“El deporte puede crear esperanza.”
— Nelson Mandela
Disclaimer: esta serie no habla de futbol, aunque lo parezca. Habla de un país y de las formas en que puede leerse a través de quienes lo escriben. Aquí, los autores ocupan la cancha como si fueran jugadores, cada uno con su estilo, su historia y su peso en el juego. Sudáfrica reúne dos premios Nobel de Literatura y dos de la Paz; con ellos se arma esta alineación, una selección construida desde la palabra.
I. Los que saltan al césped
Sudáfrica vuelve al Mundial después de 16 años. Su entrenador es el belga Hugo Broos. La alineación: Williams (Mamelodi Sundowns); Mudau (Mamelodi Sundowns), Ngezana (FCSB/Rumania), Mbokazi (Chicago Fire), Kabini (Molde/Noruega); Mokoena (Mamelodi Sundowns), Sibisi (Orlando Pirates), Aubaas (Mamelodi Sundowns); Appollis (Orlando Pirates), Foster (Burnley/Inglaterra), Mofokeng (Orlando Pirates). Tienen oficio.
II. Los que escriben desde la herida
El entrenador: Nelson Mandela. Mandela escribió El largo camino hacia la libertad. Pasó 27 años en prisión. Diseñó la jugada de convertir el dolor en democracia.
El capitán: Desmond Tutu. Tutu es arzobispo y Nobel de la Paz. Lideró la Comisión de la Verdad. En Sin perdón no hay futuro cuenta cómo se repara un país. El perdón consiste en recordar y soltar.
La delantera: Nadine Gordimer y J.M. Coetzee.
Gordimer ganó el Nobel en 1991. Era blanca, judía, activista. Hija de un relojero lituano, creció cerca de las minas de Johannesburgo. En La gente de July, una pareja de afrikáners se refugia en la aldea de su sirviente. La novela incomoda. Mandela la leyó en prisión y le escribió una carta de agradecimiento.
Coetzee ganó el Nobel en 2003. Nació en Ciudad del Cabo en 1940, en una familia afrikánder. En Desgracia, un profesor termina en una granja donde violentan a su hija. En Esperando a los bárbaros, un magistrado se niega a torturar. Coetzee escribe con precisión.
El portero: Gcina Mhlophe. No es Nobel. No es novelista. Es la guardiana de las palabras. Sudáfrica tiene una tradición oral que sobrevivió al apartheid. Mhlophe es su máxima exponente. Viaja por el mundo con su maleta llena de cuentos, como la bisabuela que le enseñó que las palabras son mágicas. En la portería, ella ataja el olvido. No deja que las historias de los que no tuvieron voz se pierdan.
La defensa: Alan Paton, Richard Rive, Es’kia Mphahlele.
Paton escribió Llanto por la tierra amada en 1948, el año del apartheid. Un pastor negro viaja a Johannesburgo a buscar a su hijo. El hijo resulta ser el asesino de un hombre blanco. Paton fundó el Partido Liberal Sudafricano en 1953 y se opuso al apartheid hasta el final. Su novela llevó el apartheid a la conciencia mundial.
Richard Rive era coloured y sufrió discriminación. Buckingham Palace, Distrito Sexto retrata su barrio antes de que el régimen lo destruyera. Es un documento y una obra literaria.
Es’kia Mphahlele trabajó en la revista Drum. Down Second Avenue es su autobiografía. Narra su vida bajo el apartheid, el exilio y el regreso.
El mediocampo: Damon Galgut y Kopano Matlwa.
Galgut ganó el Booker con La Promesa (2021). Una familia blanca en una granja de Pretoria. Una promesa incumplida a lo largo del tiempo. Narra el fracaso de quienes heredaron el poder después del apartheid.
Matlwa escribió Nuez de Coco (2007). Dos jóvenes negras en la Sudáfrica post-apartheid. Matlwa es médica y creció viendo el VIH en su país. Escribe desde la desilusión de su generación.
Los extremos: Trevor Noah y Bessie Head.
Noah escribió Prohibido nacer (2016). Nació de padre blanco y madre negra. Su existencia era un delito. Hoy es figura mediática. Su libro permite entender la vida bajo el apartheid.
Bessie Head nació en Sudáfrica y se exilió en Botsuana. Escribió sobre la opresión y la búsqueda de un hogar. Una cuestión de poder es su obra principal.
El delantero centro: Zakes Mda. Autor de El corazón de la redondez y La Madonna de Excelsior. Referente de la narrativa sudafricana contemporánea.
III. La hinchada
Sudáfrica jugó un papel relevante en el fútbol, la literatura y la vida. Cuenta con dos Nobeles de Literatura y dos de la Paz, además de escritores que documentaron su historia.
La literatura sudafricana muestra que la dignidad permanece. La palabra encuentra caminos. La libertad llega.
Esa es la lección. Esa es la selección. Ese es Sudáfrica.

