Durante años, una parte de la memoria de Ciudad Juárez estuvo guardada entre los gruesos muros de la vieja Cárcel de Piedra. En el segundo piso, dentro de una oficina amplia que también comenzó a resentir el paso del tiempo, permanecían periódicos encuadernados que habían contado la ciudad desde finales de los años veinte.

Por aquellas páginas pasaron guerras, viajes, bodas, comercios, funcionarios, calles y personajes que alguna vez ocuparon la conversación cotidiana. La colección terminó bajo resguardo de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, en el edificio de la Licenciatura en Historia, donde aquellas hojas envejecidas siguen funcionando como una puerta para regresar a la ciudad que fueron leyendo otras generaciones.
“La colección de hemeroteca histórica se integra por tomos de periódicos locales de 1927 a 1993, pero en un orden cronológico discontinuo. Hay décadas que no existen en esta colección histórica y otras en las que tenemos décadas completas”, explicó la maestra Dolores Araceli Arceo Guerrero, coordinadora de la Licenciatura de Historia, de la UACJ.

El acervo del Archivo Histórico Municipal de Ciudad Juárez conserva mucho más que las noticias que alguna vez aparecieron en primera plana, o en los interiores de los viejos periódicos de nuestra frontera. Entre sus materiales se encuentran libros que llegaron catalogados como bitácoras y que, al revisarlos, resultaron ser colecciones de recortes periodísticos relacionados con los distintos ramos de la administración pública municipal. Hay volúmenes dedicados a periodos específicos, como abril y mayo de 1974, donde aparecen asuntos de Tránsito, Catastro, Comercio y del propio Ayuntamiento.

“Son recortes de periódicos con noticias de cada ramo del municipio, de la administración pública municipal. De tal manera que hay uno de los tomos, por ejemplo, que puede ser de abril y mayo de 1974, y tenemos desde el ramo de Tránsito, Catastro, Comercio y notas del propio Ayuntamiento”, señaló.
Entre los estantes también sobrevivió una colección que permite mirar más allá de la frontera. Se conservan tomos de circulación nacional de las revistas Ayer, Hoy y Siempre, particularmente de las décadas de 1950 y 1960. Por la continuidad y la encuadernación de los ejemplares, se infiere que el Municipio mantenía alguna clase de suscripción. Sus páginas mezclaban información general, opinión pública, moda y literatura, y la colección logró llegar en buenas condiciones.
“Es una revista de divulgación muy general, pero tiene también una opinión pública muy fuerte sobre los municipios, tiene moda y tiene, por ejemplo, literatura. Es una revista que me llamó la atención porque es una colección que estuvo, de hecho, hasta bien cuidada”, comentó Arceo Guerrero.
La historia de este archivo también forma parte de la propia historia de la Licenciatura en Historia de la UACJ. Cuando las primeras generaciones comenzaron a formarse, después de la apertura del programa en 1999, estudiantes y profesores acudían a la Cárcel de Piedra para consultar directamente aquellos periódicos. Hacia 2000 o 2002, subir al segundo piso y abrir uno de esos enormes tomos significaba encontrarse con noticias publicadas setenta u ochenta años antes.
“Este archivo estaba situado en el segundo piso de la Cárcel de Piedra, en la primera oficina, digamos, del segundo piso, un área bastante grande, pero que con los años se fue deteriorando. Nosotros comenzamos la consulta de la hemeroteca municipal en la Cárcel de Piedra aproximadamente en el 2002”, recordó.

Entre aquellas páginas aparecía La Voz de Chihuahua, periódico con una importante sección dedicada a Ciudad Juárez y que circulaba principalmente en esta frontera. La colección mostraba ya signos de deterioro, aunque todavía podía consultarse. Profesores e investigadores acudían en busca de pequeñas pistas de la vida diaria, esas noticias aparentemente menores que permiten reconstruir cómo vivía, se desplazaba, compraba, celebraba y entendía el mundo la sociedad juarense de principios del siglo XX.
“Encontrábamos en la consulta de estas fuentes históricas hemerográficas información de la vida cotidiana, que es lo que interesa mucho cuando se pone el foco sobre la microhistoria, sobre cuestiones muy de la vida cotidiana. Es como tomarle la temperatura a una sociedad aquí, de nuestra localidad, de principios del siglo”, añadió.
Después de La Voz de Chihuahua, cuya colección llega hasta los años cuarenta, aparecen El Fronterizo y El Correo durante los sesenta. En esa misma etapa comenzaron a convivir otras publicaciones como La Voz de la Mañana, La Crónica, El ABC y El Continental. La presencia simultánea de varios periódicos permite observar una ciudad donde la prensa escrita tenía una presencia cotidiana y un público dispuesto a consumir distintas publicaciones.

“Cinco periódicos distintos casi en la misma década nos sugieren que había un alto consumo de periódicos. Fueron integrados con una primera plana, noticias nacionales y muchas noticias de cable internacional que también encontramos”, indicó la coordinadora de la Licenciatura en Historia.
Recorrer esos ejemplares permite mirar desde Juárez acontecimientos que hoy pertenecen a los libros de historia. Las noticias internacionales llegaban por cable y terminaban impresas en las páginas que circulaban por la frontera. Ahí quedaron registrados día tras día episodios de la Segunda Guerra Mundial, el avance del fascismo en Europa y, décadas después, la llegada del hombre a la Luna. Los grandes acontecimientos mundiales eran leídos desde una ciudad que al mismo tiempo seguía sus propios problemas, personajes y rutinas.
“Tenemos noticias de la Segunda Guerra día a día leídas aquí en la localidad, tenemos noticias del día a día de la llegada del hombre a la Luna. Todo el frente del fascismo en Europa estaba en la primera plana de los periódicos”, detalló.
Luego estaban las páginas de sociales. Tenían pocas fotografías, pero abundaban las pequeñas historias capaces de reconstruir movimientos entre Ciudad Juárez, El Paso, Chihuahua, Camargo, Delicias y Los Ángeles. Eran viajes familiares, compras, visitas y acontecimientos personales que, décadas después, adquirieron otro significado para quienes estudian la vida cotidiana y la relación histórica de esta frontera con otras ciudades.

“Las páginas de sociales avisan de los viajes a El Paso, Texas, a Los Ángeles, a Ciudad Juárez, o de Ciudad Juárez a Chihuahua, a Camargo, a Delicias. Son notas de sociales, tienen muy poquita fotografía, pero la descripción nos sugiere una dinámica de traslados, de movilidad que había entre Juárez y Chihuahua”, precisó.
Una pequeña nota podía contar, por ejemplo, que una joven había viajado a Ciudad Juárez para comprar su vestido de novia en las calles del centro de El Paso. Leída en su momento pudo parecer apenas una noticia social. Vista muchas décadas después, ayuda a reconstruir los hábitos de consumo, los desplazamientos y la manera en que la frontera formaba parte de la vida cotidiana.
“Una nota de esa naturaleza, para nosotros, tiene un interés particular porque nos refleja parte de la dinámica que hay en el estado, o entre la capital y nuestra localidad”, indicó.
Reconstruir la vida de una época
Para los estudiantes de Historia y de otras disciplinas sociales, cada ejemplar conserva una multitud de rastros que permiten reconstruir la vida de una época. Una fecha, una fotografía, el nombre de una institución, un anuncio comercial o la continuidad de determinado acontecimiento durante varios días pueden revelar cómo funcionaba una sociedad y cuáles eran los asuntos que ocupaban su atención.
“En ese sentido es muy diversa la consulta que hay en los periódicos. La mayoría de las ciencias sociales nos sugieren que el uso de un recurso, de una fuente histórica como el periódico, nos puede aproximar a la vida cotidiana”, explicó Arceo Guerrero.
En esas páginas quedaron registrados con precisión días, horas, personajes, instituciones y acontecimientos. Una noticia política puede seguirse durante varias ediciones para conocer su desarrollo, mientras una información social o económica permite identificar comportamientos que con los años adquieren un valor distinto. Para las ciencias sociales, el periódico funciona así como una sucesión de pequeñas piezas que ayudan a reconocer los elementos de una sociedad a través del tiempo.
“En la vida cotidiana encontramos hechos registrados de manera muy rigurosa. El día, la hora, el personaje, los sujetos, las instituciones que participaron, y a veces vemos con ello también el seguimiento que puede tener una nota de índole política o de índole social o económica”, señaló.
La utilidad de esas colecciones rebasa la formación de historiadores. La historia regional ocupa un lugar importante dentro de la Licenciatura en Historia, aunque los periódicos también son consultados por estudiantes de las maestrías en Educación, Trabajo Social y Diseño. Cada disciplina llega a las mismas páginas con preguntas diferentes y termina encontrando fragmentos de una ciudad que fue quedando registrada día tras día.
“Para la historia regional es muy importante el periódico, pero no solamente en la licenciatura se enseña historia regional. La maestría en Educación, la maestría en Trabajo Social, la maestría de Diseño, por ejemplo, recurren a este pasado cotidiano de la ciudad a través del periódico”, comentó.

La fotografía amplió todavía más las posibilidades de investigación. Junto con las noticias comenzaron a conservarse imágenes de acontecimientos cotidianos de distinta naturaleza. La nota policiaca tuvo un peso considerable en la prensa local y algunos hechos violentos llegaron a ocupar páginas completas. En otros ejemplares aparecen las visitas de gobernadores, presidentes y artistas, dejando constancia de una agenda política, social y cultural que también permite reconstruir el ritmo de la ciudad.
“El periódico también, lamentablemente, o de manera clasificatoria, la nota roja en el periódico local es muy fuerte. Ocupa no primeras planas, pero digamos, tenemos notas de una página completa sobre un hecho de violencia. Y lo mismo también tenemos cuando vienen los gobernadores, los presidentes, los artistas, porque la agenda de la vida cultural en la ciudad es enorme, enorme”, añadió.
Esa vida cultural aparece de formas inesperadas. Hubo páginas dedicadas a los carteles de las películas exhibidas en los cinco cines que funcionaban entonces en la ciudad. Los anuncios permiten identificar películas, salas y parte de los hábitos de entretenimiento de los juarenses. A ellos se sumaban las visitas de artistas, el cine de los años sesenta, el cine universitario y presentaciones musicales como las de Joan Manuel Serrat. La actividad cultural mantenía además una estrecha relación con las universidades y con circuitos nacionales.



“Hay cine muy fuerte en los años 60, hay cine universitario, viene un cantante como Joan Manuel Serrat, es decir, hay una oferta cultural de manera continua, pero muy pegada también a lo que hacen las universidades”, recordó Arceo Guerrero.
La Universidad aparecía como uno de los espacios de esa actividad gracias a su teatro y a una programación vinculada con una agenda cultural universitaria de alcance nacional. El Instituto Nacional de Bellas Artes constituía otro de los grandes polos. Los periódicos permiten seguir esos circuitos y encontrar reseñas sobre pintura, escultura, arquitectura y otras manifestaciones artísticas que hoy resultan especialmente útiles para investigadores de distintas áreas.
“En el periódico vienen reseñas muy interesantes de arte, de pintura, de escultura y de arquitectura. Entonces, sí, a mí me ha llamado mucho la atención porque, claro, no sabemos de ello hasta que un estudiante de arquitectura viene y consulta los periódicos”, precisó.
La consulta de aquellos materiales terminaría conduciendo a otra historia, la del rescate de la propia hemeroteca. Mientras estudiantes y profesores revisaban los ejemplares en los pasillos de la Cárcel de Piedra, comenzaron a enterarse de que el inmueble enfrentaba un litigio por su propiedad. El edificio dejaría de albergar el Archivo Histórico, la hemeroteca y el archivo de concentración municipal. La incertidumbre sobre el destino de las colecciones abrió entonces la posibilidad de trasladarlas.
“Si ya no va a tener esa función de archivo, pues a nosotros nos sugirieron, pregúntele a su universidad si ustedes pueden tener la custodia de la colección”, relató.
La propuesta encontró un antecedente importante. La UACJ ya había participado en dos proyectos relacionados con la custodia y organización de fondos históricos. Uno de ellos comenzó en 1998 mediante un convenio de colaboración administrativa para trabajar con el Archivo Histórico Municipal, ubicado en el segundo piso de la Biblioteca Arturo Tolentino. En ese momento todavía no existía un catálogo de clasificación que permitiera organizar todos sus fondos.
“La Universidad se comprometió en 1998 a elaborar el primer catálogo de ese Archivo Histórico con toda la colección que había allí”, indicó.
Aquella experiencia permitió pensar que la institución también podía responsabilizarse del registro del acervo hemerográfico. Sin embargo, el proyecto debía tener una utilidad académica directa. La Licenciatura en Historia era todavía joven, con alrededor de 12 años de existencia, y el resguardo de la colección podía convertirse en una herramienta para desarrollar habilidades profesionales entre los estudiantes.
“Se estudia historia regional en la Licenciatura en Historia, pero además también se busca generar habilidades para la conformación de colecciones históricas. Ya teníamos el antecedente con el Archivo Histórico y estudiantes haciendo el servicio social allá”, explicó.
Obtener la custodia significaba también resolver cuestiones materiales. Los periódicos necesitaban un espacio adecuado y mobiliario que permitiera demostrar que trasladarlos a la Universidad mejoraría sus condiciones. La UACJ no contaba con recursos ilimitados para recuperar colecciones, por lo que fue necesario construir un proyecto académico que justificara la incorporación del fondo.
“Nosotros pudimos justificar la recuperación de un fondo histórico hemerográfico a partir de un proyecto para recursos para la innovación educativa”, expuso.

La oportunidad coincidió con el rediseño curricular de la Licenciatura en Historia. El nuevo programa comenzaría a incorporar materias destinadas al desarrollo de habilidades archivísticas. La organización documental y la creación de archivos locales y regionales aparecían como campos donde los futuros historiadores podían encontrar una vía de profesionalización. La llegada de la hemeroteca avanzó entonces de manera paralela a esa transformación académica.
“La innovación educativa se trataba de que esta Licenciatura en Historia iba a comenzar a incluir en su rediseño curricular materias para habilidades de archivística, porque encontrábamos también que en este quehacer de la organización documental, de la creación de archivos, sobre todo locales o regionales, hubiera un desarrollo de profesionalización de la licenciatura”, puntualizó.
Después vino la búsqueda de recursos federales para adquirir mobiliario. Administrar un fondo histórico no era una tarea habitual para una coordinación integrada por una oficina, una coordinadora y un asistente profesional. La justificación volvió a encontrarse en el rediseño curricular y en la necesidad de convertir el acervo en un espacio donde los estudiantes pudieran desarrollar habilidades relacionadas directamente con su profesión.
“Entonces justificamos que en el rediseño curricular, poniendo el énfasis de profesionalización de habilidades, pudiéramos adquirir un fondo mobiliario”, agregó.
La Licenciatura en Historia tenía además una característica particular. Su planta docente estaba integrada por algunos de los primeros historiadores profesionales que llegaron a Chihuahua para trabajar en la organización, realización y desarrollo de la historia general del estado. A ello se sumaba la existencia en Chihuahua capital del primer posgrado en Historia, dentro de la Unidad de Estudios Históricos de la UACJ, así como la presencia de numerosos historiadores en aquella ciudad.
“Confluyeron una serie de condiciones para que lográramos que en 2008 nosotros presentamos un oficio para solicitar esta figura que se llama custodia del fondo histórico hemerográfico”, manifestó.
Conseguir la custodia abrió la siguiente etapa. Ya con la responsabilidad institucional sobre los periódicos, era posible concursar por recursos destinados a crear la infraestructura necesaria. El objetivo principal estaba claro desde el comienzo. Una colección formada por periódicos que acumulaban décadas de antigüedad necesitaba medidas específicas para detener, en la medida de lo posible, su deterioro.
“Un fondo hemerográfico histórico tenía que preservarse. Teníamos muy claro que, del orden archivístico, de la metodología archivística, importaba la preservación”, sostuvo.
Las condiciones de la Cárcel de Piedra explicaban buena parte de la urgencia, porque los periódicos ya estaban deteriorados por su propia naturaleza y antigüedad, mientras el segundo piso del edificio presentaba altos niveles de humedad. Los cristales orientados hacia la avenida 16 de Septiembre estaban completamente rotos y por esas aberturas entraban palomas. Años de exposición habían generado suciedad y contaminación alrededor de materiales particularmente frágiles.

“La Cárcel de Piedra en el segundo piso tenía mucha humedad, muchísima humedad, y tenía los cristales que van hacia la 16 completamente rotos. Entonces entraban muchas palomas y ya había mucha contaminación”, describió.
Los ejemplares encuadernados reunían además distintos materiales susceptibles al deterioro. Los tomos estaban cosidos, tenían tela, hilo, papel y tinta. A la humedad se sumaban insectos y los residuos dejados por las palomas. Trasladarlos a un nuevo espacio requería, por lo tanto, algo más que moverlos de un edificio a otro. Había que considerar la contaminación acumulada durante años y evitar que afectara otras colecciones.
“También nos ha apoyado personal especialista en colecciones especiales, que nos dio una alerta en el sentido de que todos los tomos que ustedes van a traer traen una serie de contaminación que no pueden integrarlos a un área específica de colecciones especiales”, dijo.
El rescate de un legado
La consulta de aquellos materiales terminaría conduciendo a otra historia, la del rescate de la propia hemeroteca. Mientras estudiantes y profesores revisaban los ejemplares en los pasillos de la Cárcel de Piedra, comenzaron a enterarse de que el inmueble enfrentaba un litigio por su propiedad. El edificio dejaría de albergar el Archivo Histórico, la hemeroteca y el archivo de concentración municipal. La incertidumbre sobre el destino de las colecciones abrió entonces la posibilidad de trasladarlas.
“Si ya no va a tener esa función de archivo, pues a nosotros nos sugirieron, pregúntele a su universidad si ustedes pueden tener la custodia de la colección”, relató.
La propuesta encontró un antecedente importante. La UACJ ya había participado en dos proyectos relacionados con la custodia y organización de fondos históricos. Uno de ellos comenzó en 1998 mediante un convenio de colaboración administrativa para trabajar con el Archivo Histórico Municipal, ubicado en el segundo piso de la Biblioteca Arturo Tolentino. En ese momento todavía no existía un catálogo de clasificación que permitiera organizar todos sus fondos.

“La Universidad se comprometió en 1998 a elaborar el primer catálogo de ese Archivo Histórico con toda la colección que había allí”, indicó.
Aquella experiencia permitió pensar que la institución también podía responsabilizarse del registro del acervo hemerográfico. Sin embargo, el proyecto debía tener una utilidad académica directa. La Licenciatura en Historia era todavía joven, con alrededor de 12 años de existencia, y el resguardo de la colección podía convertirse en una herramienta para desarrollar habilidades profesionales entre los estudiantes.
“Se estudia historia regional en la Licenciatura en Historia, pero además también se busca generar habilidades para la conformación de colecciones históricas. Ya teníamos el antecedente con el Archivo Histórico y estudiantes haciendo el servicio social allá”, explicó.
Obtener la custodia significaba también resolver cuestiones materiales. Los periódicos necesitaban un espacio adecuado y mobiliario que permitiera demostrar que trasladarlos a la Universidad mejoraría sus condiciones. La UACJ no contaba con recursos ilimitados para recuperar colecciones, por lo que fue necesario construir un proyecto académico que justificara la incorporación del fondo.

“Nosotros pudimos justificar la recuperación de un fondo histórico hemerográfico a partir de un proyecto para recursos para la innovación educativa”, expuso.
La oportunidad coincidió con el rediseño curricular de la Licenciatura en Historia. El nuevo programa comenzaría a incorporar materias destinadas al desarrollo de habilidades archivísticas. La organización documental y la creación de archivos locales y regionales aparecían como campos donde los futuros historiadores podían encontrar una vía de profesionalización. La llegada de la hemeroteca avanzó entonces de manera paralela a esa transformación académica.
“La innovación educativa se trataba de que esta Licenciatura en Historia iba a comenzar a incluir en su rediseño curricular materias para habilidades de archivística, porque encontrábamos también que en este quehacer de la organización documental, de la creación de archivos, sobre todo locales o regionales, hubiera un desarrollo de profesionalización de la licenciatura”, puntualizó.
Después vino la búsqueda de recursos federales para adquirir mobiliario. Administrar un fondo histórico no era una tarea habitual para una coordinación integrada por una oficina, una coordinadora y un asistente profesional. La justificación volvió a encontrarse en el rediseño curricular y en la necesidad de convertir el acervo en un espacio donde los estudiantes pudieran desarrollar habilidades relacionadas directamente con su profesión.
“Entonces justificamos que en el rediseño curricular, poniendo el énfasis de profesionalización de habilidades, pudiéramos adquirir un fondo mobiliario”, agregó.
La Licenciatura en Historia tenía además una característica particular. Su planta docente estaba integrada por algunos de los primeros historiadores profesionales que llegaron a Chihuahua para trabajar en la organización, realización y desarrollo de la historia general del estado. A ello se sumaba la existencia en Chihuahua capital del primer posgrado en Historia, dentro de la Unidad de Estudios Históricos de la UACJ, así como la presencia de numerosos historiadores en aquella ciudad.
“Confluyeron una serie de condiciones para que lográramos que en 2008 nosotros presentamos un oficio para solicitar esta figura que se llama custodia del fondo histórico hemerográfico”, manifestó.
Conseguir la custodia abrió la siguiente etapa. Ya con la responsabilidad institucional sobre los periódicos, era posible concursar por recursos destinados a crear la infraestructura necesaria. El objetivo principal estaba claro desde el comienzo. Una colección formada por periódicos que acumulaban décadas de antigüedad necesitaba medidas específicas para detener, en la medida de lo posible, su deterioro.
“Un fondo hemerográfico histórico tenía que preservarse. Teníamos muy claro que, del orden archivístico, de la metodología archivística, importaba la preservación”, sostuvo.
Las condiciones de la Cárcel de Piedra explicaban buena parte de la urgencia. Los periódicos ya estaban deteriorados por su propia naturaleza y antigüedad, mientras el segundo piso del edificio presentaba altos niveles de humedad. Los cristales orientados hacia la avenida 16 de Septiembre estaban completamente rotos y por esas aberturas entraban palomas. Años de exposición habían generado suciedad y contaminación alrededor de materiales particularmente frágiles.
“La Cárcel de Piedra en el segundo piso tenía mucha humedad, muchísima humedad, y tenía los cristales que van hacia la 16 completamente rotos. Entonces entraban muchas palomas y ya había mucha contaminación”, describió.
Los ejemplares encuadernados reunían además distintos materiales susceptibles al deterioro. Los tomos estaban cosidos, tenían tela, hilo, papel y tinta. A la humedad se sumaban insectos y los residuos dejados por las palomas. Trasladarlos a un nuevo espacio requería, por lo tanto, algo más que moverlos de un edificio a otro. Había que considerar la contaminación acumulada durante años y evitar que afectara otras colecciones.
“También nos apoyó personal especialista en colecciones especiales, que nos dio una alerta en el sentido de que todos los tomos que ustedes van a traer traen una serie de contaminación que no pueden integrarlos a un área específica de colecciones especiales”, dijo.
El traslado de la hemeroteca
El traslado de la hemeroteca desde la antigua Cárcel de Piedra hasta la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez requirió varios años. Antes de mover un solo tomo era necesario saber qué hacer con periódicos que habían permanecido durante décadas expuestos a humedad, polvo, insectos y contaminación. La Universidad recurrió a especialistas en colecciones especiales para conocer las medidas que debían aplicarse. La preocupación principal era evitar que los materiales deteriorados llegaran a contaminar el nuevo espacio destinado a conservarlos.
“Nosotros recurrimos a ellos no por el espacio, sino por la expertis. ¿Qué nos recomiendan cuando nosotros traigamos los tomos para acá? ¿Cuáles son las medidas paliativas para que aquellos primeros tomos que encontramos muy contaminados puedan entrar a un archivo que vamos a generar aquí?”, explicó la maestra Dolores Araceli Arceo Guerrero, coordinadora de la Licenciatura en Historia de la UACJ.
El proceso había comenzado desde 2002, cuando profesores y estudiantes acudían constantemente a consultar los periódicos en la Cárcel de Piedra. Esas visitas continuaron hasta aproximadamente 2006. Un año después se presentó formalmente la solicitud ante el Ayuntamiento, la respuesta llegó en 2008 y los periódicos finalmente fueron trasladados en 2009. Habían pasado alrededor de siete años desde que comenzó el interés por hacerse cargo de aquella colección.
“Son procesos muy largos porque también la Secretaría del Ayuntamiento, que conoce bien sus funciones de preservación de la documentación histórica, tendría que estar segura de que el destino de esta colección histórica quedara preservado”, señaló.
Cuando los tomos llegaron a la Universidad todavía faltaba resolver dónde y cómo colocarlos. Durante los primeros meses permanecieron almacenados en un cubículo a una temperatura de 16 grados y sin exposición a la luz natural. Lo que inicialmente sería una solución temporal terminó prolongándose durante seis meses. Los ejemplares estaban apilados formando torres y el peso de unos sobre otros representaba otro riesgo para un papel que ya era frágil debido a su antigüedad.
En 2010 la UACJ obtiene los fondos
“No fue sino hasta el 2010 cuando logramos los fondos de los que le hablo. Y en 2012, cuando se hace el rediseño curricular, incorporamos esta área como un área didáctica para el desarrollo de habilidades”, recordó.
La colección mantuvo desde entonces su naturaleza jurídica original. Los periódicos pertenecen a la hemeroteca municipal y permanecen bajo custodia de la UACJ. Así quedó establecido en el acta del Ayuntamiento. La figura contempla una custodia por tiempo indefinido y establece obligaciones relacionadas con el cuidado, la preservación y el reporte de las condiciones del fondo ante las instancias municipales correspondientes.
En los años posteriores, la Universidad informó sobre la situación del acervo a la Secretaría del Ayuntamiento, particularmente cuando ocurrían cambios de administración. Las propias autoridades municipales llegaron ocasionalmente a recurrir a los periódicos para realizar consultas. Mientras tanto, el antiguo espacio donde alguna vez funcionó la hemeroteca comenzó otra etapa de su historia.
“Entretanto, el señor, el encargado de la hemeroteca, ahorita me acuerdo del nombre, un señor sumamente amable, muy sabio de toda la colección, murió en el transcurso de los años”, comentó.
Se trataba de Miguel Montes, encargado de la hemeroteca municipal y profundo conocedor de sus materiales. Después, el archivo de concentración tuvo como destino un espacio rentado en el antiguo Canal 5, debajo de las graderías que daban hacia la calle. Desde la perspectiva de quienes conocieron aquellas instalaciones, las condiciones mostraban carencias para mantener un archivo accesible y adecuadamente conservado, aunque ese material ya no formaba parte de la colección hemerográfica que había sido trasladada a la Universidad.
Otro cambio llegó entre 2012 y 2014 con las disposiciones federales de acceso a la información y las obligaciones relacionadas con los portales de transparencia. La documentación jurídica correspondiente a la custodia quedó en manos de la abogacía de la Universidad. Debido a que el acuerdo establecía una custodia por tiempo indefinido, no era necesario renovarlo periódicamente. La Licenciatura, sin embargo, comenzó a generar sus propios reportes sobre las condiciones físicas de la colección.
“Generamos un reporte de las condiciones de deterioro que vamos observando anualmente, porque la metodología la seguimos a partir de la Hemeroteca Nacional”, indicó Arceo Guerrero.
La conservación comenzó entonces a realizarse siguiendo criterios metodológicos que contemplaban la elaboración de un catálogo, la creación de una base de datos y, cuando fuera posible, la digitalización de los tomos con mayor deterioro. La intención era que aquellos ejemplares cuya condición física ya no permitiera una manipulación constante pudieran retirarse gradualmente de la consulta directa y sobrevivieran mediante una reproducción digital. Al mismo tiempo se documentaba el nivel de degradación que presentaba el papel.

La hemeroteca adquirió además una función académica permanente. Con la incorporación de dos materias y distintas acciones intracurriculares, los estudiantes comenzaron a utilizarla para trabajos relacionados con historia regional, tesis y tesinas. También se convirtió en un espacio para realizar servicio social y prácticas profesionales. Los alumnos participan en la revisión del catálogo y alimentan la base de datos a partir de los tomos que han sido digitalizados.
“El alumno puede venir y revisar para tareas sobre la historia regional, para la tesis o la tesina, pero también está abierta la oferta del servicio social, que es la revisión del catálogo. Alimentamos la base de datos a partir de los tomos digitalizados y además hacemos visitas guiadas”, añadió.
El traslado a la UACJ generó incluso cierta confusión entre antiguos usuarios. Muchas personas habían conocido la hemeroteca cuando funcionaba en la Cárcel de Piedra y, al enterarse de que había sido llevada a la Universidad, acudían directamente a la biblioteca. Desde ahí eran canalizadas hacia la Licenciatura en Historia. Con esas visitas, profesores y estudiantes comenzaron a descubrir que el acervo cumplía una función que iba mucho más allá de la investigación académica.
En busca de edictos y propiedades
Entre quienes llegaban había ciudadanos buscando edictos y publicaciones relacionadas con propiedades. Algunos necesitaban demostrar la existencia o pérdida de un inmueble después de un incendio; otros buscaban información sobre terrenos o antiguos domicilios desaparecidos cuando las crecidas del río modificaron determinadas zonas. En esos casos, una noticia publicada décadas atrás podía convertirse en un documento útil para respaldar un procedimiento jurídico.
“Estas familias recurren al periódico para sacar la nota, por ejemplo, del incendio de la manzana fulana de tal en la colonia fulana de tal, y ese documento, esa fotografía con el dato hemerográfico, es un respaldo para aquellas situaciones de orden jurídico de recuperación de bienes”, precisó.
También llegaron personas intentando reconstruir información perdida junto con documentos personales. Algunos usuarios recordaban que el incendio de la casa de su madre había aparecido en determinado periódico, aunque desconocían la fecha exacta e incluso el año. Comenzaba entonces una búsqueda entre los tomos, acompañados en ocasiones por estudiantes de servicio social, hasta localizar la noticia que pudiera proporcionarles una referencia.
De esa manera, la consulta comenzó a recuperar fragmentos de memoria familiar que habían quedado únicamente en las páginas de los periódicos. El valor de la hemeroteca dejó de medirse solamente por las investigaciones históricas que permitía realizar. Una noticia podía convertirse en la evidencia de que una casa había existido, que un incendio había ocurrido o que determinado acontecimiento había modificado la situación patrimonial de una familia.
“Entonces la gente recupera parte de la memoria por condiciones de esta naturaleza, de estas cuestiones”, manifestó.
Uno de los casos más recientes permitió observar esa función desde una dimensión todavía más delicada. Una madre de familia acudió a la hemeroteca porque buscaba reabrir el caso del asesinato de su hijo a manos de un vecino. De acuerdo con el relato proporcionado, en un principio habría sido obligada a otorgar el perdón de la familia para que se aminorara la pena del presunto responsable. Tiempo después quiso dar marcha atrás porque consideraba que se trataba de un asunto de mala fe.
La búsqueda en los periódicos permitió regresar a las noticias publicadas cuando ocurrió el crimen. Para la persona involucrada, esas páginas podían mostrar elementos de una historia que había permanecido registrada desde el momento de los hechos. La experiencia mostró nuevamente que una hemeroteca puede adquirir un significado distinto dependiendo de quién se siente frente a sus tomos y de aquello que necesita encontrar.
“Le voy contando esto porque el periódico entonces revela para el interesado, para el usuario, unas verdades bien diferentes”, sostuvo.
Como fuente histórica primaria, la prensa permite estudiar la historia local desde perspectivas relacionadas con el diseño, la arquitectura, la economía, la propia historia y el tiempo libre, entre muchas otras posibilidades. Cada investigador puede formular preguntas distintas sobre una misma página y encontrar datos que originalmente fueron publicados con otro propósito.
A esa dimensión académica se añadió una función social que los responsables del fondo fueron descubriendo conforme comenzaron a recibir usuarios. El periódico había conservado el registro de acontecimientos capaces de condicionar décadas después la vida de una persona. Un asunto jurídico o legal podía depender de una información que alguna vez apareció en una edición cotidiana y que permaneció guardada durante años entre miles de páginas.
“El periódico ha sido un recurso muy interesante. Eso lo fuimos aprendiendo porque, a la vez que integramos la custodia de la colección y una disposición diferente para su consulta, también vimos la función social que tiene la hemeroteca. Eso ha sido invaluable”, enfatizó.
Esa experiencia llevó también a generar reportes sobre los usuarios y las consultas realizadas. Muchas personas llegan sin cita previa, mientras la operación cotidiana depende en buena medida de los tiempos académicos y de la participación de estudiantes de servicio social. Cuando no hay alumnos asignados al registro, la apertura puede realizarse después de que la coordinadora termina sus clases o con el apoyo de la asistente profesional, quien también conoce el inventario y la ubicación de los ejemplares.
El acceso controlado responde precisamente a la responsabilidad adquirida por la Universidad. La colección ya no funciona con el horario continuo que tuvo cuando permanecía en la Cárcel de Piedra. Cada consulta implica manipular materiales antiguos y deteriorados que jurídicamente siguen perteneciendo al Municipio y cuya preservación fue confiada a la UACJ.
“Si nuestra función es custodia y preservación, pues el cuidado es de una colección que está en custodia. Por eso no está abierta, realmente no está abierta de 8 a 3, como sí estuvo en la Cárcel de Piedra”, concluyó Arceo Guerrero.
La hemeroteca terminó así incorporándose a la formación de nuevas generaciones de historiadores. El recorrido que comenzó entre los pasillos húmedos de la Cárcel de Piedra continuó con años de gestiones, el traslado de los tomos, su preservación, catalogación y digitalización. Hoy esas mismas páginas sirven para formar estudiantes, realizar investigaciones, reconstruir propiedades, rastrear historias familiares, revisar procesos jurídicos y recuperar episodios que alguna vez fueron noticia y que, con el paso de los años, terminaron convertidos en memoria de Ciudad Juárez.
Una hemeroteca que también construye a sus usuarios
La función social de la hemeroteca comenzó a crecer de una manera que sus responsables no habían previsto del todo. Los usuarios fueron llegando conforme se enteraban de que la colección que durante años habían consultado en la Cárcel de Piedra ya no se encontraba ahí, sino bajo custodia de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez. Algunos preguntaban primero en la biblioteca y desde ahí eran canalizados hacia la Licenciatura en Historia. La propia biblioteca mantiene registros y parte de una colección, aunque esos materiales tienen un origen distinto. El fondo histórico recibido en custodia conserva una temporalidad y características que lo hacen único.
“Fortuitamente, cuando las personas se dan cuenta que no está la hemeroteca ya ubicada allá y está aquí en la Universidad, vienen. Biblioteca y nosotros estamos coordinados en el sentido de que la colección que nosotros tenemos, allá tienen en registro cuántos años hay. Allá también hay parte de una colección, pero no se obtuvo a partir de la custodia de esta colección”, explicó la maestra Dolores Araceli Arceo Guerrero, coordinadora de la Licenciatura en Historia de la UACJ.
Con los años, la historia del acervo comenzó a enriquecerse también con los recuerdos de quienes conocieron desde dentro la prensa juarense. Periodistas que trabajaron en diferentes medios visitaron la hemeroteca y compartieron conocimientos que difícilmente podían encontrarse en un manual. Explicaron cómo se armaban los periódicos, por qué se encuadernaban, qué eran las llamadas banderas y las razones por las que determinadas noticias terminaban recortadas y conservadas.
Uno de ellos fue Rubén Villalpando, corresponsal de La Jornada, quien después de la pandemia pasó prácticamente un año completo colaborando con ellos antes de fallecer. Su experiencia permitió entender aspectos materiales y periodísticos de una época. También participaron periodistas como Darío Sánchez y Leticia Solares, relacionados con la Sociedad Paso del Norte, quienes aportaron recuerdos de sus años de trabajo en los medios.
“Él también nos dio una idea de por qué los periódicos están encuadernados, por qué se llaman banderas, por qué se recortaban. Él nos dio una masterclass, digamos, del periodismo de la época que a él le tocó como periodista”, recordó sobre Villalpando.
Esos encuentros funcionan en ambas direcciones. Los periodistas comparten la experiencia de haber trabajado con los periódicos cuando todavía eran materiales de uso cotidiano y la Universidad explica cómo obtuvo su custodia y qué trabajo realiza actualmente para conservarlos. De esa combinación han surgido conocimientos que ayudan a comprender tanto la historia material de la prensa como las posibilidades que esos ejemplares ofrecen décadas después.
“Nosotros les damos el contexto de cómo logramos la custodia, las funciones que cumple, insisto, no solamente en el desarrollo de habilidades para la enseñanza de esta disciplina, sino en la función social que tiene para la mayoría de las personas que vienen a consultar por diversa naturaleza, con diversos propósitos la hemeroteca”, añadió.
De 1927 a la transformación de la publicidad
La organización física de la hemeroteca conserva el orden establecido en el primer inventario recibido por la Universidad. Los periódicos están colocados desde el ejemplar más antiguo hasta el más reciente. La colección de La Voz de Chihuahua comienza en 1927 y se extiende hasta 1946. En esa primera etapa se trata de tomos anuales, debido a que el periódico tenía una extensión relativamente pequeña y todavía utilizaba pocas imágenes.

“La Voz de Chihuahua comienza en 1927 y acaba en el 46. En ese caso son tomos anuales, porque el periódico tenía una extensión mínima, tenía publicidad desde luego, pero no había demasiada imagen. Hay ocasionalmente fotografías, sobre todo ya en los 40”, señaló.

La escasez de fotografías no significa que las páginas carecieran de elementos visuales. Los anuncios permiten seguir otra parte de la transformación de Ciudad Juárez. Aparecen consultorios, establecimientos comerciales y tiendas estadounidenses, además de publicidad elaborada mediante dibujos. Un zapato, un vestido o algún producto podían presentarse mediante ilustraciones creadas específicamente para provocar el interés del consumidor.

Esos materiales comenzaron a adquirir nuevos significados cuando estudiantes de maestrías en Diseño, Diseño Gráfico y Publicidad se acercaron a la colección. Lo que para un historiador podía ser un anuncio dentro de un periódico, para ellos era una pieza que permitía estudiar la evolución de las técnicas comerciales, la composición gráfica y las formas utilizadas para dirigirse al consumidor.

“También lo aprendimos de los estudiantes de maestría en Diseño, o de Diseño Gráfico o de Publicidad. Hacen una retrospectiva de cómo ha avanzado la publicidad dibujada, después qué ha pasado por diferentes fases. Y nos ha fascinado lo que nos muestran sobre el lenguaje de la publicidad, cómo fue cambiando”, comentó.


Los cambios resultan especialmente visibles durante la posguerra. La publicidad, sus dibujos y su lenguaje permiten observar transformaciones que quizá pasarían inadvertidas al concentrarse únicamente en las noticias. De esta manera, la hemeroteca ha ido revelando nuevos usos conforme estudiantes de distintas disciplinas se acercan a ella con preguntas diferentes.
Revisar una vez al año para conservar décadas
Buena parte del trabajo de preservación ocurre lejos de la mirada de los usuarios. Puede parecer una labor quieta porque algunas de las revisiones se realizan una sola vez al año. Sin embargo, cada tomo debe contrastarse con el inventario original recibido junto con la colección. Ese checklist permite conocer qué materiales llegaron, cómo están organizados y qué cambios presentan en sus condiciones físicas.
Durante la revisión se incorporan observaciones sobre el deterioro de cada ejemplar. El procedimiento no se realiza únicamente con criterios internos de la Universidad. La conservación se apoya en lineamientos federales establecidos para mantener estándares en el cuidado de acervos documentales, independientemente de que se trate de archivos históricos, colecciones fotográficas, mapotecas o hemerotecas.
“Revisamos el inventario de esa guía que nos dieron, un checklist del inventario con el que llegaron, porque así están organizados los periódicos. Y en ese checklist vemos las observaciones de deterioro”, indicó.
De acuerdo con Arceo Guerrero, estos lineamientos comenzaron a establecerse desde 2018 y fueron instaurados por la Secretaría de Economía con el propósito de contar con normas estandarizadas para la preservación de documentos. La hemeroteca de la UACJ toma esos criterios como referencia para el seguimiento de su colección y para los procesos académicos vinculados con ella.
“Hay unos lineamientos para la preservación de acervos documentales. Esos lineamientos son a nivel federal y recientemente los instauró la Secretaría de Economía. Ellos comenzaron en 2018 para mantener unas normas estándares sobre la preservación de acervos documentales, ya fuera archivo histórico, archivo fotográfico, mapotecas o hemerotecas”, precisó.
La hemeroteca convertida en taller
El fondo también tiene un peso particular durante los procesos de acreditación de la Licenciatura en Historia como programa de calidad. Académicamente, la hemeroteca puede entenderse como un taller de práctica. Ahí los estudiantes dejan de acercarse a la preservación documental únicamente desde la teoría y trabajan directamente con materiales históricos que requieren clasificación, registro, consulta y cuidados específicos.
El servicio social permite reforzar esas habilidades y acercar a los alumnos a una vertiente profesional de la disciplina. La existencia del acervo bajo custodia de una licenciatura llevó incluso a establecer comunicación con el Comité Técnico de Normalización Nacional de Documentación en México para informar que un programa de pregrado tenía bajo su responsabilidad este fondo.
“En nuestros procesos de acreditación, de acreditación como programas de calidad, un plus que puede tener nuestra licenciatura es que tenemos un taller. Eso se consideraría en términos didácticos como un taller de práctica, la hemeroteca. Y el servicio social habilita ese tipo de habilidad, habilita esta disciplina”, explicó.
A partir de ese contacto, los responsables del fondo encontraron que la experiencia de la UACJ no era aislada. En distintas partes del país, las universidades han terminado convirtiéndose en instituciones depositarias de documentos, colecciones y materiales relacionados con la memoria histórica y el patrimonio.
Esa responsabilidad abarca materiales de naturaleza muy diversa. Puede tratarse de documentos escritos, arquitectura, fotografías, periódicos o elementos relacionados con el patrimonio material e inmaterial. La universidad aparece así como un espacio donde esos materiales pueden preservarse y, al mismo tiempo, convertirse en fuentes para generar conocimiento y formar profesionales capaces de trabajar con ellos.
“Nos enteramos que no somos los únicos. A nivel nacional todas las universidades son una entidad de alta confiabilidad para la documentación, para la memoria histórica, para la arquitectura, pues todo lo que tiene que ver con el patrimonio, finalmente, material e inmaterial”, sostuvo.
La hemeroteca adquiere de esta manera una doble condición dentro de la Universidad. Es un fondo que debe ser cuidado porque contiene parte de la memoria periodística de Ciudad Juárez y también un espacio donde esa memoria vuelve a utilizarse. Los periódicos que alguna vez informaron sobre la vida diaria ahora sirven para estudiar historia, diseño, publicidad y patrimonio, mientras los estudiantes aprenden directamente sobre conservación documental.
“Las universidades son el primer ente que desarrolla líneas de conocimiento, líneas generales de aplicación del conocimiento, pero también, obviamente, la instrucción o la capacitación para el patrimonio nace en las universidades”, agregó.
La historia de Juárez en los periódicos
Recorrer los estantes de la hemeroteca de la Licenciatura en Historia de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez es avanzar por distintas épocas de la prensa fronteriza. Los tamaños cambian, también las formas de encuadernar, los nombres de las publicaciones y la manera de presentar las noticias.

Entre los materiales aparece incluso el ABC de Nuevo Casas Grandes, un periódico en formato tabloide, y después un tomo de una publicación llamada Prensa de Ciudad Juárez, correspondiente a 1966. De esta última solamente se conserva un volumen. Luego aparece El Continental y, conforme se avanza entre los anaqueles, comienzan las colecciones de periódicos más recientes.

“Luego ya empieza el Diario de Juárez aquí. Esta colección del periódico comienza en el 80 y termina el Diario también en el 93, acá a la vuelta. Luego pasamos a El Universal y de El Universal ya a Norte de Ciudad Juárez. Digamos, esos ya son los periódicos recientes”, explicó la maestra universitaria.

La colección también guarda pequeños misterios que solamente aparecen cuando alguien comienza a revisar físicamente los ejemplares. Algunos estudiantes han preguntado, por ejemplo, por qué determinados periódicos de los años noventa carecen de portada. Una posibilidad es que fueran ejemplares que se leían directamente en la Cárcel de Piedra o que permanecían en oficinas municipales antes de integrarse al acervo. La encuadernación ofrece algunas pistas.
Hay tomos que conservan el escudo del Municipio y otros que ya no lo tienen, lo que hace pensar que parte de los periódicos pudieron haber llegado sin encuadernar. A pesar de esas diferencias, se decidió conservar el orden en el que fueron recibidos.
La discontinuidad puede observarse incluso dentro de un mismo año. De 1992 existen ejemplares que abarcan de marzo a mayo, otros de mayo a junio y materiales de julio. Este último mes, curiosamente, aparece completamente encuadernado. Algo semejante ocurre al revisar El Universal, donde se encuentran ejemplares correspondientes a distintos años de la década de los ochenta, entre ellos 1981, 1983, 1985, 1986, 1987 y 1989. Cada ausencia y cada volumen conservado forman parte de la historia material del propio archivo.
“El Norte aquí empieza en el 90 exactamente. Acá empieza en junio, julio, agosto, septiembre, octubre. De las primeras notas fue la visita del Papa a Chihuahua. Está la portada así, el número uno. Y hay una investigación de narcotráfico de un comandante federal”, recordó.
Esos primeros ejemplares de Norte permiten regresar al momento en que comenzaba a circular el periódico y observar cuáles eran los asuntos que ocupaban sus páginas. La visita papal y aquella investigación relacionada con narcotráfico aparecen entre las noticias que quedaron registradas en los números iniciales. Los tomos dejan ver así el nacimiento y desarrollo de publicaciones que después formarían parte de la vida cotidiana de varias generaciones de juarenses.
Una hemeroteca que sigue trabajando
La colección permanece en movimiento. Los libros y periódicos son consultados y prestados dentro de las dinámicas establecidas para el acervo, mientras se espera también la incorporación de estudiantes de servicio social que colaboren con las tareas de identificación. Ese trabajo permanente explica cierto desorden temporal entre los materiales y recuerda que la hemeroteca no funciona únicamente como un depósito donde los periódicos permanecen inmóviles.
“Pues aquí estamos ahorita, digamos, esta hemeroteca está viva. Tiene ahorita un cierto desorden porque estamos prestando libros y ahorita esperando el servicio social también para hacernos cargo de la identificación”, señaló Arceo Guerrero.
Entre los volúmenes de menor tamaño aparecen otros materiales incluidos en el catálogo entregado originalmente por el Municipio. Una de las colecciones que más ha llamado la atención está formada por revistas que también fueron encuadernadas. Entre ellas se encuentran Hoy, Mañana y Siempre, cuyos ejemplares lograron conservarse en condiciones notablemente buenas. La encuadernación permitió que publicaciones concebidas originalmente para circular durante periodos relativamente breves sobrevivieran durante décadas como parte del fondo.
“Esta es la que nos llamó la atención, esta que se llama Revista Hoy, Mañana y Siempre. Porque se encuadernaba la revista. Entonces, sí, nos ha llamado muchísimo la atención. Está muy bien conservada”, comentó.
Las bitácoras que recortaban la ciudad
Detrás de esas revistas aparece una colección distinta. Son cuadernillos encuadernados que en el catálogo municipal quedaron identificados como bitácoras. Al abrirlos se entiende inmediatamente su función. Uno de ellos lleva la inscripción “Recortes diarios de Ciudad Juárez, enero del 81”. En sus páginas aparecen noticias recortadas de los periódicos, acompañadas por registros realizados mediante selladores de fechas.
La disposición de los materiales permite inferir que estas bitácoras estuvieron relacionadas con las áreas de Comunicación o Prensa del Municipio. Día tras día alguien revisaba los periódicos, identificaba las noticias relacionadas con la administración municipal, las recortaba y las incorporaba a esos libros. De esa manera quedaron reunidos asuntos de transporte, dependencias, funcionarios y distintos temas de la actividad pública de Ciudad Juárez.
“Entendemos que estas bitácoras son de Comunicación o de Prensa del Municipio. Este es del 81”, indicó.
El periodista Darío Sánchez ayudó a comprender mejor cómo se elaboraban. Al observar los ejemplares recordó las prácticas de trabajo de aquellos años e incluso consideró posible haber participado personalmente en la integración de alguno de esos libros. Las llamadas banderas que entregaban los periódicos servían para identificar y recortar las notas que interesaban al Municipio y después incorporarlas a las bitácoras.
“Darío nos dijo, ‘a mí incluso creo que es probable que me tocó hacer uno de estos libros’. Y efectivamente, íbamos con las banderas que dan los periódicos y se recortaban las notas del día a día del Municipio”, relató.
Las páginas muestran la variedad de asuntos que eran vigilados y archivados. Transporte aparece entre ellos, junto con numerosos temas relacionados con la vida municipal. También quedaron nombres de quienes producían diariamente la información que después terminaba entre esos recortes, como Eusebio Jiménez González, identificado como reportero de El Corredor.
Aquellos cuadernillos agregan otra dimensión a la hemeroteca. Ya no permiten únicamente leer el periódico tal como llegó a manos del público, sino observar qué noticias alguien decidió seleccionar, recortar, fechar y conservar. Son una especie de memoria construida día por día desde las oficinas municipales, donde cada tijeretazo separó una noticia de su página original para convertirla en parte de un registro que, décadas después, permite reconstruir otra parte de la historia cotidiana de Ciudad Juárez.
Del papel que se deshace a la memoria digital
Hay periódicos de la hemeroteca que ya casi no pueden tocarse. Algunas portadas se desprendieron, otras terminaron fragmentadas y existen hojas que pueden convertirse en polvo con el simple movimiento provocado al abrir un tomo. Nada se desecha. Incluso esos pedazos permanecen resguardados porque alguna vez formaron parte de ejemplares que documentaron la vida de Ciudad Juárez desde finales de los años veinte.
“Ya con los años hay un reporte que nos dice que las portadas se desintegraron, así literalmente. No se tiran. Se hace un reporte, se dice que se desprendieron las portadas, hojas quebradas o que ya no tienen secuencia. Nosotros no vamos a desechar lo que integró un tomo especialmente”, explicó Arceo Guerrero.
Entre los materiales más antiguos se encuentran periódicos de 1928, 1929 y 1940. Los ejemplares que presentan mayor deterioro fueron retirados de la consulta física y algunos ya fueron digitalizados mediante fotografía. La medida permite conservar su contenido sin someter nuevamente el papel al movimiento, la limpieza y el contacto de los usuarios. Cuando algún fragmento se desprende y prácticamente se vuelve polvo, es colocado en pequeños sobres para mantenerlo asociado al tomo original.

Las páginas conservan además rastros que permiten reconstruir la propia historia de los periódicos. En ejemplares de La Voz de Chihuahua aparecen marcas de crayón. El azul identificaba publicidad no pagada y el rojo, publicidad pagada. Especialistas de la Hemeroteca Nacional explicaron que esas señales permiten considerar que la colección probablemente perteneció originalmente a la empresa periodística y pudo haber sido entregada después al Municipio de Juárez. Las marcas muestran que el ejemplar había pasado previamente por un proceso de revisión dentro del propio periódico.

El reto de digitalizar toda una hemeroteca
La digitalización abrió una nueva posibilidad para preservar los materiales más frágiles y permitir que continúen siendo consultados. Los ejemplares que ya fueron fotografiados pueden revisarse en la hemeroteca y los ciudadanos pueden llevar una memoria USB para obtener una copia. El siguiente paso es mucho más complejo. La Universidad busca que esas imágenes puedan incorporarse eventualmente a un repositorio digital de acceso abierto, lo que requiere registros institucionales, programas especializados y una base de datos vinculada con cada imagen.
La tarea tampoco consiste únicamente en fotografiar páginas. Cada nota debe identificarse y organizarse. La metodología contempla un resumen analítico, semejante al encabezado de la información, acompañado por índices onomásticos de personas y lugares. Así, una búsqueda sobre Obregón en 1927 podría conducir directamente a las referencias localizadas en enero, octubre o diciembre. Por ahora buena parte de ese trabajo se realiza manualmente, celda por celda, después de fotografiar los ejemplares.
“Es un trabajo muy estricto, un trabajo de mucha atención para poder ir vaciando celda por celda de la base de datos”, señaló Arceo Guerrero. El proyecto contempla que posteriormente la información pueda incorporarse al repositorio, aunque especialistas en información digital han advertido que se trata de una labor de largo plazo y que lo deseable sería digitalizar la colección completa antes de plantear un repositorio general de la hemeroteca.
Mientras ese proyecto avanza, los materiales continúan cumpliendo una función inmediata. Los estudiantes consultan los periódicos, toman notas, elaboran hojas de cálculo y utilizan la información para tareas y trabajos digitales en herramientas como Canva o Prezi. La ciudadanía también puede recurrir a los ejemplares disponibles o a las copias digitalizadas. Sin embargo, todavía existen periódicos reservados cuya información no ha terminado de incorporarse a la base de datos.
Tocar la historia con las manos
Algunos ejemplares en mejores condiciones siguen utilizándose en visitas guiadas para estudiantes de secundaria y preparatoria. En determinados talleres incluso se les permite manipular periódicos antiguos bajo instrucciones precisas. Los tomos deben abrirse sobre superficies amplias y las hojas tienen que sostenerse cuidadosamente con ambas manos, procurando distribuir su peso. En ciertos ejemplares existe además una hoja de protección antes de comenzar el contenido y encuadernaciones hechas a la medida de periódicos cuyo formato era mayor al estándar actual.
Abrir esas páginas permite encontrarse con una sociedad juarense que recibía información procedente de distintas partes del mundo mediante los servicios de cable. Junto a los grandes acontecimientos internacionales estaban las secciones culturales, educativas y sociales. Las fotografías comenzaron a aparecer poco a poco, mientras pequeñas notas registraban viajes en tren, vacaciones y movimientos de personas hacia Ciudad Juárez.
Aquellos ejemplares permiten observar cómo una sociedad fronteriza se informaba sobre lo que ocurría lejos de ella mientras dejaba constancia de sus propios movimientos cotidianos.
Así, la preservación de la hemeroteca ocurre entre dos necesidades. Hay que proteger un papel que inevitablemente continúa envejeciendo y, al mismo tiempo, mantener disponible la información que contiene. Cada tomo digitalizado evita manipular un ejemplar frágil y cada registro incorporado a la base de datos facilita encontrar una historia escondida entre miles de páginas.
El objetivo de llevar algún día toda la colección a un repositorio digital es enorme, pero permitiría que periódicos que hoy deben abrirse con extremo cuidado puedan seguir contando la historia de Ciudad Juárez aun cuando el papel ya no resista otra vuelta de página.
Aprender historia frente al periódico
La hemeroteca se convirtió también en un salón de clases. Ahí se desarrolla el Taller de Fuentes Históricas durante el primer semestre y el acervo se utiliza en seminarios de proyectos de investigación. Los estudiantes aprenden qué contiene la colección, cómo consultar un periódico y la manera correcta de registrar una fuente hemerográfica. Han acudido tesistas de maestrías en Trabajo Social, estudiantes de otras áreas sociales y alumnos del doctorado en Historia de UTEP. Incluso un investigador estadounidense consultó el fondo para estudiar la llegada de las primeras manufacturas procedentes de Taiwán y posteriormente reconoció en su tesis la consulta realizada en la hemeroteca bajo resguardo de la UACJ.
El crecimiento en el número de usuarios ha creado una nueva necesidad. La coordinación busca que eventualmente pueda contratarse a un egresado encargado específicamente de atender las consultas. El fondo dejó de ser solamente una colección que debía salvarse del deterioro y comenzó a demandar una estructura propia para atender a estudiantes, investigadores y ciudadanos interesados en sus materiales.
Detrás de esa realidad hay una historia que comenzó cuando la colección todavía permanecía en el segundo piso de la Cárcel de Piedra. Los periódicos estaban colocados verticalmente en anaqueles para ahorrar espacio. Con el tiempo, la humedad provocó que numerosos tomos comenzaran a vencerse. A ello se sumaban polvo, insectos y excremento de palomas, una combinación que dañaba el papel. Algunas revistas parecían llevar años sin que nadie las abriera. Entre ellas estaban las colecciones de Hoy, Mañana y Siempre de los años cincuenta.
La preocupación por aquellas condiciones llevó a formalizar ante el Ayuntamiento la petición para rescatar el fondo. En 2008, el entonces secretario del Ayuntamiento, José Guillermo Dowell Delgado, respondió favorablemente. El 14 de agosto de ese año, en sesión de Cabildo, se otorgó a la UACJ la custodia de 407 tomos. Miguel Montes, encargado de la hemeroteca municipal, y trabajadores del archivo ubicado en la Cárcel de Piedra participaron posteriormente en la reubicación.
Dos días para trasladar décadas de historia
Para sacar los periódicos fue necesaria una camioneta de la Universidad a la que le quitaron los asientos. El traslado comenzó a las ocho de la mañana de un miércoles y terminó al día siguiente. Los 407 tomos fueron llevados al edificio universitario y colocados inicialmente en el pasillo formando torres.

La urgencia permitió moverlos rápidamente, aunque comenzaba entonces una tarea mucho más complicada. Muchos llegaban húmedos y podían transportar hongos y otros contaminantes a un inmueble cerrado cuyos ductos de ventilación eran compartidos.

La recomendación de la archivista Rebeca Agudiño fue tan sencilla como inesperada. Había que orearlos. Durante un sábado comenzaron a sacar pequeños grupos de 10, 20 o 30 tomos y los exponían durante media hora. Era una práctica semejante a la utilizada para secar ropa húmeda. Muchos ejemplares estaban vencidos y mojados, por lo que aquella primera intervención buscaba reducir gradualmente la humedad antes de llevarlos definitivamente al interior del edificio.

“Hay un método muy ancestral. ¿Y cuál es, maestra? Póngalos a orear. Lo que hacían los viejitos, lo que hacemos con la ropa húmeda. A orear, pero no más de media hora”, recordó Arceo Guerrero.

Después comenzó la limpieza. Utilizaron una escobilla de pelo de cabra para retirar cuidadosamente polvo de papel, residuos y hongos que, después del oreado, podían desprenderse con mayor facilidad. Los periódicos entraban por tandas después de aproximadamente 30 minutos.

Algunos tenían páginas sueltas y otros estaban tan deformados por la humedad que cualquier movimiento exigía extremo cuidado. Durante todo el fin de semana, los tres pisos del edificio fueron utilizados para continuar el proceso, ya sin exposición directa al sol.

Entonces comenzó el diagnóstico detallado. Había que registrar si cada tomo conservaba portada y lomo, si estaba cortado, si tenía hojas desprendidas y qué clase de contaminación presentaba. Al revisar las encuadernaciones encontraron incluso huevecillos de cucarachas y otros animales escondidos entre la tela, los hilos y los lomos. Lo que inicialmente se había pensado como un proceso de seis meses terminó prolongándose alrededor de un año mientras la Universidad concursaba por recursos para instalar adecuadamente la hemeroteca.

Una colección incompleta que cuenta una ciudad
El fondo no constituye una cronología perfecta. Existen años completos y otros que simplemente nunca llegaron con la colección. Esa ausencia ha provocado incluso reclamos de usuarios que acuden buscando acontecimientos específicos y piensan que determinada información se encuentra oculta. La respuesta de los responsables es sencilla. La Universidad conserva aquello que recibió en custodia y algunos años nunca formaron parte del fondo.
A pesar de esas ausencias, el conjunto ofrece una enorme cantidad de información sobre el comportamiento social, la economía y la cultura de Ciudad Juárez. Sus páginas permiten localizar días, meses, años, nombres, apellidos, fotografías y acontecimientos que pueden seguirse durante semanas o décadas. Entre las publicaciones conservadas aparecen La Voz de Chihuahua, Correo, El Fronterizo, Crónicas, El Mexicano, El Continental, La Prensa de Juárez, ABC, Diario de Juárez, Universal y Norte, además de materiales identificados como Avances.

Del pasillo a una estantería especializada
Aquellos periódicos que llegaron húmedos y fueron apilados provisionalmente en los pasillos terminaron instalados en una estantería móvil y compacta, cerrada, con seguridad y condiciones de aire adecuadas para su preservación. El cambio resume años de trabajo y también sirve para explicar a estudiantes de preparatoria que recuperar patrimonio histórico requiere preparación, objetivos definidos, recursos y conocimientos especializados.
La conservación tampoco termina al colocar los tomos en un estante. Existe un manual para prestadores de servicio social elaborado bajo procedimientos institucionales. Los alumnos reciben indicaciones sobre el uso de batas, guantes y cubrebocas, la realización del inventario anual, el manejo de los ejemplares y la actualización de las observaciones sobre su deterioro. También aprenden cómo abrir los archivos móviles, utilizar sus manubrios y fijar los mecanismos de seguridad antes de entrar a los pasillos, debido al enorme peso de las estanterías.

La participación se ha extendido más allá de los estudiantes de Historia. Han realizado servicio social jóvenes de Derecho, Educación, Literatura y Administración, entre otras carreras. Algunos llegan atraídos por el inventario, otros por la investigación y muchos terminan descubriendo un interés por la historia de la ciudad. Para la coordinación, ese encuentro entre los estudiantes y el acervo constituye otra forma de preservar la memoria.
“Yo me he dado cuenta, a los chavos en esta edad, en cualquier año, les apasiona mucho su historia. Es algo que les genera inquietud y al final les apasiona mucho”, afirmó Arceo Guerrero.
Después de años dedicados a rescatar, trasladar, secar, limpiar, inventariar y acomodar los periódicos, la hemeroteca enfrenta ahora otro desafío. El aumento de las consultas hace necesaria la formación de usuarios y, según la coordinadora, contar con personal de planta dedicado a su atención. La colección que alguna vez estuvo húmeda y cubierta de polvo en la Cárcel de Piedra se encuentra hoy resguardada y utilizada para formar estudiantes, apoyar investigaciones y conservar una parte de la memoria periodística de Ciudad Juárez.

