—Me sigue tomando el pelo… Sí le creo que va a buscar un depa o una casa cuando esto se normalice y podamos salir libremente a la calle, pero eso de atender una barra o trabajar en un taibol son puras habladas.
—¿Y si le mentí y en realidad trabajaba en un bar topless del lago Travis cuando mi hermana me rescató, qué pensaría?
—Primero, que es una mentirosa.
—¿Me retiraría su amistad por ser y tener de vecina a una exbailarina?
—No… No me asusta tener de amiga a una teibolera; no sería la primera vez… Cuando trabajaba en Mex Donalds tuve amigas bailarinas, prostitutas, meseras, ficheras y cantineras… Y más cuando abrimos otra sucursal en la esquina de Bolivia y Vicente Guerrero; ese sector de la ciudad estaba lleno de tugurios y encueraderos… de la Constitución hasta el Parque Borunda.
—¿Y por qué ese tipo de amistades?
—Porque también ahí se tenían casetas telefónicas y muchas iban a desayunar, comer o cenar y a hablar de larga distancia.
—Lo que pasa es que usted ha de haber sido muy vagillo cuando estaba joven.
—¡Aparte!
—Pero no me ha contestado… ¿Sería mi amigo si yo fuera una bailarina topless? ¿O qué? ¿No parezco?
—De parecer, sí parece.
—¡Ja, ja, ja!… No se crea; solo trabajaba de bartender en el bar de un hotel en el lago… Y aquí buscaría un empleo similar o en un bar de categoría… Pero, de todos modos, quiero que me lleve a conocer muchas barras y cantinas de todo tipo.
—Nomás que el Covid nos lo permita.
—Prometo no ponerme borracha.
—Ni yo se lo voy a permitir.
—Se me hace que le pegan agruras… Por cierto, ¿ya sabe su esposa de mi existencia?
—No he tenido oportunidad de contarle… Pues me va a regañar; ella me tiene aislado para que nadie me contagie y yo saliendo al patio a platicar con una mujer desconocida… Por eso suspendí vernos… aunque sea de lejitos.
—Usted ama a su esposa… Se nota.
—¡Claro!
—Mejor sígame contando… ¿En qué más ha trabajado?
—Nos quedamos en que fui maestro y di clases en los niveles de preparatoria y universidad… Incluso estaban a punto de darme una plaza de profe en la UACJ, pero renuncié antes.
—¿Por qué se rajó?
—Viera que ya estaba aburrido, fastidiado y no tenía tiempo de escribir mis cosas… Antes de eso me divorcié y fui a pedir trabajo al Norte, el segundo periódico de la ciudad, y me hice reportero de una sección llamada “Tiempo Libre” (era una sección de 4 o 6 páginas con noticias de color, cultura y espectáculos… le hablo de hace 30 años, cuando los periódicos en papel eran un negociazo)… Pero antes estuve colaborando (sin cobrar un quinto) en el semanario AHORA con una columna cultural que se llamaba “NOTAS DE PIE”… No cobraba porque ese semanario era hecho por un montón de periodistas expulsados del “Diario de Juárez” y yo tenía varios amigos ahí… Fue mi entrenamiento sin querer… (cuando escribía para el AHORA ya estaba graduado en Ciencias de la Comunicación)… Tenía 27 o 28 años cuando conocí a la mujer de mi vida y, pues, me tuve que divorciar.
—¿A su esposa actual?
—Así es… Por eso fui a pedir trabajo al NORTE… Aún trabajaba de maestro en la Escuela Superior de Agricultura, pero necesitaba más lana y, pues, me estrené como reportero… En ese trabajo en el periódico hice una tontería.
—¡Cuente, cuente!
—Un día yo estaba en la redacción entregando mis notas y mi jefa (Yolanda Arroyo) me dice: “Miguel, ve y atiende a un joven que dice ser cantante y anda promocionando su disco; hazle una pequeña entrevista para que deje de dar lata”… Voy a la recepción y veo a un joven de mi edad, flaco y de pelo largo; lo entrevisto en caliente, me da una fotografía promocional y se va muy contento… Yo, por desidia, nunca le presenté la entrevista a mi jefa para que la publicara… Dos años después, aquel joven, que no pelé, aparece (ya famoso) en “Siempre en Domingo”. Era ¡Ricardo Arjona!
—Vecino… ¡cómo es güey!

