Daniel Mir nació en 1971 en la Ciudad de México. Estudió Lengua y Literatura Hispánica (UNAM) y el diplomado de la Creación Literaria (SOGEM). Fue director de Yerba Mala, Revista de Abecedario y coordinador de colaboradores de la revista de poesía Alforja y editor de Ediciones Alforja, así como miembro de editorial Nautilium y de la revista Oráculo de Poesía.
En entrevistas con Poetripiados, el autor recuerda cómo empezó a escribir, su obra y algunos temas de la literatura mexicana.
-¿Cómo empezaste a escribir y cuándo decidiste dedicarte a la poesía?
Yo empecé a escribir desde joven, desde la primaria. Me llamaba la atención contar historias y empecé queriendo escribir cuentos; también hacía una especie de pensamientos que me llevarían a la poesía más tarde. En la escuela en donde yo estudié, el Instituto Luis Vives —un colegio fundado por exiliados de la Segunda República española—, se escuchaban las canciones de Joan Manuel Serrat que retomaban los poemas de Antonio Machado y Miguel Hernández.
Cuando pase a la secundaria ya llevaba un libro de las poesías completas de Antonio Machado, editadas por Aguilar que había sido de mi abuelo. Era un tomo de piel en papel arroz que yo memorizaba y fue mi primer acercamiento a la poesía. Un acercamiento a poemas de tipo filosófico, en donde también se incluirán los textos de Abel Martín y su discípulo Juan de Mairena (heterónimos de Antonio Machado). Creo que fue entonces, o un poco antes, a los 14 o 15 años, cuando decidí dedicarme a escribir poesía. Luego vinieron otros autores: Gustavo Adolfo Bécquer, Pablo Neruda (Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto) y muchos más.
– ¿Cómo fue crecer en la Ciudad de México en los años setenta y ochenta?
Crecer en la Ciudad de México en los setenta y ochenta fue muy diferente a vivir, ahora, en la urbe que existe hoy. Antes de los ejes viales. La geografía se ha modificado. Y la ciudad, siempre en obras, va cambiando de rostro. Aunque desde aquella época se escuchaban las historias de los robachicos y nos decían que debíamos tener cuidado, no tiene nada que ver con la inseguridad de hoy en día. Eso sí, ya era una ciudad grande, no se podía conocer toda; se habitaba en una parte de la ciudad y se hacía vida en ésta. Yo crecí primero en la zona céntrica de la ciudad, por la colonia Nápoles; después me fui muy lejos, en la zona de las barrancas, arriba de Mixcoac (por cierto, en ese Mixcoac en donde vivió Octavio Paz, en casa de su abuelo Irineo). Viví subiendo la Barranca del Muerto, no la calle, sino el reachuelo que estaba en una de esas barrancas. Era distinto de donde pasé mis primeros años; era como si me hubiera mudado a otra ciudad. En aquel tiempo llegué a ver animales pastando a un lado de mi casa.
Ser habitante de la Ciudad de México es vivir en muchos ambientes. No es el mismo ambiente el centro que Xochimilco con su gran lago. Así que Tacubaya y Tlalpan no se parecen en nada. O Tlatelolco no tiene mucho que ver con Coyoacán. Así que yo tendría que decir que fui habitante del centro y poniente de la Ciudad de México.
– ¿Qué autores te marcaron?
Antes dije que mis primeras influencias fueron los poetas españoles Machado y Bécquer, en la poesía. Después hubo muchos más: Gonzalo Rojas, Pablo Neruda, Rainer Maria Rilke, los poetas del Siglo de Oro, por decir algunos. También me marcaron los talleres de poesía que he tomado, con Homero Aridjis, Enriqueta Ochoa, Saúl Ibargoyen, Jaime Augusto Shelley, Francisco Hernández. El que tomé con mi amigo Marco Tulio Laison y que me permitió conocer a dos grandes amigos, lamentablemente ya fallecidos, Salomón Villaseñor y Raúl Aguilera, con los que logré hacer proyectos literarios y que seguramente influyeron directa e indirectamente en mi obra.
– ¿Qué temas toca tu poesía y qué lugar tiene el erotismo en tu escritura?
Mi poesía aborda ciertas cuestiones recurrentes: el tiempo, la existencia, la palabra y la incapacidad de nombrar lo indecible, el amor. En esta última temática se encuentra el erotismo que, muchas veces, aparece de manera sutil, pero que ahí está presente, como cuando digo:
“Por el sonar de este viento en tus caderas
y un leve alboroto en el silencio.”
Creo que el erotismo sí está presente en muchos de mis poemas, en donde está el amor y la figura femenina.
-¿Qué lugar tiene la poesía mexicana dentro de la poesía hispanoamericana y la global?
Dicen de manera coloquial que, en México, en cada piedra que levantas, se descubre un poeta. Hay y hubo muchos poetas a lo largo del territorio de México, con muchos timbres y tesituras. Así podemos recordar a grandes poetas mexicanos desde el virreinato o antes, tomando en cuenta a los Quince poetas del mundo náhuatl, rescatados por Miguel León-Portilla. En este contexto, la poesía mexicana se une con otros poetas de la tradición hispanoamericana y forma parte del abanico de esta zona.
Así como las literaturas europeas nutrieron a las hispanoamericanas a partir de la segunda mitad del siglo XIX, la poesía hispanoamericana nutrió a las letras europeas; primero con el modernismo de Rubén Darío y su Azul, seguido por los poetas mexicanos Amado Nervo, Manuel Gutiérrez Nájera o Salvador Díaz Mirón como parte esencial de este movimiento; después con otros movimientos y poetas. Tal es el caso de las vanguardias de principio del siglo XX como el creacionismo de Vicente Huidobro o el surrealismo de César Vallejo.
-Como estudioso de la literatura y lector, ¿qué opinión te merece lo que pasó con la novela del escritor peruano David Silva Rojas, Donde el agua trabaja, ganadora del Premio Almadia-Arrufat, y sobre lo que se dijo al respecto? ¿Consideras que algo escrito con IA tiene valor literario?
Para hablar más del asunto y a profundidad, necesito leer la novela que al momento no he podido conseguir, pero, sin lugar a dudas, esta noticia ha sido ampliamente comentada en medios y en las redes. Hace poco el autor dijo que nada de lo dicho es verdad, pero la duda está en el aire. La inteligencia artificial cada vez estará más presente, y levantará polémica no solo en el área de las letras, sino en todas las ramas artísticas, porque puede imitar al arte. Es algo peligroso, tanto por poder suplantar la voz del artista como por levantar suspicacias sobre su utilización o no, como afirma Silva Rojas que no pasó. Pero el meollo del asunto es si una obra artística se demerita si se usa este tipo de herramientas. Es como si dijéramos que una cuenta no está bien hecha, moralmente, porque se utilizó una calculadora y no el razonamiento matemático. ¿No sería labor de los estudiosos o críticos el valorarla y no el del detector de IA, Pangram? ¿Y si se lograra una obra de buena hechura, la demerita el saber que en esta se usó la IA? Son reflexiones que cada vez más tendremos que hacer.
– Y en tu vida laboral, has escrito y editado libros de texto para primaria, secundaria y bachillerato en editoriales como son Castillo, Santillana, Pearson, Oxford y SM. ¿Cómo es ese trabajo?
Yo cuando lo empecé a hacer, lo tomé como una forma de colaborar en el saber a través de los libros. Es decir, antes había dado talleres de literatura en el Politécnico Nacional y en la Escuela de Escritores de la SOGEM y de literatura, en preparatoria. Dejé las clases de prepa y pensé que escribir libros de texto era otra forma de contribuir a la enseñanza. A eso me he dedicado más de veinte años y ha sido muy satisfactorio. Pocos años después de ser autor de libros de texto, esencialmente de español, empecé a editar, que es algo que también me apasiona. El trabajo de este rubro de la edición es un trabajo especializado. Un editor de libros no necesariamente es editor de libro de texto; eso requiere otros saberes. Es necesario, por ejemplo, conocer la interpretación de los programas en los que se basa la estructura de los libros. También este tipo de libros está lleno de detalles; la iconografía es compleja porque se tienen que marcar muchas cosas. Es un trabajo laborioso, pero lleno de grandes satisfacciones. El pensar que este tipo de libros se utilizarán para aprender, es una gran responsabilidad.
-¿Cómo ves el trabajo de corrección y edición en México? ¿Son trabajos bien pagados?
El trabajo de corrección de edición en México no está bien pagado como debería. Si bien la corrección es necesaria cada vez que se edita un libro, los márgenes de ganancia en la industria editorial mexicana no logran ser lo suficientemente redituables como para que sea bien pagado. La edición es lo que en la música es la dirección de orquesta. El editor es el encargado, con todo su equipo (portadistas, correctores, diseñadores, ilustradores, etcétera), de que el manuscrito llegue a buen puerto y salga con un libro libre de errores. Lo cual es más difícil de lo que parece.
Por otro lado, los diferentes tipos de libros requieren distintas formas de corregir y editar. Los libros de literatura requieren menos corrección que los de texto o técnicos; en los primeros quizá baste una revisión de estilo y una ortotipográfica. Sin embargo, los de texto tienen un grado de especialización diferente; digamos que en éstos la corrección es más meticulosa, pues hay muchos cambios. También hay que considerar que debe haber una revisión técnica para evitar errores conceptuales. Seguramente el trabajo de edición y corrección debía pagarse mejor por ser detallista.
– ¿Sigues dando clases? ¿Dónde?
Actualmente, como dije antes, no doy clases de español, pero sí sigo abriendo talleres de creación literaria y de poesía, sobre todo en línea. Esto tiene que ver con lo que nos dejó la pandemia. Se empezaron a ver otras posibilidades en el uso de las tecnologías. Ahora he tenido asistentes en mis talleres de varias partes de la República Mexicana. Para mí es importante dar este tipo de talleres (el pionero de este tipo de espacios fue Juan José Arreola en la década de los sesenta del siglo pasado). Para mí fue fundamental asistir a talleres de poesía y de escritura. Es algo que me gusta y que considero útil para formar a los escritores. Tomé muchos, incluyendo los de la Escuela de Escritores de la SOGEM.
-¿En qué trabajas actualmente? ¿Qué estás escribiendo?
Sigo haciendo trabajo editorial, a veces como corrector, editor o como autor. Es algo que espero siempre hacer. También tengo planeado abrir nuevos talleres de poesía y de creación literaria, así como una nueva revista dedicada a la producción de distintos talleres literarios; es algo que considero necesario (siempre me ha gustado hacer revistas).
En el plano creativo, el año antepasado publiqué una antología personal titulada Próxima palabra que recuerda mis primeros treinta años dedicados a la labor poética (1993-2023). De la misma forma, quisiera reeditar un poema de largo aliento que siempre me gustó: Deslave marino.
Actualmente, estoy empezando a escribir tres poemarios con el título provisional de Memorias de mi padre, que serán un homenaje a la figura de mi padre y a la historia de la familia.
Su obra poética se ha publicado en revistas de España, Argentina y Estados Unidos, y diversas antologías. Sus libros de poesía son Estrella madre y los días urbanos; De luz las nuevas horas; Desierta luz; Del crepúsculo y los decapitados; Deslave marino; Partevientos, Historia de los nombres y Próxima palabra (antología personal).


