Estoy escuchando el nuevo disco de Fat Dog y hay algo que me produce una alegría particular: estas bandas inglesas todavía quieren abrir las ventanas. Todavía quieren sacar el post-punk de su habitación, quitarle un poco de humedad, conectarlo a otra cosa y ver qué sucede cuando deciden meterle electrónica, disco, rave, sintetizadores, psicodelia, western, pop y hasta cierta elegancia setentera. Eso, para mí, ya es motivo suficiente para prestar atención. Porque el problema del post-punk contemporáneo es que se volvió una casa demasiado bien conocida. Entramos, reconocemos el pasillo, sabemos dónde está el bajo, dónde está la guitarra nerviosa, dónde va a aparecer el cantante con cara de haber dormido mal durante tres días y dónde va a caer la batería para que todos podamos decir que, efectivamente, seguimos viviendo en 1979. Fat Dog decidió tirar una pared. Cancel Me (I’m Tired), segundo álbum del septeto londinense y continuación de WOOF. (2024), salió el 2 de octubre de 2026 a través de Domino y fue producido por Oli Bayston. La propia banda lo presenta como un disco que conserva su frenesí electro-punk y se expande hacia el pop electrónico, el rave, la psicodelia, el space rock y hasta pasajes de espíritu country. Y ahí está la palabra que me interesa: expandirse. Fat Dog podría haber hecho otro WOOF.. Tenía todos los elementos para hacerlo. La banda ya había encontrado una fórmula que funcionaba: Joe Love gritando como pregonero de una ciudad a punto de incendiarse, guitarras arañando, sintetizadores disparados como bengalas, batería de rave, punk, electrónica, humor absurdo y una energía de concierto que parecía necesitar un espacio más grande que cualquier club donde intentaras meterla. Entonces decidieron que eso no bastaba. El resultado es un disco que todavía tiene dientes y ahora también tiene luces.
En “Smile and Wave”, la canción que abre el álbum, Fat Dog conserva esa sensación de maquinaria descompuesta que alguien consiguió poner a bailar. La voz de Love aparece casi como una transmisión de emergencia, mientras las capas instrumentales van creciendo, se detienen, vuelven a arrancar. Hay cuerdas, sintetizadores y una batería que entiende que el cuerpo necesita movimiento antes de que la cabeza pueda descifrar qué está sucediendo. Y entonces llega “Go Fuck Urself”. Aquí aparece una de las claves del disco: Fat Dog descubrió que el sintetizador puede ser tan insolente como una guitarra distorsionada. Hay algo de synth-pop, algo de electro-punk y una alegría deliberadamente estúpida en la canción, y debajo de esa superficie existe una precisión rítmica que la convierte en una pieza de pista de baile. Una pista de baile donde probablemente alguien perdió un zapato, otro terminó abrazando a un desconocido y un tercero está intentando explicar por qué el techo parece estar respirando. Después llega la canción que da título al álbum y la maquinaria cambia otra vez. “Cancel Me (I’m Tired)” lleva el grupo hacia una zona más cercana al rave y al Madchester, con un groove que demuestra que el músculo de Fat Dog también puede sostenerse en ritmos más pausados. Y aquí es donde aparece aquello que yo estaba pensando mientras escuchaba el disco: Giorgio Moroder. La conexión está en esa idea de que una máquina puede convertirse en una banda, de que un pulso electrónico puede ser tan insistente y sensual como un bajo tocado por un ser humano, de que la repetición puede hipnotizar una canción. Fat Dog toma esa gramática y la mete en una licuadora con el post-punk. El resultado tiene algo deliciosamente británico y, al mismo tiempo, parece venir de otro planeta. Post-punk para pista de baile.
Lo más interesante es que el grupo sigue explorando. “Heart of Darkness” baja la velocidad y abre una puerta completamente distinta. Aparecen guitarras más delicadas, una melodía casi sentimental, una vulnerabilidad que en el primer Fat Dog podía quedar sepultada debajo del ruido. “Snakes” se mete en una especie de western psicodélico, con guitarra acústica, silbidos y arreglos que llevan la canción lejos del club y hacia un paisaje donde uno esperaría encontrar a un pistolero, un caballo y una cantina llena de humo. Y funciona precisamente por la naturalidad con que Fat Dog incorpora estos recursos. Eso me gusta muchísimo. Hay bandas que anuncian su madurez como si fueran a presentar una tesis doctoral. Fat Dog parece haber entendido algo más sencillo: si ya sabes correr, también puedes aprender a caminar. Joe Love ha dicho que después de tocar durante tanto tiempo el primer disco querían probar otras cosas y que las partes lentas eran importantes para darle dinámica al directo. También ha señalado que muchos grupos encuentran un sonido y después se aferran demasiado a él. Ahí encuentro una de las razones por las que este disco me está gustando tanto. Fat Dog todavía está descubriendo qué banda quiere ser. Y qué bueno. Porque quizá esa sea la condición más fértil para una banda.
“Shit Love” vuelve a meter el acelerador. “Call It What You Want” convierte la rabia en un estribillo que pide ser gritado por un montón de gente sudada. “Bad Dog” recupera la brutalidad frontal. “The Devil” encuentra otra melodía dentro de ese mismo caos. Y “Aliens”, al final, permite que el disco termine con una delicadeza que uno difícilmente habría esperado después de semejante carrera de obstáculos. Eso es lo que más me interesa de la secuencia. Fat Dog aprendió a sincopar su propia locura. Ahora puede administrar la intensidad durante cuarenta minutos y explorar todas sus posibilidades. Puede detenerse. Puede dejar respirar una canción. Puede meter cuerdas. Puede quitar guitarras. Puede utilizar un sintetizador que parece salido de una discoteca de 1978 y después arrojarlo contra una batería de punk. Y de pronto el disco tiene profundidad y volumen. Quizá por eso me viene a la cabeza todo aquello que hablábamos de Protomartyr, Arab Strap y esas bandas que parecen estar un poco arriba de las bandas, esas que uno imagina que nuestras bandas favoritas escuchan cuando quieren recordar que todavía existe un mundo afuera de su propio catálogo. Fat Dog entra en esa conversación por otro lado. Todavía son jóvenes, todavía están construyendo su nombre, todavía tienen esa electricidad de quien puede equivocarse sin que el error se convierta en una tragedia. Y ya hay algo importante en ellos: parecen interesados en seguir evolucionando más allá de la imagen que construyeron con su primer disco. Eso es mucho más difícil de lo que parece.
Porque después de que una banda consigue atención, llega la maquinaria. Festivales, entrevistas, playlists, agentes, sellos, fotografías, expectativas. La industria empieza a describirte y, después de un tiempo, puedes terminar creyendo la descripción. Fat Dog parece estar peleándose con eso a mordidas. Hasta el título del disco tiene esa pequeña trampa. Cancel Me (I’m Tired) suena como una declaración de agotamiento y la banda lo utiliza también como chiste, como provocación, como una manera de burlarse de la cultura de la cancelación. Joe Love ha explicado que el título nació de las bromas internas del grupo y que buscaba conservar ese sentido del humor. Y eso importa porque el humor de Fat Dog funciona como otra capa de protección. Debajo del disparate hay cansancio. Debajo de la fiesta hay ansiedad. Debajo del synth-pop hay una banda que lleva dos años viajando por el mundo y descubriendo que tocar todas las noches también tiene un precio. Por eso el disco puede hablar de familia, adicción, tecnología, inteligencia artificial, amor, ascendencia, extraterrestres y el absurdo general de estar vivos con la libertad de abordar cada asunto desde el humor y la música. Hay algo de nuestra época en esa mezcla. Estamos cansados y seguimos bailando. Estamos saturados y seguimos buscando otra canción. Estamos hartos de las pantallas y pasamos la noche frente a otra pantalla escuchando música. Fat Dog entiende esa contradicción. Y la convierte en ritmo.
Quizá por eso Cancel Me (I’m Tired) me gusta más mientras avanza. Al principio uno puede pensar que simplemente estamos frente a otra banda inglesa de post-punk con demasiada energía y demasiados sintetizadores. Después empiezan a aparecer las grietas: el western, la balada, las cuerdas, la electrónica disco, el pop, el humor, los momentos casi tiernos. Y por esas grietas entra el aire. Eso es lo que quiero escuchar de las bandas británicas ahora mismo: que abran el mapa. Que exploren más allá del uniforme de sus antepasados. Que puedan escuchar a Moroder, a The Human League, a Devo, al rave, al punk, al country, al Madchester, al pop y a quién sabe qué más, y luego meter todo eso en una licuadora hasta que vuelva a salir algo que solamente pueda llamarse Fat Dog. Porque el futuro del post-punk quizá esté en hacerlo bailar, en llevarlo hacia territorios que todavía tiene por descubrir. Y mientras Joe Love ladra, los sintetizadores se encienden y la batería empieza otra vez a empujar el cuerpo hacia adelante, uno entiende que Fat Dog todavía está buscando. Eso, para mí, es la mejor noticia. Que todavía estén en pleno proceso de convertirse en Fat Dog.
Ficha técnica
Banda: Fat Dog
Álbum: Cancel Me (I’m Tired)
Año: 2026
Sello discográfico: Domino Recording Co. Ltd.
Producción: Oli Bayston
Formación: Joe Love (voz, guitarra), Chris Hughes (teclados, sintetizadores), Morgan Wallace (saxofón, teclados), Michael Dunlop (bajo), Jacqui Wheeler (bajo), Johnny «Doghead» Hutch (batería)
Si te gusta…
Viagra Boys, Paranoid London, Wet Leg, Decius, IDLES o Chalk, escucha a Fat Dog. También si te gustan The Fall, Gang of Four, Yard Act, SPRINTS o English Teacher.

