En la esquina de Lázaro Cárdenas y Francisco Villa 155, de la colonia Zaragoza, Benito Mendoza Murillo, mejor conocido como “Deko”, recibe con las manos manchadas de pintura a quienes se acercan. Su gesto refleja la firmeza de quien ha aprendido a defender su territorio no con armas, sino con murales.
Hace dos años formalizó el espacio físico de “Juaritos Rifa”, aunque la idea venía gestándose mucho antes como un proyecto paralelo a la pintura callejera que él y otros artistas realizaban en la colonia. Nació de la necesidad de construir un arraigo en un entorno marcado por la violencia persistente, donde la vida cotidiana se mide en notas rojas.
“Juaritos Rifa” funciona como galería de barrio y punto de encuentro comunitario. Impulsado por Deko y Crof, ambos originarios del sector, el proyecto nació con la intención de crear símbolos culturales propios para la colonia, al igual que otras ciudades presumen los suyos. La apuesta fue clara: convertir el arte en herramienta de participación ciudadana, abrir la puerta a quienes nunca han pisado un museo y demostrar que el talento también florece en un contexto adverso.
La colonia Zaragoza y sus alrededores, como Águilas de Zaragoza y Zaragosita, permanecen entre las zonas con mayores índices de violencia en Ciudad Juárez, especialmente por la disputa de grupos delictivos en el suroriente de la ciudad. Hallazgos de cuerpos, ataques armados y ejecuciones son un recordatorio constante de esta realidad. En medio de esta conflictividad, “Juaritos Rifa” se levanta como un refugio cultural, un espacio donde el arte se convierte en resistencia y en alternativa de vida para quienes habitan y transitan la colonia.
Mendoza Murillo conversó con Poetripiados acerca de este centro cultural independiente que acaba de cumplir dos años.
–¿Cómo han logrado convertir el espacio en un punto de encuentro constante para artistas y vecinos?
“Para nosotros estar aquí es algo natural y necesario, porque crecimos en esta colonia. Conocemos a la mayoría de las personas que viven aquí desde hace años y ahora vemos a sus hijos, a la nueva generación que está creciendo en el mismo entorno. Eso nos ha permitido conectar de manera más cercana con la comunidad y que ellos también se acerquen a lo que hacemos.
Cuando organizamos talleres al aire libre, la gente se aproxima con curiosidad; cuando montamos exposiciones, algunos vecinos entran a conocer el espacio. Incluso en las posadas que hemos realizado, las familias se acercan y participan. Poco a poco se va generando ese vínculo.

Más que nada, buscamos que la parte cultural se integre con la vida del barrio, que no sea algo ajeno. Queremos que vean que existen otras opciones, otras formas de expresión y convivencia más allá de lo que comúnmente nos toca vivir aquí”.
–¿Cómo describirías el trabajo que realizan en el espacio y qué tipo de actividades lo mantienen vivo?
“El espacio funciona, ante todo, como un lugar de reunión para personas distintas entre sí, pero unidas por el interés en el arte y la cultura. Cada martes realizamos el “Martes Creativo”, una actividad permanente en la que participan al menos 15 personas y, en ocasiones, hasta 40 o 50. Cada semana proponemos una actividad diferente para que quienes asisten puedan probar nuevas técnicas y desarrollar su creatividad.

También organizamos presentaciones musicales, principalmente de géneros urbanos como hip hop y rap. Además, hemos albergado presentaciones de libros vinculados al grafiti y a la cultura urbana.
El lugar opera igualmente como espacio de formación. Hemos impartido talleres de muralismo, tejido, paste-up, serigrafía y stencil, entre otros. Cuando nos visitan artistas locales o de otras ciudades, realizamos sesiones de impresión en vivo y actividades abiertas al público.
Nuestro trabajo no se limita a la galería. Como colectivo, llevamos actividades culturales a otras zonas de la ciudad, donde ofrecemos talleres gratuitos para niños y propuestas de arte urbano, con el propósito de acercar estas expresiones a más personas y ampliar su alcance”.
–El espacio llama mucho la atención por su diseño y organización; funciona como un punto de encuentro artístico y casi como un pequeño centro cultural en plena colonia. ¿En qué momento decidieron que este lugar debía convertirse en algo más que una galería y asumir ese papel comunitario?
“Nosotros lo llamamos una galería de barrio porque esa es su esencia. Aunque hemos recibido algunas piezas de artistas de otras ciudades, la mayoría de las obras que están aquí pertenecen a personas que pintan grafiti en Ciudad Juárez. De hecho, casi todos los que intervienen la ciudad, incluso de manera ilegal, tienen al menos una pieza dentro del espacio.
Eso le da un valor especial, porque también funciona como un registro de lo que está ocurriendo en las calles en este momento. Es una forma de documentar el movimiento local y darle reconocimiento a quienes muchas veces no tienen cabida en espacios tradicionales.
El proyecto es completamente independiente y lo sostenemos con nuestro propio trabajo, por eso a veces el horario es limitado. Antes abríamos más tiempo para que la gente pudiera entrar libremente, recorrer el lugar, hojear revistas de grafiti y sentarse a dibujar. Todavía hay dibujos que dejaron algunos niños que han pasado por aquí.
En ese sentido, no es una galería convencional. Es un espacio distinto, pensado para darle importancia a quienes se dedican al grafiti y al arte urbano. Con el tiempo, casi sin planearlo, se convirtió en una especie de punto de referencia, un lugar que muchos ya consideran el nido del grafiti en Ciudad Juárez. No fue algo que buscáramos desde el inicio, pero el propio movimiento lo fue construyendo así”.
¿Cuál es la situación actual del arte gráfico, el grafiti y el street art en la ciudad, tanto en producción como en reconocimiento?
“El movimiento del grafiti vive ciclos. Hay momentos en los que crece con mucha fuerza, luego se estabiliza y después vuelve a repuntar. Actualmente siento que estamos en una etapa activa, bastante sólida. No sé si vaya a crecer aún más o si se mantenga así un tiempo, pero lo cierto es que hay mucha gente creando, pintando y proponiendo cosas nuevas en la calle. Se perciben ganas de seguir trabajando, de intervenir más espacios y de mantenerse presentes en distintos puntos de la ciudad.

También hay artistas locales que están viajando a otras ciudades para pintar, y eso termina beneficiando a Ciudad Juárez, porque el nombre de la ciudad empieza a circular dentro del movimiento del grafiti.
En ese contexto, nuestro espacio se ha convertido en un punto de reunión. Cuando viene alguien de Monterrey u otra ciudad, suele pasar por aquí para conocer el lugar y conectarse con quienes pintan en Juárez. De alguna manera, el sitio ya es reconocido como un punto de referencia del arte urbano local, un lugar donde se pueden establecer vínculos y fortalecer la comunidad”.
—En una ciudad donde la oferta cultural suele concentrarse en el Centro, ¿qué significa impulsar una galería en esta zona?
“Para nosotros es algo muy importante. Crecimos aquí, en los años noventa, y en ese tiempo no había espacios culturales en la colonia, nada enfocado al arte urbano ni a este tipo de expresiones. Por eso sentimos que, de alguna manera, es necesario y casi una responsabilidad crear algo así para los vecinos, para que tengan un lugar cercano donde puedan acercarse a la cultura.

En la ciudad, la mayoría de las galerías y museos están concentrados en el Centro o en zonas específicas. En esta parte no existía un espacio artístico como tal, y nosotros estamos tratando de cubrir esa ausencia. Queremos que la gente del barrio pueda entrar, conocer el lugar y entender de qué trata este movimiento.
Aunque el enfoque principal es el grafiti, a las personas les gusta el diseño del espacio, cómo están montadas las piezas, los colores y el ambiente en general. Muchos nos han dicho que antes, si querían tomar un taller o visitar una galería, tenían que trasladarse hasta el centro o a otros puntos de la ciudad. Tener algo así aquí mismo les parece positivo.
Tal vez no alcanza todavía el impacto que nos gustaría, pero es parte de trabajar de forma independiente. Poco a poco el espacio se va consolidando como una opción cultural dentro de la colonia”.
–Cuéntanos cómo fue tu infancia, tus primeros acercamientos con el arte y qué experiencias marcaron tus primeros años.
“Bueno, yo crecí aquí, así que todo siempre fue más una cuestión de barrio. En ese tiempo no había tantos clubs ni espacios para grafiti; el grafiti estaba más relacionado con pandillas. Mi hermano pintaba, y verlo me despertó ese interés. Con el grupo del barrio y de la colonia seguimos pintando juntos. Nuestro enfoque era cubrir nuestro territorio: usábamos los camiones, rayábamos las paredes y pintábamos todo lo que era nuestro barrio, tratando de que nuestras intervenciones se vieran en la mayor cantidad de lugares posible.
Con el tiempo, seguí creciendo y estudié diseño, pero nunca dejé de hacer grafiti. Estudiar diseño me permitió mejorar mi técnica, aunque siempre conservando la idea de que esto debía ser un esfuerzo colectivo: una persona sola no puede lograr tanto como un grupo trabajando unido.

Ahora, estando aquí, todo encaja perfectamente. Por ejemplo, Crof, que también es de mi barrio, comenzó a pintar conmigo cuando éramos chicos, así que la experiencia se siente auténtica y nace de la necesidad que teníamos en aquel entonces.
He pintado durante muchos años y he viajado a otras ciudades para hacerlo, pero todo suma a lo que quiero construir. Para mí, este espacio es algo que me ha motivado e inspirado mucho en los últimos tiempos, impulsándome a crecer como artista y creador.
En cuanto a mis proyectos, trato de separar mi trabajo personal, de lo que hacemos en Juaritos Rifa. Es un proyecto más individual; con él hemos participado en festivales de música, como Pal Norte, donde hemos sido los únicos juarenses que han pintado durante tres años consecutivos. También hemos viajado a otras partes de México y a Estados Unidos, lo que nos ha permitido seguir creciendo y sumar experiencias.
Ahora, con Juarito Rifa, también damos la oportunidad a más personas de sumarse, de formar parte del proyecto y de seguir construyendo juntos, tal como lo hicimos desde el principio”.
–¿Qué representa para ustedes Ciudad Juárez y cómo buscan que se perciba desde el arte urbano que realizan?
“El mensaje de Ciudad Juárez para nosotros siempre ha sido la necesidad de que somos Juaritos Rifa, o sea, Juaritos Rifa para nosotros es tal cual la pertenencia a Ciudad Juárez. No se trata de hablar de algo estético que quizá no sea lo que esperamos, sino de la calidad de las personas, de la calidad de las cosas que podemos lograr aquí también. Somos artistas capaces de competir técnicamente con cualquier otro; no es que sea lo menor, simplemente tenemos menor atención que otros espacios, como los del Estado de la República, pero en calidad también podemos competir, en cuanto a lo que pintamos y a lo que hacemos.

Eso es lo que me gusta: ir a otras ciudades y que vean que también tenemos talentos, que también somos buenos. Si nos preguntan, “¿de dónde vienen?”, respondemos, “¿de Ciudad Juárez?” y hemos comentado con mucha gente que, después de eso, quiere venir a Juárez, y han venido y han visto que todo funciona distinto a como se lo imaginaba. Entonces, también somos una ventana hacia lo que estamos haciendo aquí, artísticamente o culturalmente”.
-Ciudad Juárez suele ser percibida como una ciudad violenta, y esa imagen se ha vuelto común. Desde tu perspectiva, ¿cómo la ven realmente?”
“Sí, pues es que es eso: el principal objetivo que tiene siempre Ciudad Juárez es la violencia. Siempre, siempre. Juárez es una ciudad violenta, es una ciudad escéptica y, estéticamente, pues es muy fea; no tiene la característica que se espera, pero ya cuando conocen a las personas y ven lo que se hace aquí, les llama la atención venir. Dicen: “Yo quiero conocer, yo quiero saber”.
Hay gente que nos sigue de muchas partes; por ejemplo, personas que son buenísimas en lo que hacen, que admiramos mucho a los de Morros, y dicen: “Yo quiero ir, se ve chido, bien lo que están haciendo allá, me gustaría estar ahí, presenciarlo y pintar algo, y armar esa unión entre Ciudad Juárez y ellos”.
Para nosotros es un orgullo un poco decir: “Ah, pues, si alguien quiere venir a pintar acá desde otras partes del país es porque estamos haciendo las cosas bien y porque esto está funcionando”. Y lo seguimos buscando principalmente para cambiar el punto de vista de las personas sobre Ciudad Juárez, para que no piensen que todo es solo la cuestión estética, que no nos corresponde tanto como a nosotros, de alguna manera”.
¿Cómo funciona su galería en la práctica y de qué manera pueden participar las personas de la comunidad?
“Nosotros siempre hacemos una invitación abierta. Aquí casi nunca, o muy rara vez, ponemos un costo; a veces establecemos uno muy mínimo, como de 200 pesos, solo cuando el material lo requiere. Pero siempre es un costo accesible, un costo libre, sin ningún precio fijo. Siempre estamos invitando a que los martes, por ejemplo, la gente pueda acercarse.

Los martes se ha ido sumando mucha gente nueva, y la respuesta ha sido muy buena. La gente se está integrando, vienen a hacer algo creativo, y luego ven su trabajo pintado en la calle, pegado o en alguna exposición. También se han integrado personas que quizá tienen miedo de salir o que no encuentran espacios adecuados para expresarse. La mayoría de los que vienen no son artistas de academia ni de museo, son personas con trabajos normales que disfrutan de la parte creativa, y eso es lo que más nos emociona.
Por ejemplo, mañana (viernes 27 de febrero) a las 8[00 de la nocche empieza una actividad, que es la presentación de un fanzine, un proyecto que estamos construyendo. Después, alrededor de las 9, comienzan los grupos de hip hop.
En cuanto a la integración de más personas, siempre tenemos eventos pensados para distintos tipos de edades. Por ejemplo, el de hoy (jueves 26 de febrero) fue más un “drink and drop”: la gente llega, se sienta a dibujar o a pintar. Pero también hacemos talleres más específicos para niños, normalmente los domingos temprano o algunos sábados, para que ellos puedan disfrutar del tallercito a gusto. No cobramos por ello y les damos jugos y materiales. La idea es que se diviertan, que tengan un lugar diferente a lo que hacen normalmente; si un domingo solo están en casa viendo la tele, este domingo pueden ir a un taller, hacer una pintura y llevársela a su casa.
Además, si alguien tiene un proyecto y quiere exponerlo, también puede. Hemos recibido a personas que nos dicen: “Quiero exponer esto”, y montamos la galería para su exposición. No importa si no tienen trayectoria, años pintando o recursos: la idea es que sea una galería abierta para cualquiera, sin juzgar si es bueno o no.
Si alguien no tiene internet en su casa, puede venir y trabajar aquí; si no tiene materiales para pintar, también se los proporcionamos nosotros. La idea es que funcione como una galería y, al mismo tiempo, como una pequeña casa de cultura: sin grandes recursos, pero abierta siempre para que la gente pueda crear y trabajar acá”.
-Finalmente, ahora que mencionas que no cuentan con muchos recursos, ¿cómo hacen para mantener un lugar como este?
“El espacio, por ejemplo, es mío; es como una casa que yo tengo y la adaptamos para que funcione como tal. Estamos pagando renta, pero nos cambiamos porque era mucho gasto, un gasto que no es una inversión, sino simplemente un gasto. Actualmente, todo lo que se gasta aquí proviene de nuestro trabajo en CO1. Ahí laboramos, y una parte de lo que generamos se destina a la galería: para mantener la luz, pagar materiales y cubrir necesidades básicas. Hemos comprado marcadores para todos, hojas de papel para poder trabajar siempre, y cortamos algunas piezas de MDF que intervenimos para que la gente las use.
Durante los Martes Creativos, hacemos actividades aquí y luego salimos a la calle a colocar nuestras piezas. Las dejamos colgadas para que la gente se las lleve. Así, quienes normalmente no pueden entrar a una galería pueden llevarse una pieza a su casa y experimentar el arte en su vida cotidiana. Esa es la finalidad de las piezas y de los Martes Creativos: que el trabajo no se quede solo dentro del espacio, sino que se difunda y llegue a la comunidad. Todo lo que hacemos surge de manera espontánea, en el momento.
Respecto al papel social de un artista, para mí es una obligación. Cada persona, según su forma, profesión o enfoque, tiene la responsabilidad de devolver algo a la sociedad, especialmente a quienes no tienen acceso a estas experiencias. Yo, que he vivido haciendo esto y formando algo en la cultura y en el arte, siento que es necesario crear espacios que faciliten la participación de los demás.
Si a otros les costó mucho lograr algo, nosotros tratamos de que a las nuevas generaciones les cueste menos. Queremos que tengan mayor accesibilidad, ya sea para aprender, promocionar o distribuir sus piezas, o simplemente para conectar con más personas. Nuestra intención es hacerlo más fácil para quienes siguen este camino y para la siguiente generación de creativos en la ciudad.
Siempre hemos buscado compartir lo que hacemos en todos los sentidos, invitando a otros a integrarse y sumar. Es emocionante ver cómo las nuevas ideas y formas de expresión surgen y crecen con nosotros”.

