Alonso Díaz de Anda nació en Guadalajara, Jalisco, México, en 1981. Es fotógrafo de calle, escritor y gestor cultural formado en Tijuana, Baja California. Su trabajo concibe la cámara como una herramienta de escucha visual, una práctica fundada en la observación paciente que busca en los gestos cotidianos, los rituales urbanos y las pausas del espacio público los símbolos que revelan la memoria colectiva.
Es fundador y director de Postal 5.6 (México, 2019), comunidad internacional de fotografía de calle, y creador del ciclo expositivo Ecos Cardinales (México, 2022–2025). Cuenta con una sólida proyección internacional. Fue galardonado con el primer lugar en el certamen Trazos de Tradición (Alemania, 2024) y ha participado en exposiciones y festivales de relevancia global como el Tokyo Street Photography Festival (Japón, 2026), el Buenos Aires Street Photo Festival (Argentina, 2025) y el Street Photo Fest en Atenas (Grecia, 2025 y 2026), exponiendo en la Athens School of Fine Arts. Además, fue semifinalista en el Mexico Street Photo Fest (México, 2025).
En Roma, Italia, fue convocado como jurado internacional para la 3ª edición de RomePhotoLab (Italia, 2026), integrando la exposición del jurado The Sharpest Edge – Stories from the Street, junto a referentes como Matt Stuart, Jonathan Jasberg y Ximena Echague, además de participar ese mismo año en el Roma èFestival (Italia, 2026).
En el ámbito nacional, fue finalista del 27° Concurso Nacional de Fotografía Cuartoscuro (México, 2026), con la obra “Lo que cuelga del pasado” (publicada en la edición #189 de la revista y exhibida en el Centro Cultural El Tunal en Zacatecas), seleccionado en el Congreso Mexicano de Antropología Social y Etnología (COMASE, México, 2026) en Puebla y finalista en México en una Imagen (México, 2025), exhibido en el Museo Soumaya. Su obra ha sido publicada en medios especializados como Eye Shot (Italia, 2024), Docu Magazine (Finlandia, 2024), Refreacción (México, 2024), la revista Border (México, 2026) y en el fotolibro Música y Resistencia de la UACM (México, 2025).
—¿Cómo llegaste a la fotografía de calle? ¿Hubo una imagen o un momento detonante?
Llegué a la fotografía de calle de manera muy natural, tal como nos ocurre a muchos. Una vez que tienes una cámara en la mano, lo primero que haces es salir a caminar, observar a la gente y buscar qué aspectos de la vida cotidiana capturan tu atención. Sin saberlo del todo al principio, así es como uno empieza a afilar la mirada, buscando esos detalles extraordinarios dentro de la normalidad del día a día.

Con el tiempo, te das cuenta de que este ejercicio continuo de salir al encuentro del entorno cotidiano ya tenía un nombre: fotografía de calle. Respecto a un momento o imagen detonante en específico, más que una sola fotografía, lo que realmente despertó mi fascinación fue descubrir en conjunto la obra de grandes referentes clásicos como William Klein, Robert Frank o Vivian Maier, cuya visión del espacio público transformó la mía.
—Naciste en Guadalajara, pero te formaste en Tijuana. ¿Qué marcó esa frontera en tu manera de ver?
Vivir en Tijuana me enseñó a comprender y a mirar la vida de una manera muy particular, empezando por el hecho de estar en la frontera más transitada del mundo. La dinámica de la ciudad está moldeada por la migración, por miles de personas que, al no cruzar hacia Estados Unidos, decidieron hacer de Tijuana su hogar. Eso genera una multiculturalidad inmensa y profundamente rica, donde convergen identidades de todos los rincones del país. Esa diversidad me entrenó para observar con mayor atención los matices en el comportamiento y las formas de ser de cada individuo. Además, esa convivencia constante entre dos culturas separadas solo por una línea, compartiendo la cotidianidad con una frontera de por medio, terminó por afinar mi sensibilidad para detectar y plasmar en imágenes los detalles más sutiles de ese permanente intercambio cultural.
—¿Qué fotógrafos o corrientes influyeron en tu forma de mirar el espacio público?
Al principio, como mencionaba, referentes fundamentales como William Klein y Robert Frank moldearon mi primera aproximación al espacio público. Con el tiempo, me sentí profundamente influenciado por el movimiento japonés Provoke y la fuerza de su estética. Hoy en día me interesa mucho la agudeza e ironía visual del trabajo de Matt Stuart.

Sin embargo, a lo largo de los años mi mirada también se ha alimentado del trabajo de mis contemporáneos. La obra de Pavel Vélez ha sido una gran inspiración y un aprendizaje constante, así como la de colegas como Chuy del Río, Edgar Silva-Fuentes, Héctor Faya, Eduardo Ortiz, Gustavo Minas o Ximena Echague, por mencionar solo a algunos de una lista inmensa. Asimismo, mi labor como director y curador en la plataforma Postal 5.6 me brinda la oportunidad de analizar de cerca el trabajo de muchísimos fotógrafos emergentes y consolidados, lo cual, sin duda, ha sido fundamental para seguir afilando y reconfigurando mi propia mirada.
—¿Qué papel juega el azar frente a la intención en tu trabajo?
El azar es el elemento natural de la calle; es algo que simplemente sucede y no podemos controlar. Sin embargo, es la intención del fotógrafo la que entra en juego para poder transformar ese instante fortuito en una imagen. Escenas extraordinarias ocurren todo el tiempo, pero la diferencia entre una foto ordinaria y una contundente radica precisamente en cómo nos plantamos frente a ese azar y con qué intención decidimos abordarlo. En la fotografía de calle hay que aprender a leer las situaciones de inmediato, intuir el ritmo de la escena y adelantarnos a los hechos. Solo así logramos que el azar trabaje a favor de la composición, permitiéndonos construir una imagen poderosa y con carácter.
—¿Qué es Ecos Cardinales y qué buscabas explorar con ese ciclo expositivo?
Ecos Cardinales es el Encuentro Internacional de Fotografía de Calle organizado por Postal 5.6, la plataforma que fundé, dirijo, coordino y de la cual también soy curador. Se trata de un ciclo expositivo anual que nació para conmemorar el aniversario del proyecto y con la visión de consolidarse como una de las muestras de fotografía de calle más nutridas de Latinoamérica y con mayor proyección internacional.
A lo largo de sus cinco ediciones, el ciclo ha itinerado por recintos e instituciones culturales clave, como el Museo del Pulque y las Pulquerías, el Centro Cultural El Rule y Casa Talavera en la Ciudad de México; el Centro Queretano de la Imagen en Querétaro; la Feria Nacional de San Marcos en Aguascalientes; y, recientemente, la Galería Germán Gedovius, del Teatro de La Paz, en San Luis Potosí. Fue precisamente ahí donde celebramos Ecos Cardinales Volumen 5, reuniendo la obra de 177 fotógrafos provenientes de 25 países.
Más allá de la exhibición, con este proyecto buscamos crear un punto de encuentro, diálogo y convergencia para creadores de distintas latitudes, fortaleciendo la cultura visual contemporánea y tejiendo una comunidad activa, vibrante y en permanente expansión.
—Has expuesto en Tokio, Buenos Aires, Atenas y Roma. ¿Cambia la fotografía de calle según el continente, o hay algo universal en ella?
Es una respuesta compleja. En la fotografía de calle, la mirada siempre depende de la persona que está detrás de la cámara, de su historia, de los libros que lee, la música que escucha, el cine que consume y las personas con las que camina el día a día. Esos referentes personales son los que le imprimen intención a cada toma, y creo que ahí radica precisamente lo universal de este género. Lo universal en la fotografía de calle es la particularidad de cada autor. No existe una manera estandarizada de registrar la calle; cada quien tiene un método y una sensibilidad distintos, y eso se refleja de inmediato en el trabajo de cada fotógrafo.
Por supuesto, el contexto geográfico sí aporta matices. La luz, la arquitectura, el ritmo del tránsito y las dinámicas sociales cambian radicalmente entre continentes o ciudades. Esos escenarios dictan la atmósfera de la imagen, pero la esencia que conecta con el espectador en Tokio, Roma, Buenos Aires o México sigue siendo la misma: la condición humana capturada desde una mirada profundamente personal.
—¿Qué diferencia percibes entre cómo se valora la fotografía de calle en Europa y en México?
Más que hablar de una valoración estética, la diferencia principal radica en la madurez de los circuitos y la infraestructura cultural. En Europa, la fotografía de calle cuenta con una tradición histórica de mayor recorrido, lo que se traduce en decenas de festivales consolidados, un circuito de galerías receptivo y un público general ya familiarizado con el lenguaje del género.
En México y en varios países de Latinoamérica estamos viviendo un momento clave. En los últimos años ha habido un verdadero boom de creadores, pero la infraestructura aún es incipiente. Contamos con muy pocos festivales o espacios dedicados exclusivamente a esta disciplina en toda la región. Fuera de la comunidad de fotógrafos, el público general aún está descubriendo qué es y qué abarca la fotografía de calle. Por eso, nuestro papel en Latinoamérica no solo es hacer imágenes, sino asumir una responsabilidad de formación, divulgación y gestión. Nos toca crear esos espacios, construir festivales, educar la mirada del público y posicionar a la fotografía de calle como una manifestación artística y cultural de gran valor expresivo y documental.
—¿Cómo ves el papel del fotoperiodismo y la fotografía documental frente a la desinformación y las imágenes generadas por IA?
La fotografía es, en su esencia más pura, un acto presencial. Para que exista una fotografía se requiere indispensablemente de una cámara y de un fotógrafo físicamente presente en el instante y lugar donde ocurre la acción. Por ello, una imagen generada por inteligencia artificial no puede ser fotoperiodismo ni fotografía documental; simplemente pasa a ser otra cosa.
En cuanto a la desinformación, es lamentable que existan sectores que utilicen estas tecnologías para generar caos informativo a través de falsedades. Frente a este panorama, cobra más valor que nunca el rigor ético y la consulta de agencias y medios de absoluta legitimidad como Reuters o Associated Press, que garantizan la autenticidad del material que difunden.
Por otro lado, no estoy en contra de la IA cuando se utiliza con fines creativos o artísticos; me parece una herramienta válida para llevar la imaginación un paso más allá, aunque no sea un recurso que yo utilice en mi trabajo. Sin embargo, considero necesario regular y precisar los conceptos. Generar una imagen de manera sintética no es hacer fotografía. Debería nombrarse de otra forma, pues carece de la vivencia, el testimonio y el registro directo del mundo que definen a la fotografía. Como cualquier tecnología, debemos buscar sus pros y acotar sus contras para que sume a la creatividad sin distorsionar la realidad.
—¿Hay temas sociales o políticos que evitas fotografiar? ¿Por qué?
Más que evitar temas por tabú o censura, lo que dicta mi ética es la manera de abordarlos. Sin embargo, procuro no fotografiar a personas en situación de calle o en extrema vulnerabilidad. Salvo que exista un proyecto documental riguroso con una intención legítima de visibilizar una problemática social, retratar a alguien en la calle por el mero hecho de que “desentona” con la cotidianidad me parece una forma de extractivismo visual que exotiza la pobreza y vulnera la poca privacidad que a esa persona le queda.

Considero que cualquier tema puede ser abordado en la fotografía, pero siempre debe hacerse desde el respeto absoluto a la dignidad del individuo. La empatía y el respeto por quien está frente a la cámara tienen que estar por encima de cualquier imagen. Si no hay un compromiso ético ni un propósito claro detrás de la toma, prefiero dar un paso atrás.
—¿Qué proyecto o meta tienes pendiente que aún no se ha cumplido?
Tengo varias metas en mente, pero las principales son consolidar una exposición individual sólida de mi obra y publicar mi primer fotolibro. Soy muy consciente de que para lograrlo se requiere de mucho trabajo y paciencia. No busco simplemente reunir un compilado de buenas imágenes tomadas a lo largo de los años sin conexión entre sí; mi objetivo es construir un cuerpo de trabajo firme, con un hilo conductor claro y un discurso bien articulado, tanto en lo visual como en lo temático.
Es un reto exigente y toma tiempo, pero es el horizonte por el que camino y trabajo todos los días.
Su obra ha sido publicada en medios especializados como Eye Shot (Italia, 2024), Docu Magazine (Finlandia, 2024), Refreacción (México, 2024), la revista Border (México, 2026) y en el fotolibro Música y Resistencia de la UACM (México, 2025).

