Víctor Cuchí Espada nació en San Juan de Puerto Rico en 1962. Es un historiador y novelista mexicano. Se ha distinguido por su obra acerca de la Ciudad de México y la introducción del servicio telefónico durante el porfiriato, la cual ha sido publicada por editoriales privadas y académicas, como el Instituto de Investigaciones José María Luis Mora, la ENAH, la UMSNH y la UNAM, entre otros.
Ha sido asimismo profesor universitario y autor de numerosos libros y materiales educativos publicados por editoriales como Oxford University Press, Castillo-Macmillan, Progreso, GAFRA, Santillana y Montenegro.
La entrevista con el historiador y novelista Víctor Cuchí Espada recorre su trayectoria intelectual, desde su infancia en Puerto Rico hasta su llegada a México, donde desarrolló su carrera académica y literaria. El autor reflexiona sobre sus lecturas formativas, especialmente la influencia de la literatura rusa, y sobre su relación con la escritura y la historia.
También aborda temas como la existencia de grupos de poder en el ámbito literario, el papel social de la literatura y la política cultural en México. Asimismo, comparte su visión crítica sobre la inteligencia artificial en la creación literaria y habla de sus proyectos actuales, entre ellos una nueva novela.
—¿Cuándo y por qué llegaste a México? ¿Cómo cambió ese cruce geográfico tu manera de entender la escritura y la lengua?
Llegué en 1982 acompañando a mi familia, procedente de Venezuela. Tenía 19 años y había vivido seis años fuera de mi país natal. El cambio, o más bien los cambios, no solo modificaron mi forma de entender la escritura y la lengua —de hecho, ambas cambiaron muy poco—, sino toda mi antigua visión del mundo, que era muy limitada y estaba circunscrita por los términos que marca la cultura estadounidense.
En Puerto Rico, mi entorno social era muy hostil a la lectura. Tal vez fue interesante entrar en contacto con otras formas de hablar español, pero el cambio fue mínimo. Lo que cambió fue el panorama de la realidad. La primera noche que pasé en Caracas me la pasé acostado en el hotel leyendo un libro de texto de Historia de Venezuela que me pareció fascinante.
—¿Qué leías de niño y de joven en Puerto Rico? ¿Qué libros te marcaron?
Aprendí a leer muy temprano, pero buscaba libros que me informaran, como enciclopedias. Era un lector muy perezoso, pero a los diez años me topé con la literatura rusa. La primera novela que leí fue La hija del capitán, de Pushkin, y a los once años leí Los hermanos Karamazov, de Dostoievski.
Ya en Venezuela leí Agosto de 1914, de Solzhenitsyn, y así sucesivamente. Ahora bien, mis primeros cuentos los redacté influido por los cuentos de Oscar Wilde. Escribí cuatro, pero ya en la universidad me dediqué a la carrera de Historia. Entré en 1979 y en 1983, ya en México, continué por ese camino académico y profesional.
—Según tu experiencia, ¿existen las mafias literarias?
Sí. De hecho, se comportan como una verdadera farándula. No pertenezco a ninguna de ellas, así que otras personas podrán decirte más acerca de sus asuntos y prioridades.
—¿Cuál es el compromiso de la literatura en la sociedad? ¿Puede la literatura ayudar a mejorar nuestras sociedades?
Creo que el compromiso social de la literatura es el mismo que el de la investigación histórica (o la ciencia). La historia y la literatura permiten, en parte, conocer y procesar la experiencia colectiva —e individual— y a veces hasta transformarla. Los seres humanos necesitamos hallarle sentido a las cosas y a nuestras vivencias.
Ahora bien, tanto como mejorarla, no lo sé; eso le corresponde a la política.
—¿Crees que el gobierno actual tiene una política cultural coherente?
Ha tratado de apoyar y de apoyarse en los grupos que llevan a cabo actividades culturales, y hasta de compaginar sus intereses. Ignoro, empero, si ello constituye una política cultural. En verdad no tengo elementos de juicio. El ámbito donde me desempeño es otro.
—Para ti, ¿quiénes son los mejores escritores vivos?
Leo casi nada de literatura contemporánea y más bien elijo qué leer en función de mis intereses inmediatos. Pero, de los pocos autores recientes que conozco, admiro a Orhan Pamuk. Su última novela, Las noches de la peste, me encantó.
Recuerdo que me gustaron Europe Central, de William Vollmann, y particularmente HHhH, de Laurent Binet. Ahora estoy leyendo El infinito en un junco, de Irene Vallejo, y me está gustando.
Todos mis autores admirados —Conrad, Mann, Proust, Mishima, Solzhenitsyn, Grass, Borges, Vonnegut, Mankell y Sebald— ya han fallecido.
—¿Qué futuro le auguras a las editoriales independientes mexicanas e hispanoamericanas?
No lo sé. Solo conozco las editoriales transnacionales en las cuales he trabajado como editor. La industria editorial, o al menos ese rubro, es muy dependiente de las compras del Estado y sin ellas parece no saber qué hacer.
El mercado privado es muy limitado. Creo que mientras se siga viendo la lectura como una actividad de entretenimiento y no como algo más amplio y enriquecedor, no habrá mucho que hacer.
—¿Le temes a la crítica? ¿Ha habido alguna reseña de tu obra que te haya hecho reescribir algo mentalmente?
No. Nunca. O más bien, todavía no ha sucedido. A mi primera novela, El sacrificio de Urías, le ha ido bien, por suerte.
—¿Cuál es el futuro de la literatura con el uso de IA?
Depende de la capacidad de discernir entre la actividad de generar una experiencia literaria humana y la generación de un producto comercial. La inteligencia artificial no conoce ni crea conocimiento; es una máquina que combina textos con una estructura rígida y un criterio muy burdo.
Creo que responde más a una lógica de poder que a una de conocimiento y creación. La literatura y la ciencia provienen de lo vivido y de lo emocional, que es lo que nunca podrá hacer la inteligencia artificial.
—¿En qué trabajas actualmente? ¿Tienes algún proyecto para este año?
En este momento tengo un par de proyectos: uno académico e incipiente, y una novela titulada Americanos en el paraíso, acerca de una expedición arqueológica ambientada en la Venezuela de los años sesenta. Aborda el tema de la apropiación cultural, el colonialismo y los factores que determinan la memoria colectiva.
Por otra parte, me gustaría publicar una novela inédita titulada La piedad de los caníbales, que tengo pendiente desde que la terminé en 2016. Trata acerca de una causa judicial abierta contra una lideresa católica en 1910. Ojalá sea posible.
El sacrificio de Urías es su primera novela, publicada por Ediciones Navarra. En 2023 se publicó El pequeño intervencionista. Ayuntamiento, empresarios y regulación telefónica en la Ciudad de México, 1881-1915, por Palabra de Clío.
La revista Anestesia ha publicado sus cuentos Las tentaciones del cinismo, La travesura Art Deco de los noventa, La cuarentena y El melómano.

