LA CARAVANA LITERARIA. A propósito de la Poesía reunida (1.908-1.939) de Héctor Pedro Blomberg (Barnacle, Buenos Aires, 2024-2025). Prólogo de Santiago Sylvester.
¿Podemos hacer el intento de escribir poemas (libros de poemas) desde alguna clase de amnesia histórica? ¿Existe o no una ilación interrumpida con poetas del siglo pasado? Cuando aquellos libros dejan de aparecer en anaqueles de librerías, ¿ocurren cortes literarios generacionales y significativos? Me hago estas preguntas luego de revisar esta profusa antología del argentino Blomberg (Bs.As., 1890-1955), quien tuvo sus lectores en la época que le tocó vivir. Él fue partícipe de nuestra vida cultural en la primera parte del siglo XX, aunque con el paso de las décadas, su obra se haya olvidado. Algo desperdigada, fue rescatada hace poco por el curioso Alberto Cisnero. Y con la promesa de una próxima ampliación editorial.
Una de las claves escriturales del aventurero Blomberg viene dada por el magnetismo expedicionario. Nos lleva a recorrer, con nuestra imaginación, paisajes distintos (como son los de nuestra geografía, por otro lado), y por las pasiones desatadas. Nuestra pampa abierta, las tolderías y las mujeres secuestradas, la vida portuaria y marina, los barrios porteños milongueros, el cancionero criollo, las gestas de pobres y migrantes. Una escritura de las particularidades sociológicas de distintos grupos humanos, a ritmo poético.
Los y las editores son esa parte ineludible de la extensa caravana literaria de un país. Cada quien, lector o lectora, con su itinerario inconfesable a cuestas, necesita de los libros del pasado. Sumarle que una obra reunida amplía la perspectiva sobre cuáles búsquedas el poeta anclaba. Éste también ejerció como periodista y, quizá, sea el rasgo que le permitió cierto tono, cierto registro descriptivo vívido en sus poemas. Una poética dramática, popular y personal.
Hoy dialogamos sobre algunas implicancias en la reconstrucción de esta antología, con el editor a cargo, Alberto Cisnero.
1. Qué podés decirnos sobre el período histórico-literario abarcativo de estos poemas que publicaste. Cuál es el imaginario al que apelan. Y, además, ¿cuál fue tu derrotero para dar con ellos, fue sorpresivo o ya venías leyendo a este autor multifacético y poco difundido?
A.C. El libro reúne poemas fechados entre 1908 y 1939. Dentro de ese paréntesis están incluidos nueve títulos. Sólo de dos volúmenes que Blomberg entregó a la imprenta no encontramos vestigios de ninguna índole (continuaremos con la pesquisa). Somos lectores de Blomberg (en el decurso de las indagaciones nos enteramos de que había “dueños” de Blomberg, viuditos autopercibidos de alguna parte de las letras nativas; como nuestros asuntos no interferían con los de ellos, les deseamos buena suerte y continuamos con nuestra faena). En internet no cabe el mundo. En base a la biblioteca personal y a la amable disposición de los bibliotecarios de distintas bibliotecas (privadas y públicas, nacionales y extranjeras) recabamos la suma de poemas que el hipotético lector de “Poemas reunidos (1908-1939)” puede indagar. La tapa es obra del talento y la sensibilidad de Merlina H. Cisnero. Isaías Garde tradujo poemas que Blomberg escribió directamente en inglés. Junto a Lucas Peralta organizamos el volumen antes de enviarlo a las máquinas (dicho así parece una actividad similar a la de comer naranjas en bata, pero fue un arduo trabajo). Santiago Sylvester se atribuye las palabras liminares.
2. A juzgar por innumerables referencias en la obra de Blomberg, la seguidilla de sus libros se asemeja a una bitácora de viajes y, también, de sus propias lecturas…
Blomberg ha legado una obra diversa e imaginativa: poeta, escritor, redactor de manuales escolares, periodista, historietista, traductor, letrista de canciones que no conocerán el olvido, antólogo, guionista de radioteatro y un largo etcétera (pero esencialmente poeta): una persona que cultivaba la curiosidad. No sé de cuántos autores (muertos o vivillos, incluso más citados o republicados; incluso premiados) podríamos expresar lo mismo. El puerto, las naves, los marinos, su gin y sus dagas, el circo, los prostíbulos, los antros donde se consumían drogas, el Dock Sud mítico, la guerra del Paraguay, las minorías, los excluidos, son los motivos reiterados de su literatura (hay autores que han “homenajeado” a Blomberg sin saberlo o sabiéndolo, sin hacer mención de ello. Son cosas que ocurren en las mejores pandillas. Los lectores atentos deben leer esto como un reconocimiento tácito a la influencia que supuso la obra de Blomberg). En su época conoció la validación de sus lectores. Profusos lectores. También se ha extendido ese equívoco respecto de Blomberg como un mero glosador de gestas portuarias y el portador de una tristeza inconmensurable. La cátedra ha abonado esa teoría (en las notas del editor insertas al final del volumen hago referencia a varios ejemplos de tales menudencias). Blomberg nos presenta una ciudad que ya no existe más que dentro de sus libros; eso siempre valdrá más que cualquier verdad del catastro o que las insertas en las entradas del diccionario.
3 El poeta Sylvester, en el prólogo de esta edición, menciona que Blomberg eligió ¨una senda solitaria¨, por fuera del canon literario preponderante de su época. Y, al mismo tiempo, de cualquier posibilidad vanguardista. ¿Qué podrías agregar a esta idea?
Acaso “la senda solitaria” es la de no haber recorrido los pasillos o las antesalas de los ministerios (que supone uno de los oficios más antiguos del planeta junto con el de doblar cucharas con la mente), que hasta tiempo ha era de donde surgía la multiplicación de los libros, de algunos libros, de ciertos autores, entendámonos, justamente olvidados; insisto en algo que no es menor: Blomberg agotaba ediciones tumultuosas. El canon de su época refleja el eructo de una minoría (basta con leer algunas páginas, algunos años puntuales registrados en el “Borges” de Bioy Casares; mediante el minucioso registro de esa pasión argentina que es la amistad, aunque el volumen en sí representa una neta traición, están desarrollados con meridiana claridad y sin sonrojos, los entremeses de la literatura argentina de tales años). Hay muchos ismos en todas las épocas. Muchas academias Pitman de las sinécdoques. Muchos megustas, laikeos, seguidores, la vida en estado de poesía. Entiendo lo que dice Sylvester. Blomberg escribió para nadie, que es uno de los gestos más heroicos que se pueden emprender con un cuaderno delante. Recuerdo haber leído algo que le señalaron a Marinetti cuando pisó este dulce país de las picanas sobre panzas embarazadas, respecto de su pregonado futurismo: que debería haber leído poemas que iba a escribir y no los que estaban concluidos. Marinetti sigue vivo, actualizándose, en los corazones de innúmeros vates que explican sus poemas antes de leerlos, porque no los han terminado de escribir todavía. Blomberg siempre entendió, para decirlo en jerga literata, que no era para todos la bota de potro y evitó inmiscuirse en la prédica de la clase intelectual del momento.
4. Hemos charlado sobre tu apego a cierta poesía que llamaré del ¨realismo social¨. Pareciera que la determinación de publicar esta antología, proviene de allí, o ¿me equivoco? Y, en esta línea, me gustaría que nos relates tus impresiones sobre ese poema de una cautiva, en particular.
En verdad es apego a cómo se emplean ciertas palabras, cuáles se emplean y cuáles se omiten. No sé si esa ecuación de lectura da como resultado lo que la prensa especializada o los bachilleres tipifican con el marbete de realismo social. Tiendo a desconfiar de quienes enuncian que escriben para algo (para el pueblo, para la paz mundial, para la revolución social, para el partido conservador). En ese sentido Blomblerg escogía para sus poemas aquellos materiales que estaban en el margen de la inquietud general. A lo largo de los años persiste una certidumbre al respecto: nunca fue un intruso en el pueblo (no representa poco en una tierra donde el soberano todavía cubre sus necesidades básicas por medio del estómago de sus representantes y autoridades). Pero en relación a un esquema de escritura, menciono dos detalles de su inicial incursión libraría: su primer libro lo firmó bajo la adscripción a los apellidos paterno y materno (hecho que no volvería a repetir) y es un poema sobre un “traslado”: en ese pequeño volumen se encuentran las inquietudes que el autor abordaría luego bajo distintos géneros. Al recorrer el largo poema asistimos al trance (destierro) de una cautiva a través del desierto, un motivo harto repetido en la literatura nacional (la pampa o el mar serían en los sucesivo el verdadero territorio literario y concreto de una pugna que no ha cesado); hay un detalle, ese traslado implica un orden e incipientes pactos que preceden a la represión y marbetes que sirven tanto para designar como para dominar; luego vendrá un plan de parcelaciones, su afán inmobiliario, tasador, usurero: tierras, estaciones, estancias, estancieros, la legitimidad de tal expansión, los métodos empleados y el declamado rol civilizador de la nación (puede el desocupado lector agregar comillas donde desee); desde el inicio el autor evita toda neutralidad o distancia, no rehúye nombrar al adversario, al enemigo. La cautiva se dirige (es dirigida) hacia los primeros campos de concentración dispuestos por el estado argentino en la segunda mitad del siglo diecinueve; va en coche ferroviario al muere, a las llamadas “reducciones”, que tenían el fin de utilizar como fuerza de trabajo en actividades productivas o en el servicio doméstico y como marinos o soldados, a hombres, mujeres y niños; en uno de los últimos poemas de la presente obra figura un canto a la Isla Martín García (lugar de confinamiento “para indios y otros destinados”). Muchos años después David Viñas se haría ciertas preguntas que me agrada citar: “Por todo eso me empecino en preguntar: ¿no tenían voz los indios? ¿O su sexo era una enfermedad? ¿Y la enfermedad su silencio? Se trataría, paradójicamente, ¿del discurso del silencio? O, quizá, los indios ¿fueron los desaparecidos de 1879?”
Un libro es alguien leyendo un libro. Podría pensarse que ese simple acto es otra forma de alegar algo, un modo discreto de participar en la feria. La sensación que nos dejan los escritos de Blomberg es: la vida elemental de un hombre mezclada y recobrada en los símbolos que registra de manera casi urgente. Es lo que encierra de peligroso hasta el día de hoy: su desesperación y su prepotencia de trabajo.
5. Blomberg muestra una sensibilidad particular con respecto a la situación social de las mujeres. Como si, sutilmente, tomara posición. Y un poema que me gusta mucho es el que dedica a Camila O. Gorman; quizá por la educación sentimental proveniente de esa novela poética de Molina (y la también la bella película de la Bemberg).
Ese poema ha conocido diversas publicaciones y formatos, inclusive el aditamento de la música. Blomberg retrató esas escenas, la “etapa Rosista”, durante los años del advenimiento del peronismo en la escena pública. Las mujeres, los negros, los niños, los gauchos, los pobres de la tierra estuvieron siempre entre sus ficciones. En algún momento de la historia argentina irrumpieron fuera de las tapas de los libros, de los guarismos, de los hechos policíacos y se materializaron en las calles, aluvionales. Leónidas Barletta señaló sobre nuestro autor: “Éste es el viejo camino que recorremos con Blomberg. Pero antes no entendíamos la miseria, que es igual en todas partes”. En ese mismo sentido, respecto de su posicionamiento público, político, es harto conocida la anécdota que se suscitó en relación a un concurso munícipe: le había sido otorgado el primer premio y el segundo a Alfonsina Storni. Cuando Blomberg se anotició y antes de hacerse público el dictamen, intercedió ante el jurado con una frase puntual: “Las damas primero”; Alfonsina resultó la galardonada. En el presente un gesto pasible de cuestionamiento, para aquel tiempo un acto hidalgo y valiente.
6. Realizaste una modernización de aspectos ortográficos, ¿por qué?
La lengua cambia, y la ortografía debe ajustarse a ello. Para algunas palabras Blomberg usaba sistemáticamente la prosodia clásica, por lo tanto, anotamos siempre “oceano”, “crüel” e “Iliada”; suprimimos erratas y no mucho más. Igual todo libro tiene su lunar.
7. ¿Quedaron textos por fuera de esta recopilación, mejor dicho, de esta revisión de una autoría sepultada en el tiempo?
Tenemos en imprenta dos poemarios más de Blomberg (inéditos en libro). Y otros dos sobre aspectos políticos y librescos de una obra inabarcable. Los iremos publicando en lo sucesivo. Brindamos por ello con el afamado “trago Blomberg” (aludido en las memorias del primer escritor profesional de estas pampas): fernet con clicquot.
8. Si las ediciones importantes en número de páginas no son lucrativas, cuál sería el aporte editorial de este proyecto a la poesía vernácula. Intuyo la respuesta, aunque me gustaría que te explayes vos sobre el asunto. Rodolfo Edwards, por otro lado, ya ha reseñado sobre las vinculaciones artísticas de Blomberg pero, ahora mismo, qué le dirías a un lector o lectora sobre este poeta.
Así como hay mentes selectas que escriben libros geniales todos los días, existen otras dedicadas a salvar la literatura argentina contemporánea a cada hora comentándolos en sus estudios teóricos sobre versos mansos al Palermo Soja y al lago Nahuel Huapi (en castellano en los originales); en Barnacle publicamos a Blomberg (y otros matreros) porque nos gusta leerlos y porque esa será siempre una buena razón en el mundo.
9. ¿De qué formas podrías conectar esta investigación de obra con tu quehacer escritural?
Soy un lector raso. Es casi lo único que medianamente sé hacer. En castellano. En papel. Son mis limitaciones. Así que trato de compartir con otros lectores los libros de mi afición. Blomberg no resulta una novedad para mí. No es un autor imparcial, es partidario de algo (ya mencionamos la inquietud que prima en su literatura) y adversario de la injusticia deliberada o de la pequeñez deshonrosa. Está junto a todos los autores que me deslumbraron, y que me hicieron pensar que uno podía ensayar sobre el papel “sus cositas”. Es evidente que de manera errática. Pero no hay una vanidad mejor que otra. Y seremos justamente olvidados. ¿O hay alguien en la sala que sospeche otro destino para sus originales? Cof, cof.
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Dos poemas seleccionados por el poeta Jorge Aulicino para su blog literario ¨Otra Iglesia es Imposible¨:
El buque en la botella
Diminuto navío preso en una botella,
Con tus velas tendidas, tu puente y tu bauprés,
¿Sueñas los anchos mares y la polar estrella
Entre el ruido y el humo de este figón inglés?
Diminuto navío, ¿qué manos marineras,
Rugosas y pacientes, en los ocios del mar
Con amor trabajaron tus pequeñas maderas
E izaron esas velas que el viento no ha de hinchar?
¿Qué viejo navegante en tus maderas grises
Esculpió esta minúscula figura de mujer,
Y al grabar en tu popa esta palabra: “Ulysses”
De la Odisea el genio te transmitió al nacer?
Diminuto navío perdido entre la bruma
Del humo de las pipas, nunca, jamás, los dos
Oiremos las canciones lejanas de la espuma,
Ni soplará en nuestra alma el gran viento de Dios.
En las obscuras albas del bar, en los instantes
En que los viejos astros comienzan a morir,
Vi correr por tus puentes pequeños tripulantes,
Como si al alba fueras tú también a partir.
Oí como cantaban, dentro de tu botella,
Tus vagos hombrecitos, una vieja canción
Al recoger el ancla, bajo la turbia estrella
Que alumbraba la sucia miseria del figón.
Diminuto navío, sigue tu inmóvil sueño:
Los muelles del Oriente, del alisio el cantar,
Del Gulf Stream las baladas, el Caribe risueño,
Los extraños paisajes ahogándose en el mar…
Dile a tus diminutos y vagos marineros
Que recojan las velas, pues nunca has de partir
Del mar por los inmensos y azules derroteros
A las claras riberas donde el sol va a morir.
Aquí nos quedaremos, diminuto navío,
Anclados en la tierra, para siempre, los dos;
Ni en tu pequeño puente ni en el corazón mío
Volverá a soplar nunca el gran viento de Dios.
Los negros de la goleta “Río”
Treinta marineros llevaba la “Río”
Del bravo Rosales bajo el pabellón
Y eran diecisiete valientes morenos
Los que completaban la tripulación.
La luna de sangre los vio en La Colonia:
Seis de ellos cayeron al fuego infernal
Que sobre los buques de Brown vomitaba
Con saña el ardiente cañón imperial.
El sol de Los Pozos, la estrella de Quilmes
En el puente vieron morir otros diez:
Humilde y heroica, su sangre corría
Sobre la cubierta, mojaba el bauprés.
Y cuando las dianas del triunfo se oyeron
Y huyó la postrera fragata imperial,
Quedaba uno solo, de pie, moribundo,
Tocando el glorioso clarín del Juncal.
Diez y siete Negros llevaba Rosales
A bordo del barco que nunca rindió
Sobre las arenas ni sobre las aguas;
Diez y siete negros. Ninguno volvió.
Alberto Cisnero (La Matanza, Provincia de Buenos Aires, Argentina, 1975) Poeta, antologador, editor, bibliotecario. Director de Barnacle, y codirige con Lucas Peralta la revista latinoamericana ¨PoesíaNo¨. Invitado a numerosos festivales y ciclos de lecturas. Difundidor sin tregua de los títulos incluidos en el catálogo de su editorial. Poeta prolífico, publicó entre muchos otros textos: De rayos Negros; Clase 75; Mi Recherche; La sustancia en infracción; Todos queremos ser hallados; y su reciente Román paladino.
Catalina Boccardo (CABA, Argentina, 1961), realizó estudios en Maestría de Esc. Creativa (UNTREF) y abogacía (UBA). Poeta y escritora, gestora cultural, collagista. Editora en Argentina de la columna ¨Periferia Sur¨ para ¨Poetripiados¨.

