Seguí hablando con mi querida vecina por WhatsApp sobre lo que pensábamos y cómo nos estaba afectando el confinamiento.
Ella se lamentó de estar en Ciudad Juárez por segunda vez y no poder salir a conocerla. Ya había venido a Juárez a ver a su hermana —tenían mucho sin verse— y pasó a visitarla antes de irse a estudiar a Austin… obviamente estaba jovencita, recién salida de la preparatoria. Se graduó de una escuela particular de allá de Matamoros, Tamaulipas.
Me contó que, en esa etapa de su vida, era una muchacha demasiado mimada y clasista. Se jactaba de ser bendecida por Dios, al haberle dado un cuerpazo y un rostro bonito… y de tener padres con mucha lana, gracias a la ganadería.
Sus padres le tenían un departamento de lujo en el fraccionamiento Victoria —algo parecido al Campestre de Juaritos—. Rogó mucho para que su papi le pagara el alquiler de un depa y la dejara “independizarse” cuando cursaba el cuarto semestre de prepa.
¿Independizarse?… Era un cuento chino, porque mi vecina vivía sola en ese depa, pero su padre pagaba todas las cuentas y le daba una jugosa mesada.
Era tan fifí que hasta su padre le puso dos guardaespaldas que la cuidaban las 24 horas. Así que se creía la dueña del mundo.
—¿Neta?… ¿Usted tenía guarros?
—Sí. Tenga en cuenta que yo era los ojos de mi padre… Me tenía muy consentida… Capricho que se me ocurría, capricho que me cumplía… Era sangroncilla.
—Ya me la imagino… Se creía la mamá de Tarzán… Toda una princesa insoportable y muy creída porque traía guardaespaldas.
—Para qué le digo que no, sí, sí… pero me despedí de ese mundo de cristal para irme a estudiar a Austin… Mi papi quería que estudiara en el Tec de Monterrey una carrera productiva —igual que mi hermana—, incluso me propuso irme a estudiar a Europa… y yo, de aferrada, elegí irme a estudiar Escritura Creativa a Texas… Mi tirada era después cursar una maestría y un doctorado en Letras en la Gran Manzana… Ya me veía viviendo en Nueva York.
—Vecina… no me ha dicho por qué tuvo que salirse de la licenciatura en Austin.
—Esa es otra historia para una novela ¡negra!… y no estoy lista para contarle ese periodo de mi vida.
—Como usted diga… pero no ha terminado de contarme del secuestro por el que está preso su ex morrito Elijah.
—Ahorita no tengo ánimo para eso tampoco. ¿Me perdona?
—¡Clarinetes, vecina!… Usted manda.
—Vecino… ya terminé de leer su OBRA REUNIDA de poesía… Me tardé porque la leí de a poquito, para disfrutarla… Es muy refrescante, irónica, llena de humor y pone a reflexionar a la vez.
—Mil gracias por su crítica positiva.
—Por cierto, ¿cómo le fue a ese libro con las críticas y las ventas?
—Tuvo buena acogida. Tuvo muchas reseñas a nivel nacional… críticas, pocas. Se tiraron mil ejemplares y los últimos 50 los tengo yo… La Editorial Veracruzana la vende en digital y todavía se encuentran ejemplares en Amazon y Mercado Libre.
—¡Presumido!.. ¿Y le pagaron regalías?
—No… Me pagaron con 100 ejemplares, así se acostumbra con la poesía; te pagan con el 10 por ciento del tiraje… Con “Policía de Ciudad Juárez” (2013), mi única novela, Océano me dio un jugoso cheque… y al año de su publicación recibí mi primer cheque por regalías, por un monto de 50 mil pesos… y así… El último cheque que recibí fue de 2 mil quinientos pesotes en el 2020. Se sentía chido que cada febrero te llegara esa lana.
—¿Y la segunda novela, pa’ cuándo nos la aventamos?
—Calmada, vecina… no son enchiladas.

