Edgar Krauss nació en la Ciudad de México en 1971. Se formó como historiador en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). A lo largo de su carrera dentro de la industria editorial y la gestión cultural, se ha desempeñado como librero, traductor y editor. Ha estado a cargo de las colecciones de Filosofía, Historia y Antropología del Fondo de Cultura Económica (FCE), así como de la dirección de la librería Hypatia, en la Casa Refugio Citlaltépetl, y de la dirección editorial en Editorial Trillas. Su trayectoria atraviesa casas editoriales como Random House, HarperCollins y Tusquets.
Su trabajo crítico, reflexivo e histórico sobre el libro y la literatura ha sido publicado en diversos medios impresos y digitales, entre los que destacan Letras Libres, Milenio, Reforma, Casa del Tiempo y Revista La Otra.
Como director editorial de Trillas, participó en la Feria Internacional de Frankfurt en 2025.
Llegó al mundo de los libros mientras estudiaba Ciencias Políticas en la UNAM y comenzó a trabajar en la librería El Parnaso, en Coyoacán. Aquella experiencia lo llevó a convertirse en editor.
Desde entonces, la lectura ocupa buena parte de sus días, acompañada por decisiones financieras y editoriales. Considera que las pequeñas editoriales enfrentan un mercado dominado por grandes grupos, aunque conservan mayor libertad creativa.
Señala que México tiene lectores, pero persisten problemas de distribución, precios y piratería. Sobre la inteligencia artificial, advierte sus riesgos para los creadores, aunque reconoce su utilidad como herramienta. Defiende la inversión pública en cultura y mantiene su confianza en la permanencia del libro, mientras continúa leyendo, editando e imaginando nuevos proyectos.
—¿Cómo fue tu formación y cómo llegaste a los libros?
Un día, mientras era estudiante de Ciencias Políticas en la UNAM, fui a pedir trabajo en una prestigiosa librería del icónico barrio de Coyoacán, al sur de la Ciudad de México. Ya era un lector voraz y muy aficionado a la filosofía y la literatura clásica. Creía que los libros podían cambiar el mundo.
Esa librería, llamada El Parnaso, era el empíreo de las librerías. Tenían los libros más interesantes sobre historia y pensamiento contemporáneo, artes e ideas. Además, era el sitio en el que los escritores más destacados compraban sus libros. Ahí conocí en persona a García Márquez y Salman Rushdie, a Savater y David Huerta, a Susan Sontag y Carlos Fuentes.
Poco después, decidí ser editor para publicar los libros que yo quería proponer a los lectores.
—¿Cómo compite hoy una editorial mexicana con los grandes grupos transnacionales?
Se trata de una batalla totalmente asimétrica. Las grandes editoriales no solamente acaparan a los autores más prestigiosos, sino también los espacios preferenciales en las librerías.
Por ejemplo, tan solo en México, dos grandes grupos editoriales acaparan el 50 % del mercado. El siguiente bloque, de otro 30 %, lo tienen editoriales igualmente transnacionales, por lo que las más de 250 pequeñas editoriales intentan colocar sus libros en los espacios restantes.
Pero si las grandes casas editoras poseen el pulso del mercado, las pequeñas editoriales tienen el pulso de la imaginación y la alteridad creativa.
—¿Cómo es un día ordinario en tu vida?
Leer, leer y leer. Soy afortunado porque me pagan por leer. La paradoja es que no siempre leo lo que me gusta o me interesa.
El resto del día hago números y proyecciones financieras y estratégicas para publicar libros que tengan suficientes lectores y sean rentables.
—¿Cómo ves la distribución de libros en México? ¿Crees que se lee lo suficiente?
La logística es el gran desafío de las pequeñas editoriales. Las grandes tienen sus propias redes y estructuras para llevar sus libros a todas partes.
En México hay lectores, pero no tienen suficiente oferta editorial a su alcance, sobre todo lejos de las grandes ciudades.
El otro desafío es el precio de venta al público de los libros, por lo cual numerosas personas lectoras recurren, desgraciadamente, a la piratería, la cual, paradójicamente, está matando a los creadores de libros.
—¿Qué opinas de la inteligencia artificial en la edición y la traducción?
Me parece que hay varias formas de abordar este asunto. Por un lado, se ha señalado, con justicia, que la IA es un expolio de la obra de numerosos creadores y una herramienta de concentración de la riqueza intelectual y económica en manos de unos pocos empresarios sin escrúpulos.
Por otro lado, podríamos considerar que es una herramienta, no un fin, para realizar tareas que ayuden a los creadores a perfeccionar y detallar sus obras. Pero necesitamos ser muy críticos, a la vez que honestos, a la hora de reconocer hasta dónde la utilizamos.
—¿Qué te dejó Kafka como lector y como escritor?
Me dejó la sensación de que la dignidad humana y las creaciones del espíritu son preciosas y que tenemos el deber de protegerlas. Una de las grandes lecciones de Kafka fue la indefensión del sujeto frente a los totalitarismos y la estupidez colectiva.
Kafka supo prefigurar el auge de las tiranías del siglo XX, que lamentablemente estamos viendo resurgir, incluso en aquellas sociedades que se enorgullecían de su tradición democrática.
—¿Cómo afectan las políticas públicas y los presupuestos culturales a la industria editorial?
Considero que el Estado tiene la obligación social de preservar la cultura, la historia y la memoria colectiva de los grupos humanos. La total falta de empatía que estamos presenciando en casi todo el mundo se debe al abandono de las ideas humanistas por parte de quienes toman las decisiones.
A los dueños de la lógica del cálculo egoísta.
Por lo tanto, creo que los Estados deben invertir más en editoriales y proyectos culturales que preserven la memoria y los lenguajes del arte.
—¿Qué estás leyendo ahora?
Varias cosas: una historia del Imperio británico, de Niall Ferguson; la poesía de Hafez, el gran poeta persa; y estoy releyendo Los hermanos Karamazov, que, sin duda, es un retrato despiadado y devastador de la modernidad.
—¿Cuál crees que será la situación de los libros, las librerías y las editoriales en el mundo dentro de 20 años?
Ojalá lo supiera, pero estoy con Umberto Eco cuando dice que nadie acabará con los libros. Mientras haya libros y gente que los lea, tendremos confianza en que descifraremos lo que vendrá.
—¿Qué proyectos personales tienes en puerta?
Seguir haciendo libros, seguir leyendo, seguir imaginando.
Libros publicados: La droga de los profetas (2016, Cuadrivio Ediciones). Clarividencia en ayunas (2021, Cuadrivio Ediciones).

