En la colonia Patria 1, por el rumbo de Puerto de Palos y el Libramiento, Diana Ibis Nájera Frausto creció entre juegos en la calle, tardes con otros niños de la cuadra y una ciudad que todavía se extendía alrededor de su casa. Llegaba de la escuela, comía, hacía la tarea y salía a jugar a las escondidas, a policías y ladrones o a saltar la cuerda. Los libros también aparecieron temprano en aquella infancia. Años después, esa afición terminaría conduciéndola hacia la poesía.
“Yo desde niña he leído, yo siempre he leído, la verdad. Yo tengo ahí mi biblioteca, ahí en mi casa tengo mi librero”, dice Nájera Frausto, quien reconoce que durante mucho tiempo sus lecturas estuvieron principalmente vinculadas con la narrativa romántica.
Ahora forma parte de una nueva generación que intenta abrirse camino en la literatura de Ciudad Juárez. Se define como artista y poeta independiente y pertenece al colectivo Espina Blanca, integrado por entre 25 y 30 personas de distintas edades. El grupo realiza talleres semanales y hasta ahora ha publicado los fanzines 30 de febrero y Buffet de Espina Blanca. Su ingreso al colectivo ocurrió apenas el año pasado, después de conocer sus actividades en Plaza Misiones.

“La poesía fue mi refugio porque ahí fue donde sí pude describir lo que sentía especificando cada cosa”, explica. Su acercamiento formal al género es reciente. Aunque había sido lectora desde pequeña, admite que llegó al taller sin experiencia en poesía y que fue ahí donde comenzó a conocer estructuras, ritmo, metáforas y rimas.
Ese aprendizaje todavía se encuentra en construcción. Nájera Frausto menciona entre sus lecturas a Mario Benedetti, Gilraen Eärfalas y otros autories, pero reconoce que todavía necesita ampliar su panorama poético. Busca incorporarse a la escena literaria local, participa en actividades, publica fanzines y comienza a impartir talleres, aunque hasta ahora no ha leído a ninguno de sus colegas juarenses.
“Híjole, esa sí te la debo. No, la verdad, escritores locales no. No he tenido el placer de investigar o de indagar”, responde. La poeta acepta así que todavía está descubriendo el territorio literario juarense al que busca integrarse y que su formación continúa dentro y fuera del colectivo.
Su recorrido dio recientemente otro paso cuando impartió un taller literario en el Museo del Chamizal. La invitación la sorprendió, aunque anteriormente había trabajado con grupos en una escuela primaria, donde ofreció presentaciones sobre menstruación, reciclaje y contaminación. Esa experiencia le proporcionó herramientas para enfrentarse posteriormente a un grupo interesado en escribir poesía.
“La dinámica sorpresa fue hacer un fanzine”, relata sobre el taller. Primero explicó conceptos relacionados con poesía libre, además de metáforas y rimas consonantes y asonantes. Después pidió a los participantes escribir a partir de los cinco sentidos y recuperar algún recuerdo para transformarlo en versos. Al final, cada asistente convirtió su poema en un pequeño fanzine utilizando hojas, colores, marcadores, tijeras y pegamento.
La experiencia reforzó su interés por continuar impartiendo talleres. Ya contempla hacerlo de manera independiente y señala que existe la posibilidad de desarrollar otra actividad en Foro Café, aunque todavía deben definirse fechas y horarios.
“Si me dan la oportunidad, claro que sí. Si me hablan para hacer el taller, claro que sí”, afirma Nájera Frausto, quien considera que en Juárez existe una actividad artística que muchas veces queda opacada por la imagen de violencia y delincuencia asociada con la ciudad.
Su escritura nace principalmente de la memoria y de experiencias personales. Para explicarlo utiliza una imagen sencilla: imagina que dentro de su cabeza guarda una caja llena de pequeños papeles. Una película, una canción o algún lugar de Juárez puede activar uno de esos recuerdos y llevarla nuevamente a la escritura. El amor ocupa un espacio recurrente en esos textos.
“Yo me imagino como una cajita de recuerdos. Esta cajita yo la tengo así en mi mente y está llena de papelitos con los recuerdos que yo tengo tanto de mi niñez como de ahorita”, explica sobre la materia con la que construye buena parte de sus poemas.
Su vida familiar también acompaña este proceso. Fue madre muy joven y actualmente tiene dos hijos. Reconoce las dificultades que significó combinar maternidad, escuela y trabajo, y destaca el respaldo recibido de su madre, sus hermanas y actualmente de su pareja para continuar con sus proyectos. Entre sus objetivos está terminar un poemario en el que ya trabaja.

“No quiero quitar el dedo del renglón porque yo quiero hacer un poemario, yo estoy trabajando en un poemario”, recuerda que le dijo a su madre. En casa, además, procura transmitir a sus hijos el hábito que la acompañó desde pequeña: acostumbra leerles antes de dormir y considera que los libros ayudan a desarrollar imaginación, aprendizaje y herramientas para expresarse.
Nájera Frausto todavía recorre una etapa inicial. Lo admite cuando habla de sus lecturas, de aquello que aún desconoce y de la necesidad de seguir aprendiendo. Entre talleres, fanzines y un poemario en construcción, intenta encontrar un espacio propio dentro de una literatura juarense que paradójicamente apenas comienza a conocer.
Su historia es también la de una generación que llega a las letras por caminos distintos, aprende mientras publica y busca convertir la experiencia personal en materia para escribir.

