En Ciudad Juárez la identidad también se construye desde el arte. En los teatros, en los escenarios improvisados de festivales comunitarios y en las academias donde jóvenes aprenden a zapatear por primera vez, la danza folklórica mantiene vivas tradiciones que viajan de generación en generación.
La historia de Lilia del Rocío Ruvalcaba Rizo comenzó lejos de la frontera, en Guadalajara, Jalisco. En su infancia creció dentro de una familia numerosa, la segunda de seis hermanos. En casa no siempre existían las condiciones para tomar clases de danza, pero algunas imágenes quedaron grabadas en su memoria. En la televisión aparecían fragmentos de ballet clásico y presentaciones del Ballet Folklórico de Amalia Hernández en el programa Siempre en Domingo. Aquellas escenas despertaron una curiosidad que con el tiempo se transformó en decisión.
Los años de formación llegaron después en la Universidad de Guadalajara, donde cursó un programa técnico profesional en danza y posteriormente la licenciatura en Artes Escénicas con especialidad en esta disciplina. Entre salones de ensayo, coreografías y presentaciones académicas confirmó que su vida estaría ligada al escenario.

El destino la llevó años después a la frontera norte. En Ciudad Juárez encontró un lugar donde desarrollar un proyecto que había imaginado desde sus años de formación. Así nació la compañía México, Fiesta y Tradición, una agrupación dedicada a difundir la danza folklórica mexicana y a compartirla con distintos públicos de la región.
Con el paso del tiempo, el proyecto creció hasta convertirse en un espacio constante de presentaciones, talleres y formación artística. Durante más de dos décadas de funciones, Ruvalcaba ha observado cómo la danza despierta recuerdos en quienes asisten al teatro. En algunas ocasiones, después de una presentación, los espectadores se acercan para contarle que una canción o una escena les recordó momentos de su infancia o historias familiares.
Las coreografías inspiradas en episodios de la historia mexicana también forman parte del repertorio de la compañía. En el escenario aparecen escenas que evocan campamentos revolucionarios, encuentros entre personajes y pasajes que forman parte de la memoria cultural del país.
Además de dirigir la agrupación, la maestra Ruvalcaba ha dedicado gran parte de su trabajo a la formación de nuevas generaciones de bailarines. En los ensayos comparte técnicas, disciplina y experiencias con estudiantes interesados en el arte escénico, muchos de ellos jóvenes que descubren en la danza una forma de expresión.
Su trayectoria forma parte del segmento Cultura, Talento e Identidad Juarense impulsado por el Instituto para la Cultura del Municipio de Juárez, un espacio que reconoce el trabajo de creadores que contribuyen al desarrollo cultural de la ciudad.

