Janitzio Alejandro Villamar Rodríguez, es licenciado y Maestro en Letras Clásicas por la UNAM. Es profesor-investigador de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (U.A.C.M.) desde 2003. Ha dirigido revistas literarias (Equipo Mensajero, entre otras), pertenecido a Consejos Editoriales de revistas literarias (Luz desde el inframundo, entre otras), y académicas (Andamios y Tianguis de Letras, de la propia U.A.C.M.), al de la U.A.C.M. y ha sido dictaminador de otras (Nova tellus, U.N.A.M.) y Contactos (U.A.M.). Fue corresponsal de la revista Sinalefa (New York, Estados Unidos) y Embajador Cultural de la Fundación Max Aub (Segorbe, España) en México.
Ha sido traducido al inglés, francés, ruso, alemán, italiano, portugués, sueco, latín y náhuatl. Ha publicado 29 libros de poesía, cuento y novela.
-¿Qué es la poesía?
Para mí, es entrar en trance y derramar sentimientos, pensamientos, sonido. No creo que se ajuste en lo absoluto a las definiciones tradicionales, pero así vino la poesía y la literatura en general, aunque a veces tenga un plan preestablecido.
-¿Qué te llevó a las letras y a especializarte en Letras Clásicas en la UNAM?
Me enseñaron a leer muy pronto, por esas ideas de que se podía enseñar a leer a un bebé. Mis papás estudiaron para maestros inicialmente. Después, mi mamá se especializó en matemáticas: licenciatura, maestría, doctorado y posgrados, y mi papá estudió un poco de mucho: guitarra clásica en el Conservatorio Nacional, antropología en la ENAH y, finalmente, pedagogía en la UAS. Mi abuelo paterno leía un poco de todo y acudía a las presentaciones de autores contemporáneos: Rafael Alberti, German List Arzubide, entre otros, como hay constancia en las dedicatorias de los libros. Se aprendía muchos poemas de memoria. Algunos se hicieron tradición en mi familia, de manera que mi mamá se sabía muchos poemas de memoria: Ruben Darío, Nicolás Guillén, José Martí, entre muchos otros. Creo que de allí heredé el gusto por la poesía y la literatura en general.
Me pusieron a leer obras de Juan Ramón Jiménez o de Saint Exupéry. Al mismo tiempo, mi mamá nos leía novelas y cuentos muy variados, desde Dostoievski hasta Poe y Lovecraft, y ciencia ficción. A los pocos años, no pude esperar que la lectura continuara la noche siguiente y la emprendí yo solo. Pronto se convirtió en vicio. Con el tiempo, me fui dando cuenta de que los autores griegos y latinos y toda la tradición grecolatina estaba detrás de la mayoría de lo que leía, veía y escuchaba, sobre todo. Supe entonces que, si quería que mis obras tuvieran contenido y no sólo historias o sentimientos, tenía que aprender y comprender la tradición clásica, que es la dominante en el mundo occidental. Sin dudarlo, elegí clásicas cuando llegó el momento y no creo haber elegido mal.
-Produces a un ritmo impresionante: docenas de libros de poesía, narrativa, teatro, traducciones. ¿Escribes todos los días? ¿Cuántas horas?
No escribo todos los días, aunque me gustaría, pero la vida no me da tiempo para hacerlo. Sin embargo, como dije, cuando me siento frente a la hoja en blanco o actualmente ante el teclado de la lap, no puedo parar. De repente, me olvido de todo lo que hay a mi alrededor y sólo existe lo que se está armando mediante palabras y sonidos. En cuanto a las traducciones, simplemente me enfrento al texto y trato de comprenderlo lo mejor posible; no me conformo con los diccionarios, porque son muy limitados, trato de generar a través del contexto, del estilo, la época, etcétera; en otras palabras, de comprender el texto antes de vestirlo en español y de que sea comprensible para el lector promedio en español.
-De la literatura mexicana contemporánea, ¿qué autores te parecen imprescindibles y cuáles sobrevalorados?
Debo antes declarar que la literatura mexicana inicia, para mí, con Sor Juana, a quien considero genio indiscutible de la lengua. Tras ella, hay gran cantidad de autores que valoro, pero sería muy larga la enumeración. Trato de leer a los autores que van llegando a mis manos o escucho a muchos otros leer sus obras, sobre todo poesía.
Sin embargo, actualmente prefiero leerlos más que oírlos, porque muchos autores “engalanan” sus obras al leerlas y después ya no encuentro lo que parecía estar allí. Creo que vivimos un tiempo errático, pues se publica casi todo lo que los autores quieren que se publique.
Hay escritores con grandes carencias, desde faltas de ortografía tan terribles que resultan ilegibles, pasando por quienes no pueden armar una oración, que actualmente resultan legión, pero son muy “valorados” por el amiguismo que todo permea y por la publicidad de las grandes editoriales. El que más grita y se auto alaba es el mejor. Prácticamente toda la “pléyade” de escritores llenos de becas y premios carecen de las herramientas mínimas para escribir literatura.
Muchos son ilegibles por su pésima redacción, otros porque están llenos de contradicciones internas o porque lo que dicen carece de sentido (suena rimbombante, pero no tiene significado). Entiendo en gran medida lo que sucede, porque es imposible conocerlo todo, leerlo todo, en fin, pero el amiguismo actual tiene mucho de corrupción, y esto lo he vivido ya muchas veces.
Algunos autores, descaradamente, me han pedido tener sexo conmigo para darme prebendas y otros se han apropiado de mis obras y han ganado premios de teatro, poesía y cuento con ellas. Me parece que el mundo literario mexicano es más eso que cualquier otra cosa. Prácticamente no veo autores con obras muy importantes en la actualidad, aunque, insisto, no soy capaz de leerlos a todos. Muchos autores que tenían gran talento fueron cooptados por el sistema y convirtieron su talento en un modus vivendi, por lo que se corrompieron y con ellos su literatura.
-Mencionas la importancia del “documento” en la obra. ¿Escribes con la conciencia de estar dejando testimonio de una época?
Creo que nadie está exento de ser testimonio de su época o esclavo de su tiempo, porque la lengua cambia. Las palabras que usamos son propias de nuestra época. Ya que mencioné a Sor Juana, podemos ver el uso de ciertas palabras, algunas ya en desuso, que no permiten llamar a Sor Juana contemporánea, más que metafóricamente, o que todo mundo la lea, porque se ha vuelto difícil de comprender por su lengua, un tanto arcaica.
Por lo tanto, mi obra es testimonio de la época en que me tocó vivir, aunque “rompe” con estructuras y juega con la lengua hasta donde mi imaginación y “pericia” me lo permiten. Algunas de mis obras tienen raíces tan profundas en eventos que van sucediendo, que no podrían ser llamadas de otra forma, por ejemplo, las que trata del genocidio en Palestina o las que hablan en contra del colonialismo.
-¿Qué opinas de la actual política mundial? ¿Hacia dónde va el mundo?
Como acostumbro leer sociología, historia, filosofía, antropología, entre muchas otras ciencias, leo a quienes contestan a esa pregunta a su manera. Primeramente, veo la descomposición de las élites, que no es nueva en lo absoluto, pero que los medios de comunicación actuales permiten desnudar casi al instante.
Veo que masivamente, la gente se da cuenta que el sistema actual no funciona, pero la feminización de otros sistemas no les permite pensar en ello. Me refiero al socialismo, por ejemplo; máxime al comunismo. Para Marx, eran etapas de la evolución humana. El capitalismo está llegando a su fin, fin acelerado por el acceso a la información que tenemos ahora, sobre todo gracias al internet. Vivimos la desmoralización de todo lo tradicional. Por ejemplo, con Michel Onfray acudimos a la muerte de Sigmund Freud y del psicoanálisis y de la filosofía idealista. Con Thomas Piketty vivimos el fin de los mitos de la igualdad y de la economía capitalista con argumentos que nunca antes habíamos visto. Noam Chomsky se ha encargado de desmontar muchos mitos y paradigmas del capitalismo. Y podríamos agregar a muchos otros.
Vemos que producir masivamente para una sociedad de consumo va camino a la destrucción de nuestros recursos y que nos estamos ahogando en engaños acerca de casi todo: estereotipos de belleza que ya no aguantan la mínima reflexión y cuestionamiento, medicinas que no son medicinas, ideologías que han tratado de mantenernos obedientes y aletargados, valores que no son los valores del mundo real, sino meras fachadas para que sigamos creyendo en las “bondades” del sistema actual.
Vivimos epidemias de todo tipo de control: drogas, sexo desenfrenado y que cada vez resulta más insatisfactorios sin ser extremoso, alcoholismo, prostitución, gordura, etcétera. ¿Hacia dónde vamos? Hacia rebelarnos contra todo eso y hacia gestar algo más “humano”, en el buen sentido de la palabra, aunque a la mayoría le dé miedo llamarle socialismo.
-¿Crees que el sistema de premios en México está viciado?
No sólo lo creo, lo sé. Como ya lo mencioné, me han ofrecido prebendas, llámense premios y becas, a cambio de sexo. He conocido infinidad de jurados que otorgan los premios a sus amigos por sexo, dinero o intercambio de prebendas: yo te doy este premio y tú me das el otro. De hecho, si hiciéramos una revisión de quienes han obtenido becas y premios, y no me refiero a los recientes, sino a muchos anteriores, no todos, nos daríamos cuenta de que, incluso los Nóveles son casi desconocidos para la mayoría. Los premios, actualmente, casi son una medida de lo corrupto que es quien los obtiene, lo mismo que las becas. Recalco “casi”.
-¿Qué opinas sobre la carta moral del INBAL para el Premio Aguascalientes que ha generado tanta controversia?
Primero, el Premio Aguascalientes tiene mucho que no se otorga a poetas. Así de grave parece la situación actual. Desde hace por lo menos 20 años se otorga a quienes dicen escribir poesía, pero que en la práctica carecen del oficio e incluso de sentido y, por supuesto, no son los mejores ni de los mejores en el momento en que recibieron el premio. Hay contadísimas excepciones.
Sobre la carta moral, me parece ridícula, pues ya se ha visto que ha servido como servilleta o como papel higiénico, porque los jurados no la respetan y mucho menos los premiados y becados; siguen entregándose premios y becas entre grupos de amigos. Muchas veces sale a la luz la relación entre unos y otros y no hay límites: entre amantes, jefes y subordinados, hermanos…
La propaganda oficial sigue pregonando que esos autores son los buenos y la maquinaria oficial los sigue premiando, publicándoles en todos lados y pagándoles por todo: folletos, libros mandados a hacer, talleres, conferencias, etcétera. ¿Para qué una “carta moral”? Es como decirle a la sociedad que el SNCA trata de inhibir la corrupción, pero en realidad la fomenta, porque la carta moral solo sirve para decir que no hay corrupción en el SNCA, porque quienes participan firmaron una carta moral.
Sin embargo, el valor es el premio y la beca, porque permite ser conocido y embolsarse sumas de dinero importantes. Ese es el fin y, mientras no cambie, los premios y becas seguirán siendo promotores de corrupción.
-Traduces del griego, latín, francés, ruso e inglés, ¿hasta cuñando consideras que es vñalido modificar un poema para preservar su espíritu en otro idioma?
Hay dos grandes escuelas de traducción, la que defiende el sentido, aunque se pierda la forma, y la que defiende la forma, aunque se modifique algo el sentido. Yo trato de recuperar el sentido. Me parece que esa es la esencia de la filología, investigar qué nos pusieron a decir los escritores del pasado, o los del presente.
De tal manera, el “espíritu” del poema estaría en el significado del poema. Yo voy hacia ese lado, pero no me conformo, y aunque me lleve muchos años, busco la forma más cercana de decir lo que dijeron los autores o, en otras palabras, que la forma también dé cuenta de la forma en que lo dijeron.
No obstante, no siempre es posible: en español no hay casos, y en griego y latín, sí. Trasladar las figuras que se basan en el uso de casos al español, resulta prácticamente imposible, aunque las imitemos con nuestras preposiciones.
-¿Qué planes tienes a futuro? ¿Qué estás escribiendo?
Espero poder publicar más de lo que publico ahora, porque, como lo dijiste, escribo muy rápido y se queda mucho sin publicar. En planes, tengo pensado terminar de publicar la serie de cuentos de terror que se publicaron originalmente en Dracula´s Magazine, la primera revista de terror en México, una novela de hombres lobo, unos cuentos de zombis y varios poemarios que se irán armando con lo que suceda; por ejemplo, un cuarto volumen de Modelaje, pero aún no he participado en suficientes sesiones de modelaje para que cobren forma.
También quiero publicar mis traducciones, pero siempre me he topado con trabas de las instituciones que se asustan por la cantidad de textos y la “influencia” que terminan teniendo muchos de ellos, particularmente mis ensayos.
Los libros más recientes de Janitzio, cuento: Las tumbas de Calakmul y otros cuentos de terror (Estigia, 2015), Loup garoup y otros cuentos de terror (Estigia, 2019) y Mi padre es un zombie (Estigia, 2022). Novela: La caída del espectro. Trilogía Yagh 1 (Estigia, 2010), Desolación. Trilogía Yagh 2 (Estigia, 2018) y Cenizas y fuego ardiente. Trilogía Yagh 3 (Estigia, 2023). Poesía: Imagínate cómo besa (Estigia, 2020), Modelaje 1 (Estigia, 2021), Modelaje 2 (Estigia, 2021), Modelaje 3 (Estigia, 2024), Verraco/Canto a la belleza (Estigia, 2024), Violencia de pájaros (Estigia, 2025) y Discriminación (Estigia, 2025), en preparación.
Actualmente dirige el Proyecto Equipo Mensajero (biblioteca, hemeroteca y Centro de Estudios Literarios). Ha publicado más de un centenar de plaquettes. Coordina el Foro Nacional de Poesía y el Carnaval del Terror, dirige Editorial Estigia (editorial y agencia de noticias) y la Agencia Literaria El Gato Negro (marketing y representación autoral).

