Mario Z. Puglisi nació en Guadalajara, Jalisco, México, en 1980. Es poeta, editor independiente y coordinador de talleres literarios. Fue fundador y director de la revista cultural Meretrices. Ha publicado y colaborado en decenas de revistas literarias y culturales en México y en el extranjero, tanto en formato físico como electrónico. Ha participado en encuentros internacionales de poetas en México, Cuba, Puerto Rico, Nueva York, Ecuador y Perú, entre otros países. Su obra ha sido traducida al inglés, portugués, italiano y polaco.
La poesía aparece aquí no sólo como un ejercicio estético, sino como una forma de habitar el mundo. En esta conversación, el poeta reflexiona sobre el acto creativo como una búsqueda de lo profundo, de aquello que nombra lo humano con honestidad, empatía y compromiso.
Su historia personal atraviesa mudanzas constantes, geografías cambiantes y una infancia marcada por la inestabilidad, hasta encontrar en los libros una patria fija y, en la literatura, un territorio de arraigo. Desde esa experiencia, la poesía se convierte en refugio, resistencia y vocación.
El diálogo también se abre hacia el papel del arte frente a un planeta convulso, saturado de discursos de odio y vértigo digital, donde escribir continúa siendo una forma de desacato y de fe. Entre crítica literaria, festivales, política global y fraternidad entre poetas, la palabra aparece como un hilo que conecta memoria, ética y futuro.
—¿Qué es la poesía?
En términos estrechos, es un acto creativo que busca expresar lo interno, lo profundo del ser humano, a través de una estructura estética y un lenguaje mayormente literario, aunque también visual, auditivo y de otras naturalezas. En un sentido más amplio, la poesía es una forma de enfrentar la vida, una que involucra empatía, honestidad, respeto, generosidad, compasión, denuncia de lo injusto, amor y todo aquello que vibre alto. En una entrevista, el poeta español Juan Carlos Mestre citó a John Keats con una frase que resume esta idea: “para ser un excelente poeta, hace falta ser primero un excelente ser humano”.
—¿Cómo fue tu infancia y tu adolescencia? ¿Hubo algo que te marcara y te inclinara a las letras?
Pasé toda mi infancia y parte de mi adolescencia viajando por distintas ciudades y estados de México por razones familiares. Nos mudábamos dos o hasta tres veces por año, lo que trajo consigo una inestabilidad constante. En los libros encontré la raíz, la estabilidad que tanto necesitaba a esa edad. De cierta forma, la literatura se convirtió en una segunda patria. Sin importar los cambios de escenario, cada vez que acudía a un libro la historia permanecía igual, dándome una sensación de certeza y arraigo. Más adelante, cuando tenía quince años, nos establecimos en la ribera del lago de Chapala, el más grande y uno de los más hermosos de México. Estar rodeado de tanta belleza terminó por definir mi vocación como poeta.
—¿Cuál es el papel de la poesía en el mundo? ¿Por qué vale la pena escribir?
No es uno solo, sino muchos y muy diversos. Al ser un ejercicio de expresión, la poesía nos muestra pensamientos, ideas, emociones transitorias, sentimientos profundos, asombros, impresiones, reflexiones, argumentos, predicciones, substancias y un sinfín de formulaciones humanas. Por eso vale la pena seguir ejerciéndola. Y sin importar que la poesía se adapte a nuevos vehículos y lenguajes, siempre será relevante.
—¿Te importa la crítica literaria? ¿Existe en México?
México tiene una tradición de crítica literaria muy sólida, vigente y de gran calidad, con fuertes fundamentos académicos. Sin embargo, el papel del poeta no es preocuparse por los dictámenes críticos. Su función se cumple al expresarse y hacerlo de forma poética, esforzándose hasta los límites por encontrar la palabra precisa, el adjetivo indicado y las nuevas formas de decir lo ya dicho, llegando hasta donde sea necesario. Que la crítica haga su labor de crónica y argumento. Ambos pueden coexistir de forma paralela, cruzándose de vez en cuando, sin depender jamás el uno del otro.
—¿Cómo ves la situación del planeta y el rumbo de la política mundial?
Me resulta difícil determinar el rumbo de la política mundial actual. Tiene ritmos propios y giros inesperados. Aun así, tengo la impresión de que estos son tiempos poco brillantes. Abundan los discursos de odio en el escenario global y, lo más preocupante, existen muchos oídos dispuestos a escucharlos. Esto se refleja en la música predominante, en las redes sociales y en el vértigo digital, con apenas veintidós segundos de atención antes de pasar al siguiente video, tiktok, reel o feed, probablemente generado por IA. Por eso, la poesía, la literatura y las artes son hoy una forma de resistencia. Estamos cada vez más lejos de las razones que realmente importan y de entender que la fuerza más poderosa es la de la intención verdadera, congruente e inamovible.
— ¿Cuál ha sido el mejor festival de poesía en el que has estado y cuál el peor?
La primera ocasión en que viajé fuera del país para asistir a un encuentro internacional de poetas en Perú fue la peor, sólo porque era mi primera vez en el extranjero. Estaba incómodo, inexperimentado y nervioso, tanto que no pude disfrutarlo como debía. Después regresé y todo se acomodó. Perú es un país hermoso. Uno de los mejores festivales fue en Nueva York, por su insospechada diversidad cultural. Hubo una lectura en voz alta, sin micrófono, en el subway, y la diversidad de razas me maravilló. La poesía y el arte no tienen límites. También en Hermosillo he vivido festivales muy valiosos; hay mucho corazón y calidad allí.
—¿Crees que existe una mafia literaria en México?
Personalmente no lo he experimentado, aunque amigos poetas me han hablado de ello. Me cuesta creer que algo así pueda existir en un ejercicio que debería representar lo opuesto al egoísmo, la envidia y los favoritismos. El ego juega un papel crudo. El éxito de mis hermanos poetas también es mío. Así debería ser. Al final, entre todos escribimos un solo poema, uno universal, que declarará al futuro quiénes fuimos y cómo fue nuestro tiempo.
— Fuiste coordinador del movimiento poético latinoamericano Plaza XXI. ¿Aún tienen sentido estos movimientos?
Sí, aún lo tienen. Hay fuerza en los números y, con la cercanía virtual, hoy son incluso más pertinentes.
— ¿Cómo es un día ordinario en tu vida?
Leer y trabajar mucho, todos los días. Trabajo como editor independiente corrigiendo textos, maquetando libros, diseñando, ofreciendo servicios editoriales e impartiendo talleres literarios, lo que me mantiene cerca de las letras. Además, la lectura es esencial para el acto poético. Siempre he creído que un solo verso debería sintetizar lo aprendido en, al menos, diez libros y lo vivido con atención íntegra en el día a día.
— ¿Qué escribes ahora y cuáles son tus planes para este año?
Este año publicaré un nuevo poemario titulado El aire que me falta, en Guadalajara. Seguiré creando y trabajando lo mejor que pueda, exigiéndome cada día más para ser mejor poeta y mejor ser humano.
Mario ha sido incluido en antologías como Mapa Poético de México: Del silencio hacia la luz, Panorama de la poesía mexicana, Antología Mundial de Poetas: Centinelas de la Tierra, Mil poemas a Vallejo, Enciclopedia de Escritores Mexicanos, Diccionario de Escritores en Jalisco: Bio-bibliografía 1927–2002 y Artivismo: el arte como espacio de resistencia, entre muchas otras. Es autor de Dos triunfos y un poema de amor (2007), El impulso de tocarlo todo (2009), Capítulo primero: Amanece luz (2011), Selvas mínimas (2012) y Carbono catorce (2018). Ha participado en encuentros internacionales de poetas en México, Cuba, Puerto Rico, Nueva York, Ecuador y Perú. Su obra ha sido traducida al inglés, portugués, italiano y polaco.

