El combate a la pobreza en México comienza a reflejarse en uno de los indicadores más sensibles para cualquier sociedad: el acceso a los alimentos. El más reciente informe de la FAO revela que el país registró una reducción histórica de la inseguridad alimentaria, permitiendo que 8.6 millones de personas dejaran de vivir con dificultades para conseguir comida suficiente. El dato coloca a México entre las naciones que avanzan en un contexto internacional donde el hambre sigue siendo uno de los mayores desafíos.
La cifra es especialmente significativa porque no se trata de una variación marginal. Entre 2014-2016 y 2023-2025, la inseguridad alimentaria moderada o grave pasó de 24.9 a 16.5 por ciento. Traducido a personas, significa que 8.6 millones de mexicanos dejaron de vivir con incertidumbre sobre si tendrían alimentos suficientes. En un contexto internacional marcado por guerras, inflación y crisis climáticas que han deteriorado la seguridad alimentaria en muchas regiones, México avanzó en sentido contrario.
La reducción de la pobreza y de la inseguridad alimentaria en México no puede entenderse como fenómenos aislados. Los datos recientes de la FAO muestran que millones de personas dejaron de vivir con incertidumbre sobre su acceso a los alimentos, un resultado que coincide con una estrategia enfocada en fortalecer el ingreso de los hogares.
Global hunger declined for a third consecutive year in 2025, demonstrating that progress is possible.
— Food and Agriculture Organization (@FAO) July 24, 2026
Ending hunger & making #HealthyDiets affordable requires political commitment, sustained investment & enabling policies.
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El aumento sostenido del salario mínimo por encima de la inflación, combinado con las transferencias directas mediante los Programas para el Bienestar, ha permitido que una mayor proporción de familias disponga de recursos para cubrir necesidades básicas, entre ellas la alimentación.
A diferencia de modelos basados exclusivamente en el crecimiento económico, la política social del Gobierno mexicano de los últimos años ha privilegiado la distribución directa del ingreso hacia los sectores con mayores carencias. Pensiones para adultos mayores, becas para estudiantes, apoyos a personas con discapacidad, programas para el campo y asistencia comunitaria han incrementado la capacidad de consumo de millones de hogares.
Cuando estas medidas se complementan con una recuperación del poder adquisitivo a través del salario mínimo, el efecto se refleja no solo en menores niveles de pobreza, sino también en una reducción de la inseguridad alimentaria, como lo documenta la FAO.
Este resultado adquiere mayor relevancia cuando se observa junto con otros indicadores recientes. En los últimos años también se reportó una disminución de la pobreza y de la pobreza extrema. Ahora, la FAO confirma que esa mejoría no solo se refleja en ingresos o estadísticas económicas, sino en algo mucho más tangible: la posibilidad de que las familias lleven comida a la mesa con mayor regularidad. Cuando disminuye la inseguridad alimentaria, el beneficio alcanza directamente la salud, el desarrollo infantil, el rendimiento escolar y la productividad laboral.
Otro dato que rompe inercias históricas es el costo de una dieta saludable. México aparece por debajo del promedio de América Latina y el Caribe, lo que significa que, en términos relativos, acceder a una alimentación adecuada resulta más asequible que en buena parte de la región. Además, la diversidad alimentaria entre las mujeres supera ampliamente los promedios regional y mundial, mientras que la desnutrición aguda infantil se mantiene en niveles considerablemente menores al promedio global.
Nada de esto significa que el problema esté resuelto. Más de cuatro millones de personas siguen padeciendo subalimentación y millones continúan enfrentando dificultades para alimentarse adecuadamente. Sin embargo, la diferencia respecto a décadas anteriores es que los indicadores internacionales muestran una trayectoria de mejora sostenida y no de estancamiento o retroceso.
El contraste con el panorama mundial hace todavía más evidente el avance. Mientras la FAO advierte que más de 645 millones de personas padecen hambre en el planeta y que los conflictos armados y el cambio climático amenazan con frenar el objetivo de Hambre Cero, México aparece entre los países que han logrado reducir de forma importante la inseguridad alimentaria. No es un logro menor: durante muchos años, el hambre y la mala nutrición parecían problemas estructurales imposibles de revertir.
Por ello, el desafío ya no consiste únicamente en celebrar las cifras, sino en consolidarlas. Mantener el acceso a los alimentos, fortalecer la producción nacional, proteger el poder adquisitivo y garantizar una alimentación saludable serán claves para evitar retrocesos. Pero los datos de la FAO muestran que México está alcanzando resultados que hace apenas una década parecían lejanos: reducir simultáneamente la pobreza, la inseguridad alimentaria y la desnutrición, tres indicadores que históricamente habían caminado de la mano.

