La gobernadora María Eugenia Campos ha comenzado a mostrar, cada vez con menos filtros, el rostro político que durante años intentó matizar. Primero apareció el escándalo relacionado con la presunta colaboración con agencias estadounidenses fuera del marco constitucional mexicano.
Después vino el discurso de victimización alrededor de las investigaciones federales. Y ahora aparece sonriente, en Aguascalientes, fotografiándose con Isabel Díaz Ayuso, una de las figuras más representativas de la ultraderecha española, en una escena que terminó retratando mucho más que un simple encuentro político.
La visita de Ayuso a México llegó envuelta en discursos contra la izquierda, provocaciones y mensajes dirigidos contra el gobierno de Claudia Sheinbaum. Fue arropada por sectores conservadores mexicanos que parecen obsesionados con buscar legitimidad en referentes externos.
Y ahí estuvo Maru Campos, cómoda, sonriente, hablando de “seguir construyendo alianzas”, mientras en Chihuahua continúan abiertas las preguntas sobre la participación de agentes estadounidenses en operativos dentro del estado.
Campos ha construido una narrativa política vinculada a sectores conservadores internacionales, particularmente aquellos que ven en el nacionalismo de derecha, el discurso religioso y el alineamiento con Washington una forma de posicionamiento político.
En diciembre de 2025 viajó al Vaticano para reunirse con el Papa León XIV, donde habló de unidad entre los pueblos y encabezó actividades culturales impulsadas desde Chihuahua. Esa cercanía comenzó a formar parte de una estrategia de imagen alrededor de valores conservadores, símbolos religiosos y alianzas ideológicas.
Chihuahua enfrenta uno de los debates más delicados de los últimos años sobre soberanía nacional. La discusión gira alrededor de los límites constitucionales de la cooperación extranjera y la presencia de agencias estadounidenses en territorio mexicano.
En ese contexto, la imagen de la gobernadora abrazando figuras políticas de ultraderecha internacional y cultivando vínculos externos termina enviando un mensaje político: el de una mandataria más interesada en construir relaciones con actores internacionales conservadores mientras siguen abiertas las preguntas sobre lo ocurrido en Chihuahua.

