Mario Hernán Flores Figueroa nació en Mulchén, Chile, en enero de 1955. Estudió en Los Ángeles y en la Universidad de Chile, sede Chillán. En 1976 ingresó al Grupo Literario de Ñuble, donde sigue siendo miembro activo.
Fue fundador de la Biblioteca “El Relámpago”, hoy Biblioteca Pública 572, en el Centro Cultural “Casa Gonzalo Rojas”, y de la Biblioteca Comunitaria “Los Copihues”, en Quilleco, en medio del bosque nativo. Como presidente del Grupo Literario de Ñuble, impulsó la visita de Ernesto Cardenal a Chillán, Chile, en 2014.
La poesía no aparece aquí como un adorno ni como una reliquia cultural, sino como una forma esencial de estar en el mundo. Para el autor, escribir versos es una práctica tan antigua como la palabra misma: una acción que no garantiza sustento material, pero sí una manera de sobrevivir a la experiencia humana.
Desde Enheduanna hasta la poesía chilena contemporánea, su mirada recorre los ciclos de auge y silencio, la precariedad editorial, la fragilidad de la crítica y las condiciones que rodean los premios literarios. Lejos del reconocimiento, la poesía se asume como testimonio, resistencia y registro del instante.
—¿Qué es la poesía?
La poesía es el alma de la literatura; más aún, es el resumen de las vivencias del ser humano. En las primeras manifestaciones verbales estuvo presente la poesía. Tan solo una muestra: el primer libro escrito del que se tiene evidencia fue un libro de poesía escrito por una mujer en el siglo XXIII antes de Cristo; su autora fue Enheduanna. En palabras simples, es una acción que no da de comer, pero ayuda a vivir.
—¿Crees que la poesía chilena está en crisis, en transformación o simplemente en otro momento de su ciclo natural?
Yo veo la poesía como un fenómeno que tiene momentos de gran auge y otros de poca visibilidad. No es que la poesía, como actividad, deje de practicarse; lo que ocurre es que hay factores que la convierten en un producto deseado y, en otras ocasiones, en algo poco atractivo. Sin embargo, los poetas no dejan de nacer ni de escribir.
—Más allá de la poesía, ¿qué narradores, ensayistas o pensadores son importantes en tu universo de lecturas?
La narrativa para mí es muy importante. Soy un consumidor de libros y mis mayores lecturas son de narrativa. Obviamente también leo poesía, y mucha, pero en general no tengo autores que siga. A veces leo un libro recomendado por el top en ventas y, la verdad, no me encuentro con una literatura exultante, sino con algo parecido a otras escrituras. Creo que después de Borges, de las prosas de la Mistral y de Galeano, en América no hay mucho más que buscar.
—¿Cómo ves el panorama editorial para la poesía en Chile hoy?
Lamentablemente, las editoriales son empresas que buscan sus utilidades en la publicación y venta de libros, por lo que hay literatura que tiene un mayor mercado que otra. En esta competencia, la poesía es la menos favorecida. Las grandes editoriales, de vez en cuando, sacan un libro de poesía de algún poeta renombrado, en una edición de lujo, nada más, para que se convierta en un regalo o en un adorno en alguna biblioteca. La poesía cada vez vende menos.
—¿Qué relación tienes con la crítica? ¿Te interesa lo que se dice sobre tu trabajo o prefieres mantenerte al margen?
Hace ya varios años, aquí en Chile hubo excelentes críticos literarios, respetados y muy ecuánimes. Con el paso del tiempo, este oficio fue decayendo; los diarios dejaron de incluir estas críticas literarias en sus páginas hasta que, finalmente, de vez en cuando, se suele ver la crítica al libro de un amigo o de algún consagrado que ha logrado que se le reseñe su última publicación. En lo personal, prefiero mantenerme al margen. Mi misión en la literatura la tengo muy clara y asumida, y en ningún caso es ser reconocido como poeta.
—¿Qué opinas de los premios literarios en general? ¿Podrían estar manipulados por las élites o mafias literarias?
Generalmente, los premios literarios están influenciados por muchos factores: políticos, de amistad, de género, etcétera. En Chile, solo dos mujeres han recibido el Premio Nacional de Poesía. Gabriela Mistral lo recibió después del Nobel, y la segunda, recién en el año 2025. Así que los grandes premios se otorgan siempre con ciertas “condiciones”.
—Vivimos tiempos de crisis climática, guerras y migraciones masivas. ¿Cómo debería responder la poesía a este momento histórico?
La poesía es como una foto instantánea: siempre está recogiendo el instante. Es una voz necesaria que denuncia, advierte y señala lo que ocurre en el momento exacto. Hubo un poeta chileno que, hace 100 años, escribió sobre la rotura de la capa de ozono.

—Son Puros Cuentos (2004) es narrativa. ¿Qué te llevó del verso a la prosa? ¿Son procesos creativos muy distintos para ti?
Mi infancia fue sin televisión; llegó siete años después de mi nacimiento y varios años después a mi región. Me crié leyendo historietas y oyendo los cuentos de mi abuela. Eso me mantuvo siempre ligado a la narrativa, hasta que un día un amigo me invitó a un taller de narrativa que él dictaba y ahí descubrí que tengo mucha facilidad para escribir cuentos. Sin embargo, prefiero la poesía, aunque los pocos premios que he obtenido han sido en narrativa.
—¿Cómo es un día ordinario en tu vida?
Actualmente vivo en el campo, a 37 kilómetros de la ciudad. Hago vida campesina: me levanto temprano, atiendo a mis aves, preparo comida para mis perros —tengo varios—, hago las tareas domésticas y leo y escribo. Tengo una biblioteca comunitaria, me importa mucho que la gente lea, y realizo algunas faenas propias de mi vida campesina.
—¿En qué trabajas actualmente?
En estos momentos estamos preparando el Primer Festival de Poesía en el Bosque Nativo. Es un encuentro de varios poetas nacionales que realizarán lecturas bajo un bosque de árboles autóctonos —en Chile tenemos tres millones de hectáreas de pino y eucaliptus—. Estoy en el proceso de revisión de un trabajo de investigación que me ha tomado los últimos quince años, y de un nuevo poemario que espero ver publicado durante este año.
Ha publicado Antítesis (poesía, 1977), Los Elementos (poesía, 1978) y Son Puros Cuentos (cuentos, 2004). Actualmente se dedica a la revisión final de una investigación monumental: un trabajo que abarca el primer centenario de la poesía chilena, con la vida y obra de 350 poetas nacidos en ese período. Una tarea que no solo es erudición, sino también un gesto de resistencia, de descentralización y de justicia poética.

