Por las mañanas, cuando el sol apenas se cuela entre los edificios del Instituto de Ciencias Biomédicas, una joven camina por los pasillos de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez cargando cuadernos y saludando a compañeros. Nadie diría que, horas después, ese mismo rostro estará bajo una máscara brillante mientras miles de voces corean un nombre: Baby Star.
En la universidad es una estudiante más de la Licenciatura en Entrenamiento Deportivo. En el ring, en cambio, es heredera de una dinastía de lucha libre y protagonista de una historia que ha cruzado fronteras hasta aparecer en festivales internacionales y páginas de revistas como Vogue y Vanity Fair.
Su historia comenzó en la colonia Emiliano Zapata, donde creció entre juegos de barrio y una familia que, aunque enfrentaba carencias, nunca dejó de brindarle lo esencial. Hija de un operador de tractocamión y de una ama de casa, recuerda su infancia como una etapa feliz.
Desde pequeña mostró un carácter fuerte. Se describe como una niña hiperactiva y peleonera, aunque aclara que su impulso siempre nacía de un sentido profundo de justicia. No soportaba ver abusos ni desigualdades entre los niños de su entorno.
La lucha libre, sin embargo, no fue una ocurrencia pasajera. Era parte de su historia incluso antes de nacer. Su padre y su tío eran luchadores profesionales, y desde el vientre de su madre, dice entre risas, ya estaba destinada al ring.
De acuerdo con un trabajo periodístico publicado por la Universidad, convencer a su familia no fue sencillo. En un deporte históricamente dominado por hombres, la idea de que una niña quisiera convertirse en luchadora generó resistencia. Pero su determinación fue más fuerte.
A los 14 años comenzó a entrenar profesionalmente. Más adelante practicó lucha olímpica, disciplina que —explica— es muy distinta al espectáculo de la lucha libre.
“La olímpica es técnica, es al ras de la lona. La lucha libre es espectáculo, es conectar con la gente, que crean en tu personaje, que coreen tu nombre”, cuenta.
Con el paso de los años ha pisado algunos de los escenarios más emblemáticos del país, incluido el ring de la Arena México durante una función privada organizada por el Consejo Mundial de Lucha Libre.
Cuando escucha al público gritar su nombre, confiesa, siente algo cercano a lo que imagina un superhéroe.
“Uno nunca imagina que la gente te va a querer tanto”, dice.
Pero detrás de la máscara también hay una historia de sacrificios. Antes de trabajar en la UACJ, se desempeñó como guardia de seguridad y pasó cuatro años en la Ciudad de México intentando abrirse paso en el mundo de la lucha libre.
Hubo momentos difíciles. Días en los que apenas tenía dinero para comer y otros en los que la soledad pesaba tanto como los entrenamientos.
Finalmente regresó a Ciudad Juárez, donde encontró estabilidad laboral en la universidad. Allí decidió continuar su formación académica y elegir una carrera que dialogara con su vocación deportiva.
Hoy combina trabajo, estudios, entrenamientos, combates y maternidad. Tiene una hija de diez años que, dice, se convirtió en su principal motivación para seguir adelante.
“Mi niña es mi motor”, afirma.
En medio de ese camino también enfrentó una de las pérdidas más profundas de su vida: la muerte de sus gemelos. Durante un tiempo pensó en abandonar la lucha libre.
“Llegué a sentir que ya no quería subir al ring”, recuerda.
Sin embargo, el apoyo de su hija y su propia convicción la llevaron de regreso al cuadrilátero.
La máscara que utiliza tiene una estrella diseñada por ella misma. Cada uno de sus picos representa a los integrantes de su familia: su padre, conocido en el ring como Estrella Roja; su madre, sus hermanas y ella misma.
Es el símbolo de la dinastía Star.
Su historia también quedó registrada en el documental Las Luchadoras, dirigido por los cineastas europeos Paola Calvo y Patrick Jasim, quienes durante casi dos años siguieron la vida de varias luchadoras fronterizas.
La película se presentó en Reino Unido, España, México y Estados Unidos, y llevó su historia a festivales y publicaciones internacionales.
Pero el reconocimiento no ha cambiado su manera de verse a sí misma.
“Mientras seas humilde y leal, las puertas se van abriendo”, asegura.
Hoy, entre clases, entrenamientos y responsabilidades familiares, Baby Star continúa escribiendo su historia. En los pasillos universitarios reflexiona sobre el camino recorrido y el que aún queda por delante.
A las mujeres de Ciudad Juárez les deja un mensaje simple pero firme: nunca dejar de brillar.
Y cuando le preguntan cómo le gustaría ser recordada, responde sin dudar:
“Como una mujer luchona, que no se dejó vencer por nada y que siempre peleó con el corazón”.

