La ciudad despertó con la noticia de que el hombre más poderoso de Irán había sido asesinado. El ayatollah Alí Jamenei, líder supremo de la República Islámica desde 1989, murió a los 86 años en un ataque que sacudió el centro de Teherán y abrió una nueva etapa de tensión en Medio Oriente. Durante 36 años fue la máxima autoridad política y religiosa del país, por encima del presidente, árbitro final de las decisiones estratégicas y símbolo del sistema instaurado tras la revolución islámica.
De acuerdo con notas difundidas por el gobierno iraní, nació el 17 de julio de 1939 en Mashhad, en el seno de una familia religiosa chiita de origen azerbaiyano, Jamenei fue padre de seis hijos y se formó en estudios coránicos en Irak y en la escuela religiosa de Qom, además de cursar estudios en la Universidad de Teherán. Desde la década de 1960 participó en el movimiento islámico contra el sha Reza Pahlevi. Fue encarcelado en varias ocasiones y enviado al exilio interno antes del triunfo de la revolución de 1979.
Tras la caída del sha, ocupó cargos clave en la nueva estructura del Estado, entre ellos viceministro de Defensa y representante en el Consejo Superior de Defensa. En 1981 fue electo presidente para dos mandatos consecutivos. En junio de 1989, tras la muerte del ayatollah Ruhollah Jomeini, asumió como líder supremo. Aunque enfrentó dudas iniciales por no contar con el mismo peso religioso ni el carisma de su antecesor, se consolidó progresivamente como la figura central del poder iraní.
Durante su mandato fortaleció el sistema de gobierno clerical y convirtió a la Guardia Revolucionaria en un actor dominante en el ámbito militar, político y económico. Reprimió movimientos reformistas y protestas en distintos momentos, incluidos 2009, 2017, 2019 y 2022. Al mismo tiempo, proyectó la influencia regional de Irán mediante alianzas con Siria, Hezbollah en Líbano, Hamás y los hutíes en Yemen, en el llamado Eje de Resistencia.
La confirmación oficial de su muerte llegó la madrugada del domingo. A las cinco de la mañana, hora local, un presentador de la televisión estatal iraní anunció entre lágrimas el fallecimiento, mientras la pantalla mostraba imágenes de archivo con una banda negra en señal de luto. Medios oficiales informaron que Jamenei murió en su despacho, ubicado en un complejo en el centro de Teherán, donde se encontraba cuando comenzó el ataque conjunto lanzado por Israel y Estados Unidos contra su residencia el sábado. La televisión no precisó las circunstancias exactas del deceso ni mencionó directamente los bombardeos.
El presidente iraní, Masud Pezeshkian, advirtió que el asesinato no quedará sin respuesta y aseguró en un comunicado difundido en su canal de Telegram que quienes organizaron y ejecutaron el crimen se arrepentirán. El gabinete anunció 40 días de luto oficial. Horas antes, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, había declarado la muerte de Jamenei y lo calificó como una de las personas más malvadas de la historia. La noticia marca el final de una era y deja a Irán ante una transición incierta.

