), Mausoleo y áreas colindantes (La Rana), Blitz (filodecaballos), Un gran accidente (Bongo/3pies), Hotel Hastings (Cinosargo) y la antología Paladines de la Auto-Asfixia Erótica (Bongo Books). Su libro más reciente es Zwicky (Cinosargo).
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