La imagen de Juan Gabriel fue mucho más que un complemento de sus canciones. A lo largo de su carrera, el vestuario, los movimientos sobre el escenario y su manera de relacionarse con el público construyeron un lenguaje propio que terminó convertido en una de las identidades visuales más reconocibles de la música mexicana.
Esa transformación y su permanencia en la cultura popular fueron analizadas por especialistas de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez (UACJ) durante el conversatorio El Noa Noa. Juan Gabriel desde la iconografía, realizado en el teatro Octavio Trías del Centro Cultural Paso del Norte.
El encuentro fue moderado por Salvador Sánchez, coordinador de la Licenciatura en Diseño Gráfico del Instituto de Arquitectura, Diseño y Arte (IADA), y reunió distintas perspectivas académicas para estudiar al artista más allá de su producción musical.
Fany Thelma Solís Rodríguez, profesora e investigadora del Departamento de Ciencias Administrativas del Instituto de Ciencias Sociales y Administración (ICSA), abordó la construcción de Juan Gabriel desde la mercadotecnia y el desarrollo de una marca personal.
Parte de ese proceso comenzó con el propio nombre. Antes de convertirse en Juan Gabriel, Alberto Aguilera Valadez utilizó el seudónimo de Adán Luna. Posteriormente tomó “Juan” en homenaje a Juan Contreras, quien le enseñó carpintería y música, mientras que “Gabriel” provenía del nombre de su padre.
Su transformación visual también fue progresiva. Durante los años setenta predominaban los trajes formales y una apariencia sobria. Esa estética cambió después de conocer los espectáculos de Las Vegas, donde observó vestuarios llamativos, lentejuelas y recursos escénicos que posteriormente incorporaría a sus presentaciones.
Con el tiempo, aquellas prendas, acompañadas por una interpretación cada vez más teatral, dejaron de ser únicamente vestuario. Solís Rodríguez consideró que terminaron convirtiéndose en una auténtica marca registrada del cantante.
La construcción de su personaje público también estuvo ligada a la manera de enfrentar preguntas sobre su vida personal. La investigadora recordó la entrevista televisiva de 2002 en la que, al ser cuestionado sobre su orientación sexual, respondió con una frase que trascendió la conversación original y quedó instalada en la cultura popular, “Lo que se ve no se pregunta”.
Otra dimensión de su permanencia fue analizada por Daniela Guadalupe Córdova Ortega, profesora investigadora del Departamento de Diseño del IADA. Desde una perspectiva sociocultural, explicó cómo Juan Gabriel consiguió atravesar generaciones y llegar incluso a jóvenes identificados con géneros aparentemente alejados de su música.
Su presencia dejó de limitarse a las canciones escuchadas por padres y familiares. Las reinterpretaciones realizadas por agrupaciones del rock en español, entre ellas La Maldita Vecindad y Jaguares, ayudaron a llevar sus composiciones hacia fiestas, espacios juveniles y otros ambientes culturales.
Córdova Ortega recordó que aun cuando los jóvenes buscaban construir una identidad musical propia mediante el rock, el pop o el metal, resultaba difícil escapar de la presencia de Juan Gabriel. Sus canciones terminaron incorporándose también a las experiencias musicales de esas generaciones.
En el conversatorio participó además Silvia Verónica Ariza Ampudia, del IADA. Las distintas aproximaciones permitieron observar a Juan Gabriel como un fenómeno susceptible de estudiarse desde el diseño, la mercadotecnia y la cultura, cuya imagen, gestos, vestuario y música permanecen arraigados en la memoria colectiva.

