Una rosa frente a las cruces fue el cierre de un recorrido dedicado a recordar que detrás de cada nombre del Campo Algodonero hubo una mujer con familia, amistades, sueños y una historia. Estudiantes de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez participaron en “Ellas a través de nosotras”, actividad organizada por el Instituto Municipal de las Mujeres (IMM).
Alumnas y alumnos de la Licenciatura en Educación de la UACJ recorrieron el Memorial Campo Algodonero acompañados por Angélica López Muñoz, encargada del área de Investigación del IMM. Durante la actividad conocieron el contexto histórico de la violencia feminicida en Ciudad Juárez y la relevancia de la sentencia del caso González y otras vs. México.
“Este memorial no solo es un espacio físico, sino un lugar de memoria donde cada símbolo representa la lucha de las familias que buscaron justicia”, explicó López Muñoz al iniciar el recorrido.
La actividad abordó las circunstancias sociales de la década de los noventa y los acontecimientos que dieron origen al memorial. El objetivo, señaló el IMM, es evitar la revictimización y recuperar la identidad y las historias personales de las mujeres asesinadas.
Una de ellas fue Claudia Ivette González. López Muñoz recordó que era una joven tranquila que acostumbraba permanecer en casa y ocasionalmente jugaba Nintendo con una vecina. El día de su desaparición llegó dos minutos tarde a su trabajo y no le permitieron entrar.
Durante el recorrido también fueron recordadas Esmeralda Herrera Montreal, María de los Ángeles Acosta Ramírez, Merlín Elizabeth Rodríguez Sáenz, Laura Berenice Ramos Monárrez, Mayra Juliana Retes Solís, María Rocina Galicia y una mujer que permanece sin identificar.
“Cuando hablamos de las víctimas del Campo Algodonero no debemos enfocarnos únicamente en el nombre, en la edad o en el número de carpeta”, enfatizó López Muñoz, al señalar la importancia de conservar la dimensión humana de cada víctima.
Como parte del ejercicio, cada participante llevó una rosa y la depositó frente a las cruces rosas del memorial, convertidas en símbolo de protesta y exigencia de justicia.
La jornada concluyó con un compromiso simbólico de las y los estudiantes para mantener viva la memoria, compartir lo aprendido y contribuir desde su formación a la defensa de los derechos de las mujeres y a la no repetición de la violencia.

