Mariano López Sosa es un actor mexicano y director de casting, originario de Sonora, reconocido por su destacada trayectoria en el cine nacional. Con tres décadas de trayectoria en las tablas y la pantalla, el actor sonorense se ha consolidado como una de las presencias más sólidas y versátiles del cine y el teatro del noroeste de México, trabajo que lo llevó a obtener una nominación de la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas a Mejor Coactuación en los Premios Ariel por la cinta En el camino, dirigida por David Pablos.
Además, la cinta fue seleccionada de forma oficial por la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas (AMACC) para representar a México en la 99.ª edición de los Premios Oscar (2027), en la categoría de Mejor Película Internacional. La película tuvo su estreno mundial en la sección Orizzonti del 82.º Festival Internacional de Cine de Venecia (2025), donde ganó el premio a Mejor Película de la sección y el León Queer.
Construyó su carrera entre el teatro, el cine y el casting, luego de enfrentar rechazos y abrirse camino desde Sonora. Su participación en En el camino, donde interpreta a El Eulas, le valió una nominación al Ariel. La película triunfó en Venecia y busca representar a México en los Oscar. Con 30 años de trayectoria, Sosa reivindica la autenticidad, el aprendizaje constante y el compromiso artístico.
—¿Cómo empezaste en la actuación y qué te llevó a la película En el camino?
Pues mira, mi hermano me invitó a un centro cultural en la ciudad de Torreón, por ahí del 94. Me llevó para que hiciera algo porque, en ese momento, no tenía claro qué iba a hacer; estaba en la prepa. Ahí me metí a un grupo que se llama, o se llamaba, Reencuentro; eran puros chavos de mi edad y empecé a hacer mis primeras obras de teatro y me gustó mucho. Entonces, a la par de mis estudios, seguí haciendo teatro y, a raíz de eso, me lo tomé más en serio.
Luego me salí de la universidad para dedicarle más tiempo a mi carrera y empecé a participar en la mayoría de las compañías de Hermosillo. Hice comedia, teatro infantil, teatro callejero, performance, y eso me llevó a grabar mi primera película, dirigida por Diego Luna, César Chávez. Después, en 2017, grabé mi segunda película, que se llama Cómprame un revólver, la cual me llevó al Festival de Cannes en 2018. Luego se atravesó la pandemia.
Poco a poco me fui metiendo como director de casting y asistente de casting. Entonces, Eduardo Giralt Brun me invitó a participar en la película En el camino para que lo ayudara como asistente en el casting y, por algunas circunstancias, uno de los actores no pudo estar en la película y me pidieron participar haciendo el personaje de El Eulas, que es el que me tiene nominado a Mejor Coactuación en los Arieles de este año.
Digo, no sin antes haber sufrido algunos rechazos, ¿no? Mucha gente no creía en mí. Incluso algunos directores de teatro me dijeron que no tenía nada que hacer arriba de las tablas, que no servía para el teatro, pero yo, en el fondo, sabía que no era cierto. Entonces empecé a buscar a directores con más renombre, como el maestro Sergio Galindo, quien me abrió las puertas en la Compañía Teatral del Norte en 2006, y ahí sigo y ahí he aprendido bastante. Entonces, aquellos comentarios que me hicieron ya quedaron borrados para siempre.

—Entonces tú no estabas para el papel, fue circunstancial. ¿Qué tan difícil fue hacer esas escenas de sexo entre hombres?
Mira, al principio creí que iba a ser muy difícil, pero había un grupo de profesionales que me apoyó. Se cuidaron mucho esas escenas con una coach de intimidad, que es una figura que existe dentro de los rodajes de cine y que te apoya con ese tipo de escenas.
Y aparte, como estuve también colaborando en el casting, ya conocía a Víctor Prieto, que interpreta a Veneno, y la comunicación entre nosotros fue distinta; ya era de más confianza, ya sabíamos de qué se trataba, ya sabíamos a lo que íbamos. Entonces, no me costó mucho, pero sí la pensé bastante, ¿me entiendes? Antes de grabarlas, les daba muchas vueltas en la cabeza: ¿cómo iban a ser esas escenas?, ¿cómo las iba a hacer? Pero, arropado por toda la gente que me apoyó, con esa coach de intimidad y con Víctor, pudimos hacerlas sin mayor problema.
—¿Qué buscabas al reclutar a personas comunes, sin carrera en la actuación, en el norte del país?
Pues mira, lo que se buscaba era eso que la película retrata: la crudeza de la realidad, que no se viera ficción, que se vieran personajes auténticos, personajes que tuvieran historia, que en su rostro reflejaran toda su vida y que empataran bien con el trabajo.
Nada más aquí te aclaro un punto: yo estuve de asistente de casting. El director de audición o reparto fue Eduardo Giralt. Yo fui asistente de casting, coordinador de extras y actor; o sea, tengo tres créditos en la película.
Pero eso buscábamos: gente auténtica, gente real. No queríamos que se viera falso. Eso es lo que se buscó y eso es lo que se encontró. Todos los actores que salen en la película se dedican, en la vida real, a lo que salen haciendo ahí.
—Esta es una pregunta muy simple y común, pero necesaria: ¿qué representa para ti que la película haya llegado a Venecia y ahora esté nominada para representar a México en los Oscar?
Primero que nada, haber ganado Mejor Película en Venecia, que es uno de los festivales internacionales más importantes, si no el que más, y aparte haber ganado el Queer Lion, a mí me dice que lo que se mostró está a la altura de muchas otras producciones.
Y al obtener trece nominaciones al Ariel, me hace reafirmar que es un gran trabajo en equipo lo que se logró. Y ahora que está preseleccionada para representar a México en los Oscar, pues yo estoy muy feliz, estoy muy contento. Es algo que nunca me imaginé. Siempre veía tan lejano, tan imposible, que pudiera estar en un proyecto de esos alcances. Y ahora que sé que puede lograrse, que puede hacerse, pues me tiene súper contento, y eso me indica que lo que estoy haciendo va hablando por mí, que está bien y que voy por buen camino.
Y bueno, quiero felicitar a todos mis compañeros y agradecer un montón a David Pablos, que es muy buen director; a Eduardo Giralt, que fue quien me dio la oportunidad de entrar al proyecto. Pero representar a México en los Oscar como sonorense, no sé cómo describirlo. Llegar a esas instancias y que sea en tan poco tiempo. Yo sabía que la película iba a estar buena por el equipo que había, por David y por el guion, pero no sabía que iba a reventar tanto a nivel internacional. En Brasil, Colombia, España, Alemania, Holanda, Francia, Perú y México ha sido muy bien recibida, y a la gente realmente le ha impactado y le ha gustado. Han dicho que es una película como hace mucho no veían en el cine mexicano, de tanta calidad o tan completa. Es un orgullo.
Entonces, representar a Sonora y representar a México siempre me llena de satisfacción. Feliz por mi país y muy contento por mi estado.
—¿Crees que como actor adquieres una responsabilidad social a partir de los éxitos que estás teniendo?
Me siento con mayor responsabilidad en mi trabajo. Aquí ya no hay para atrás; es hacer las cosas bien, no cometer los mismos errores que cometí en el pasado, ser más responsable.
No puedo opinar nada fuera de mi trabajo que no sea sobre lo actoral o laboral. No me gustaría meterme en cuestiones políticas porque no me corresponde, no es mi tema. Sí puedo contribuir con la sociedad. Por ejemplo, hago donaciones para niños de bajos recursos en Hermosillo. Pero opinar sobre política dentro de mi trabajo creo que no me corresponde a mí. Socialmente, motivar a los chavos a que sigan haciendo cosas artísticas. Eso es lo que yo podría aportar: apoyarlos en lo que pueda para que cumplan sus sueños o logren ser mejores artísticamente.
—Y a ti, Mariano Sosa, independientemente del actor, ¿qué es lo que más te preocupa del mundo en este momento?
Lo que está pasando en el mundo es bien diverso. Hay gente menos empática, hay gente menos tolerante, hay gente menos inteligente. Hay gente a la que hacemos famosa en redes sociales cuando, en realidad, no tiene nada que aportar a la sociedad. Como actor, solo puedo aportar mi granito de arena. Y como Mariano Sosa, quiero apoyar a las personas más vulnerables, que son los niños. Porque yo tengo una hija y no me gustaría que ella sufriera.
—¿Cómo preparas a tus personajes? ¿Cuál es tu manera de crearlos o de meterte en ellos?
En teatro hay estudio de texto, hay ensayos por dos, tres meses, depende de la producción, y poco a poco se van creando. Me fijo en personas reales que puedan aportar a mi personaje y voy armando como un Frankenstein de muchas personas: cómo camina uno, cómo habla otro.
También, a veces, me acuerdo de personajes que me he topado en la vida cotidiana: gente que atiende un mercado, que vende periódicos, alguien que tenga una frase muy peculiar, una manera de hablar. Eso lo hago en teatro y todo lo voy conformando dentro de un personaje, pero, por supuesto, dentro de los ensayos voy quitando algunas cosas, se van asentando otras y salen cosas nuevas, y eso es lo que enriquece al personaje.
En cine hay poco tiempo, a veces. Hay un coacheo de los actores. Trabajamos las escenas, hay pláticas con el director, se estudia el texto y también la vivencia de cada uno y la experiencia. Ya tengo 30 años como actor, ya sé cómo y por dónde irme, ¿no? O sea, ya has visto, ya has vivido, ya te han pasado cosas, tienes experiencia. Entonces, todo ese conjunto de detalles los voy metiendo dentro del personaje.
Yo no estudié teatro, estudié Literaturas Hispánicas, carrera que trunqué por seguir en esto de la actuación. Entonces, yo tuve que crear mi propia técnica actoral, tuve que aprender a escuchar, aprender a escucharme a mí mismo, aprender de los directores, tuve que buscar mi propia manera de analizar un texto, mi propia manera de memorizarlo. Todo fue sobre la marcha y con el aporte que me dio mucha gente valiosa, como directores de teatro y directores de cine.
—¿Quiénes son tus gurús del cine, tus actores favoritos, quienes te han inspirado?
Me gusta mucho Danny DeVito, Keanu Reeves, Jack Nicholson, Robert De Niro, Al Pacino… esos grandes canijos me gustan bastante.
Y de México, al que admiro mucho, que es muy chingón para mí, es Joaquín Pardavé. Para mí es un señor que no tiene desperdicio en sus actuaciones, siempre está presente, aunque no tenga diálogo; es un señorón.
Y de los actuales, me gusta mucho cómo actúan Noé Hernández, Giménez Cacho, Roberto Sosa y Joaquín Cosío, que son los que están en la misma terna que yo. A esos vatos les guardo mucha admiración, me gusta mucho su trabajo.
—¿Y de las actrices?
No te respondí de actrices porque soy varón y la cuestión es que yo me fijo en los movimientos de los hombres, no en las actuaciones de las mujeres. O sea, tú me preguntaste en quién me he inspirado.
Pero si me hubieras preguntado qué actrices mexicanas me parecen buenas, no que sean como mis gurús, la actriz que la rompe para mí es Silvia Pinal. Esa es una gran actriz mexicana. Dolores del Río y Marga López. Esas son las mujeres que me gusta cómo trabajaban.
—¿Alguna anécdota que puedas compartirnos que te haya sucedido?
Anécdotas hay muchas. En un rodaje nos amenazaron de muerte y la Policía Estatal tuvo que rodear el hotel para que estuviéramos a salvo.
—¿Qué sigue para ti después de En el camino?
Lo que sigue para mí, pues, es seguir trabajando. Ya tengo varias propuestas de trabajo. Esto aún no para.
Ahorita estoy grabando una película acá por el sur de México. Me regreso a grabar otra en Hermosillo. Me voy a grabar a Baja California y luego regreso a hacer un cortometraje también en Hermosillo. Y a la espera de lo que venga para trabajar para un fotógrafo internacional en diciembre. Eso es lo que tengo para este año, por lo pronto.
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Cine y largometrajes: Chávez (2014), dirigida por Diego Luna. Producción cinematográfica biográfica rodada en locaciones de México, en la cual participó dentro del elenco secundario.
Cómprame un revólver (2018), dirigida por Julio Hernández Cordón. Coproducción México-Colombia proyectada en festivales internacionales como Cannes.
En el camino, dirigida por David Pablos. Interpretación que le valió la nominación de la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas (AMACC) a Mejor Coactuación en la 68.ª edición de los Premios Ariel.
Teatro: Memorias de un general (debut en 2015, Hermosillo, Sonora). Monólogo centrado en el personaje del general Guadalupe Arrollo. Producción gestada por la compañía Multicultural Sonora que ha superado el centenar de representaciones en festivales de todo México.
Montajes de la sierra sonorense / Comedia regional (2026, Hermosillo y municipios de Sonora). Puesta en escena teatral centrada en personajes del folclor serrano sonorense, donde encarna a El Hielitos junto a un elenco local.
Detrás de cámaras: Coordinación de talentos y casting. Asistencia de casting y coordinación de extras en diversas producciones cinematográficas y audiovisuales rodadas en el estado de Sonora y en el norte de México.

