La escritora española Elia Barceló, dentro de su novela de ciencia ficción Hacía abajo editada por el Fondo de Cultura Económica, nos envuelve en una mirada psicológica alrededor de la vida de César, un hombre cuya vida se ha detenido a partir de un abrupto divorcio.
Abrumado por los eventos recientes, el protagonista decide alejarse de lo que alguna vez fue su hogar. Sube a su auto y comienza un viaje guiado por una voz misteriosa. Con un toque casi seductor, logra atraerlo a Villa Consuelo, un lugar al sur de España que, entre brisas de arena y dunas cambiantes, esconde una especie de hotel cuyo interior almacena un paraje onírico. El hospedaje está lleno de placeres hipnóticos, fiestas nocturnas a diario y miles de puertas con destinos impredecibles donde la mente configura laberintos sin salida. En el caso del protagonista, la escritora empuja a César a un ir “hacia abajo”, el cual simbolizará descender a su conciencia envuelta de remordimientos.
Una vez dentro, este hombre pretende encontrar la respuesta a por qué ese paraíso se convirtió en su destino. Diversos personajes lo acompañan y ayudan a precisar la naturaleza del hotel. Sin embargo, no parece interesarle el escape de los traumas, sino encontrarse con una elección que de cualquier forma lo condena. La novela plantea en este punto dos deseos. Por un lado, encarar la vida y, por el otro, esconderse tras el sabor dulce de la copa de cristal brillante.
En la contraparte conoceremos a la anfitriona de Villa Consuelo, Mabelle, representada como una mujer en exceso atractiva. Ella actúa como puente entre la verdad y la mentira, acompañada de una dualidad de paz y de crueldad. Constantemente invita a César a disfrutar del lugar sin preocupaciones, sin embargo, aceptar la propuesta nunca garantiza su cumplimiento. Cada vez que se presenta una oportunidad para exceder los límites, el remordimiento sobre los actos de César se interpone.
De igual manera, la memoria se escapa por momentos y provoca una lucha para volver y disfrutar –y casi siempre el resultado es una derrota–. El descanso anhelado se aleja a medida que las puertas se abren; cada entrada es una mirada a su pasado. Para su caso, implica ver a los ojos a los fantasmas de cada miembro de su familia, reconfigurando su percepción del cómo terminaron su vida.
La revelación es brutal. ¿Qué podría ser peor para un padre que ver a los ojos a sus hijos y descubrir que están destruidos? Que él lo haya provocado.
Algunos elementos de la novela aún me hacen dudar sobre lo que representan las visiones del protagonista. Debido a su toque fantasmagórico y sombrío, así como su profundidad psicológica, llega un punto de quiebre entre los eventos reales del pasado y los posibles escenarios que César temía que ocurriesen a sus hijos. Estos proyectan las angustias convencionales de algunos padres, como lo reflejan la preocupación por la sexualidad de su joven hija en manos de extraños, el descenso de su hijo por las adicciones e incluso el suicidio.
No obstante, es interesante cómo la autora evidencia la negación en la que César busca vivir, convencerse de que no tuvo opción para decidir. A pesar de contemplar el dolor de sus hijos, busca maneras de hacerlos a un lado para satisfacer sus propios deseos, incluyendo escapar del hotel y la memoria.
El laberinto solo llega a su fin si encuentra la razón que lo llevó hasta ahí. Lo que al inicio pinta como un hombre cuya vida fue arrebatada debido a una traición, se convierte en un individuo sin control de sus emociones e impulsos que cometió un crimen irreparable.
“Los desvanes por otro lado, representan el pasado, todo lo que alguna vez fue útil o hermoso o necesario y hemos decidido apartar de nuestra vida diaria, pero que sigue ahí, mudo, a la espera como los recuerdos que a veces desenterramos en noches de insomnio y sabemos que nos pertenecen, que nos conforman, que nos constituyen el abono del que ha nacido nuestro ser actual” (Barceló, 2025, p. 11).
Una de las ideas más interesantes de la obra aparece de manera diluida, etérea. Aquello que buscamos ocultar y que debería permanecer en el fondo es justo lo que Mabelle parece almacenar en el sótano del hotel: el veneno interno de cada huésped. Suele revelarse como la bestia más salvaje y colosal y su descripción asume culpa, se acompaña de un hedor a sangre.
La autora muestra la forma de lidiar de cada persona con la verdad. Mientras unos luchan hasta el final, otros mueren en el intento. O incluso, como César, algunos ni siquiera lo intentan y buscan la salida, sin preguntarse lo que yace frente a ellos.
Surge desde este sótano la pregunta: ¿qué tanto podemos encubrir nuestros actos? ¿Hasta que ellos nos descubran escurriendo sangre?
Barceló construye la tensión de manera gradual, administrando con precisión la información para que el lector experimente la misma desorientación que César. Transmite la ansiedad de encontrar la salida, incluso si al final todo cae en su lugar. La lectura se reconfigura en los actos que tomamos por verdaderos del protagonista, mostrando su viaje más como una caída moral y existencial.
En conclusión, la novela experimenta con la realidad, el delirio y la condena interior. La hibridación entre ciencia ficción, terror y misterio, hacen de Hacía abajo una novela recomendable si se busca una experiencia lectora poco común. La novela termina no por lanzarnos como verdadero horror la presencia de los monstruos o espacios laberínticos, sino aquello que habita dentro de nosotros y que tarde o temprano exige ser confrontado.

