La jubilación no significó descanso para Lidia Elsa Villanueva Chávez, sino el inicio de una nueva etapa. A sus 74 años decidió regresar al salón de clases, no para obtener un título o cumplir una obligación, sino para aprender acuarela y dedicar tiempo a una inquietud que había permanecido pendiente durante décadas. Su historia forma parte de las cientos que este semestre encontraron espacio en los talleres de Artes y Oficios de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez (UACJ).
Luego de concluir su trayectoria laboral en la universidad y continuar activa al frente de un negocio de persianas, alfombras y papel tapiz, Villanueva Chávez decidió que era momento de hacer algo para ella. La oportunidad llegó a través de los talleres que ofrece la institución, donde encontró una amplia variedad de opciones y un ambiente que la motivó a seguir aprendiendo.
La experiencia ha resultado tan positiva que ya contempla continuar perfeccionando la técnica de la acuarela. Además de las clases, destaca la convivencia con sus compañeros y el acompañamiento de su instructor, elementos que considera fundamentales para disfrutar el proceso de aprendizaje.
Historias como la de Lidia se repiten en distintos salones de la universidad. Entre los alumnos también se encuentra Enrique del Toro Silva, conocido como Quique, quien actualmente cursa la licenciatura en Administración de Empresas en el Instituto de Ciencias Sociales y Administración, participa en la danza folclórica universitaria y trabaja en un programa de inclusión laboral de Bosch.
Impulsado por el deseo de aprender pintura, Quique se integró al curso de acuarela, donde durante el semestre desarrolló una docena de trabajos aplicando las técnicas enseñadas en clase. Para su madre, Clara Silva Rojas, la actividad le permitió fortalecer habilidades como la concentración, la paciencia y la convivencia con otras personas, además de ofrecerle un espacio para mantenerse activo y desarrollar nuevas capacidades.
La participación de Quique refleja uno de los principales objetivos del programa: generar espacios inclusivos donde cualquier persona tenga la oportunidad de aprender. Actualmente asisten niños con autismo, jóvenes con distintas capacidades, adultos mayores y personas que por diversas circunstancias nunca habían tenido acceso a una experiencia educativa dentro de una universidad.
De acuerdo con María Dolores García Flores, responsable de la Jefatura de Artes y Oficios del Instituto de Arquitectura, Diseño y Arte (IADA), esta semana concluyen los talleres semestrales con una exposición abierta al público que permanecerá disponible hasta el próximo 7 de junio. La muestra reúne los trabajos realizados durante catorce semanas por estudiantes de distintas disciplinas.
Los visitantes podrán conocer proyectos de manualidades, artes plásticas, fotografía digital, edición de video, así como actividades enfocadas en el desarrollo humano y la superación personal. La exposición busca acercar a la comunidad al trabajo que realizan instructores y alumnos, además de mostrar las posibilidades de aprendizaje que ofrecen estos espacios.
Durante el semestre, alrededor de 2 mil 800 personas se matricularon en los distintos talleres, una cifra que refleja el creciente interés de la población por actividades que contribuyen tanto al desarrollo de habilidades como al bienestar emocional. El programa recibe participantes de entre seis y 85 años de edad, consolidándose como una de las iniciativas de educación continua y vinculación comunitaria más amplias de la universidad.
En una ciudad caracterizada por el dinamismo de la frontera y el ritmo acelerado de la vida cotidiana, los talleres de Artes y Oficios se han convertido en un punto de encuentro para quienes desean descubrir nuevas pasiones, fortalecer sus capacidades o simplemente demostrar que nunca es tarde para comenzar algo nuevo.

