Tras siete años sin publicar un libro en solitario, Israel Holtzeimer regresa con Te regalo mis dientes (Bagatela Press, 2025), su primera colección de cuentos, un volumen breve e íntimo que se aleja de la ambición expansiva de sus novelas y se instala en una frontera emocional marcada por el duelo. Aunque en este tiempo no dejó de escribir —colaboró en periódicos, editó revistas, estudió fuera y obtuvo premios—, confiesa que la timidez y una insatisfacción persistente lo mantuvieron en pausa.
El libro nació casi por azar, a propuesta del editor Bernardo Jauregui, quien reunió cuatro relatos que, sin proponérselo del todo, dialogan sobre pérdidas y sacrificios absurdos por amor. Ambientados en Ciudad Juárez, estos cuentos del también editor de Poetripiados, exploran el dolor, la memoria y esos mecanismos extraños que inventamos para sobrevivir a lo que nos rompe.
–¿A qué se deben tantos años sin publicar un libro?
Vaya, en mi cabeza parece que no ha pasado tanto tiempo. Tampoco he estado en un silencio tan absoluto, he escrito muchísimo para periódicos, he editado revistas de arte, he estudiado fuera del país, ganado premios incluso, pero sentía que no tenía nada que decir más que una suerte de ensayos académicos. No estaba contento con mi obra. Creo que mi timidez se volvió criminal, al grado de que me paralizó por algún tiempo.
–Es tu primer libro de cuentos, ¿verdad?
Sí, de hecho, sí. He ganado becas y premios de cuento, pero la verdad es que no había publicado un libro dentro de este género. En algunas antologías llegué a publicar alguno que otro cuento y por allí tengo otro libro atorado en una burocracia eterna, y sí, oficialmente es mi primer libro de cuentos que ve la luz.
–¿Qué nos puedes contar sobre la génesis de Te regalo mis dientes y cómo surgió la idea central del libro?
La verdad todo fue idea del editor, Bernardo Jauregui, que una noche bebiendo en el Homeros me pidió algo para publicar en Bagatela Press. Al principio lo tomé a la ligera, pero pasaron los días y fui recuperando algunos cuentos que tenía desperdigados, fuera de todo proyecto, y que tampoco tenía planes próximos para ellos. Terminé enviándole como siete piezas, escogió cuatro y armó esta plaquette. Sin darme cuenta, gracias a su tremenda visión también, los cuatro cuentos están relacionados con el duelo y esos mecanismos bizarros que a veces usamos para superarlo. Con toda honestidad, te digo, quedé muy satisfecho; es la primera vez que publico un libro sin tantas pretensiones, un poco más íntimo a diferencia de las enormes novelas de ficción que he presentado en mi quehacer literario.

–¿Cómo influyó tu experiencia viviendo en Ciudad Juárez en los relatos que componen este libro?
En todo. El escenario es esta frontera, en un par de cuentos queda muy claro por las calles y paisajes, en otros no se menciona la ciudad porque no es necesario, supongo, pero suceden en Juárez, fueron imaginados completamente aquí, tanto su escritura como las experiencias que los inspiraron.
¿Hay algún cuento dentro del libro que sientas particularmente cercano a tu experiencia personal o emocional?
Bueno, creo que todos tienen alguna experiencia personal, por más ficción que le imprimas, como escritor es imposible deslindarte de lo personal a la hora de escribir. Lo puedes reducir, pero no desaparece por completo de tu obra. Sin embargo me pasó algo muy curioso: ningún cuento es reciente, todos llevan años ahí en el cajón de mi escritorio, pero el año pasado mi dentista decidió someterme a un agresivo y sangriento tratamiento. Dije que sí sin entender bien lo que se venía. Fueron días de tortura, de un dolor abominable, de mañanas que fácilmente serían escena de una película gore filmada en un país de la Europa del este; y esa agónica experiencia me llevó a corregir ese cuento, y que precisamente le da título al libro. Las escenas en el consultorio dental las redescribí debido a este traumático tratamiento. De alguna forma me ayudó a darle más realismo a ese primer cuento, y tal vez algo de horror también.
–El título es muy sugestivo y llamativo; ¿qué significa Te regalo mis dientes dentro del contexto de tus relatos?
Es el primer cuento, literal, y significa ese sacrificio absurdo que a veces estamos dispuestos a hacer por alguien que no nos quiere o que tal vez nos quiere muy poco. Obviamente hay personas muy intensas, muy extremas, que están dispuesta a hacer cualquier cosa por amor, y casi siempre termina mal. Vaya, no quiero sonar pesimista, pero claro, estamos hablando de que los personajes del libro, de alguna u otra forma, sufren de una condición mental que los lleva a estas posiciones. Aunque, a pesar del título, no son historias violentas y la idea también fue del editor, ahora que lo recuerdo. Yo había propuesto usar el título del último cuento, pero fue Bernardo, de nuevo, quien pensó que sería más atractivo usar el título del primero. Confío en su criterio, estoy seguro de que al libro le irá mejor con el nombre que escogió.

–¿Cómo ha sido tu colaboración con Bagatela Press y qué significó para ti publicar con esta editorial?
Muy cercana, la colaboración viene precedida de una amistad con el editor, también de amigos que admiro y que han publicado o van a publicar en Bagatela Press, de charlas interminables sobre literatura. Me gustó mucho esta parte donde tienes toda la confianza del mundo para comunicarte con el editor, con el diseñador, con la imprenta, y decir: hay que corregir esto, o aquella portada no me parece bien, o deberíamos usar otro papel. Digamos, todo lo relacionado a la elaboración del libro. Todas mis experiencias anteriores fueron con editoriales gigantescas a las que no les interesa tu opinión en lo absoluto. Así que fue divertido y satisfactorio que, por primera vez, tuviera voz para expresar cualquier cosa relacionada con la edición.
–¿Qué esperas que los lectores se lleven de Te regalo mis dientes y cómo esperas que se conecten con tus cuentos?
Que encuentren consuelo, tal vez algo de paz en comprender que no son los únicos que han sufrido por perder a alguien, o que se comportaron de maneras extrañas o que la tristeza los arruinó por meses, por años quizás. Al final del día, ¿a quién no le han roto el corazón?

