Charles Bukowski no solo habita en la oscuridad y en la luz al mismo tiempo. También flota en la espuma de una cerveza, entre burbujas donde sus versos siguen brillando como un viejo anuncio de neón.
El realismo sucio de Bukowski continúa atrapando lectores de todas partes. En sus páginas abundan los callejones sin salida, el sexismo, las habitaciones baratas, el alcohol y ese olor que sube desde las coladeras de la mente cuando la ciudad comienza a pudrirse por dentro.
Por eso su poesía hace mucho que escapó del papel y de los estantes de las librerías. Anda suelta por ahí. Se convirtió en música, ilustración, fotografía, cine, animación y cientos de producciones que circulan por Internet como botellas vacías después de una fiesta interminable.
Basta destapar una cerveza oscura, sentarse frente al ordenador durante una tarde sin sol y comenzar a buscar. Entre esos videos aparece la animación que el cineasta Saif, de Quoted Studios, realizó para el poema Beer. Una pequeña descarga de poesía y arte visual que confirma algo que Bukowski sabía demasiado bien: a veces los versos también se emborrachan, pierden la compostura y terminan organizando su propia fiesta de lujuria, mugre y perdición.
Una búsqueda en Youtube puede llevarnos a grandes obras de arte, cuyo punto de partida fueron las letras del autor de Love Is a Dog from Hell, como la animación corta de menos de dos minutos de On Loneliness, de Murder Slim Press:
Después de la segunda cerveza esa búsqueda de Bukowski suele llevarte a una escena y luego a otra. hasta quedar atrapado en el vómito de un laberinto en el que podrás ver al viejo insolente convertido en una estrella de mar.
La cantidad de alucinaciones producidas por el ácido de Bukowski parece tan infinita como la imaginación. Algunas son bizarras, delirantes y maravillosamente torcidas; otras simplemente navegan sobre el oleaje de las redes sociales, impulsadas menos por la creatividad de sus producciones que por llevar pegado el nombre del poeta nacido en Alemania.
Porque Bukowski también se convirtió en una especie de marca clandestina: cerveza, humo, neón, habitaciones de mala muerte, mujeres, caballos, derrotas y madrugadas que nunca terminan.
Siempre se puede destapar una cerveza frente al ordenador y, con suficientes ganas de hundirse en el lodo literario de este viejo provocador, comenzar a escarbar entre videos, animaciones, lecturas y experimentos visuales. El problema es saber cuándo detenerse. Con Bukowski, una búsqueda de cinco minutos puede terminar fácilmente al amanecer.


