Federico Corral Vallejo nació en Parral, Chihuahua. Es poeta, ensayista, novelista, crítico, editor y compositor. Dirige Tintanueva Ediciones desde 1995.
Ha ganado varios premios y reconocimientos, entre los que destacan la Medalla al Mérito Jaime Sabines (1999); el Premio Nacional de Poesía Juegos Florales de San Juan del Río, Querétaro (2009), por su obra Los verdaderos ángeles no tienen alas; y el Premio Chihuahua en el género de ensayo por Principios de sensibilidad (2004), además del Premio AFEMIL-Brasil Hispanoamericano de Literatura, entre otros.
Su obra ha sido traducida al inglés, francés y portugués, y publicada en México, Estados Unidos, Argentina, Brasil, Puerto Rico, Cuba, España y Bolivia.
El autor relata que su primer acercamiento a la literatura ocurrió a los 12 años gracias a su hermana, lo que despertó en él un vínculo profundo con la lectura, más allá de lo económico.
Considera que la literatura puede verse afectada por círculos cerrados y prácticas poco transparentes en becas y premios, aunque destaca que la verdadera vocación radica en la creación. Describe su rutina diaria como centrada en la lectura y la corrección editorial.
Además, opina que los premios son solo reconocimientos simbólicos y no determinan la calidad de un escritor y señala que la crítica literaria en México es limitada.
—¿Qué es la poesía?
Para mí, la poesía es un estado de vida, cuyo latido es tan cambiante como el estado de ánimo. Si la poesía no conmueve, no es poesía. Es tan subjetivo hablar de ella y, aunque suene contradictorio, la poesía no se escribe ni se lee… se vive, se palpa, se huele; insisto, es un estado que, de tan personal, debe llegar a lo universal. Es un reino donde caben todos los reinos, tanto de la poética como de la retórica; digamos, pues, que es un universo de versos.
—¿Cómo fue su primer encuentro con la literatura y en qué momento comprendiste que escribir sería tu forma de vida?
Mi primer encuentro fue a través de mi hermana Nina, quien era lectora. Yo tenía entonces 12 años; vivíamos en Sonora y, gracias a ella, leí clásicos como Demian de Hermann Hesse, Navidad en las montañas de Ignacio Manuel Altamirano y El principito de Antoine de Saint-Exupéry, entre otros. Nunca pensé que ser escritor me daría de comer o solventaría gastos, pero sí que obtendría satisfacciones que van más allá del hambre, pues me ha ayudado, día a día, a ser mejor persona. Aspiro algún día a comprender que la literatura, de una u otra manera, es mi forma de vida.
—¿Crees que la literatura mexicana se ha convertido en un circuito cerrado para élites culturales?
Ese tipo de circuitos, cotos o mafias han existido siempre, desde el ámbito más protegido hasta el más marginal. Por ejemplo, en los resultados y reclamos de becas gubernamentales, donde la pareja premia al cónyuge o al amante, al primo o al hermano; o el maestro al alumno. Creo que los premios y las becas han vuelto a muchos escritores dependientes. En otras épocas, el escritor se dedicaba a crear, no a competir por apoyos; ahí es donde los círculos se cierran. Afortunadamente, existen autores como Goethe, Schopenhauer, García Lorca, Borges, Pizarnik, Ajmátova y López Velarde, que demuestran que el intelectual debe entregarse a la creación, no a la búsqueda de reconocimientos.
—¿Cómo es un día ordinario en tu vida?
Generalmente está vinculado a la lectura. Despierto, me baño, desayuno, tomo café y leo por placer de las 7 a las 9; continúo leyendo por obligación de 11 a 3. Salgo a comer, regreso a las 5 y comienzo la labor de corrección de los libros de Tintanueva, propios o ajenos.
—¿Qué opinas de los premios literarios?
Los premios literarios son, desde mi perspectiva, una palmadita en el hombro. Creo más en los premios de publicación que en los económicos, porque en estos últimos, con frecuencia, intervienen intereses ajenos. Un premio no hace mejor ni peor a un escritor. Es positivo que existan, especialmente para autores de la periferia, que suelen ser marginados; cuando alguien de esos espacios gana, se recupera la confianza en los concursos.
—¿Quiénes son, para ti, los mejores escritores contemporáneos?
No creo en clasificaciones. La literatura es un espejo donde el lector se refleja según su gusto, formación y entorno. ¿Quiénes somos los poetas para determinar lo bueno o lo malo dentro de los límites de la literatura, no solo mexicana, sino universal?
—¿Existe una buena crítica literaria en México?
Como teoría literaria hay bastante crítica, pero como ejercicio real es escasa. Cuando un crítico señala que una obra está fuera de lugar o que no debió publicarse —con argumentos—, suele convertirse en antagonista, generando enemistades gratuitas.
—¿Cómo ves la situación actual del mundo?
Estamos estancados y enceguecidos en lo moral, político y económico; no veo un rumbo claro. Son caminos pantanosos. Política, educación y cultura deberían ir de la mano, pero la política se ha convertido en obstáculo para ambas. Si realmente se priorizara a los sectores más vulnerables, podríamos aspirar a un desarrollo integral donde economía, educación y cultura avancen juntas.
—¿Por qué la poesía es el género menos leído?
No creo que sea el menos leído; antes están el ensayo y la dramaturgia. La poesía tiene su público cautivo y es de lo más publicado. Lo contradictorio es que sea de lo menos vendido.
—¿En qué trabajas actualmente?
Estamos reuniendo fondos para lanzar una nueva colección de plaquettes de autores noveles del cono sur: Argentina, Chile, Perú, Bolivia, Uruguay y Colombia.
Tiene publicados, entre otros, los libros: Disfrazado de dolor (1992), Covacha sin fe (1998), Vomitar mi muerte (2000), Sin fecha de caducidad (2004), En busca de un somnífero (2005), De plumas y huesos (2011), así como Universo de versos (ensayo, 2025) y Un par de alas (poesía, 2026).

