El diálogo artístico que se da entre la maestra Elsa Madrigal Bulnes y Daniel Olivares Viniegra, respecto de su trabajo Insectas, me da un buen pretexto para varias observaciones. Las ilustraciones de la maestra Madrigal Bulnes surgen, sobre todo en Insectas 1, a raíz de su participación en el centenario del fallecimiento del autor Franz Kafka, ocurrido el 3 de junio de 1924. El homenaje se presentó en la ciudad de Praga, en 2024, como un bello trabajo en honor del escritor checoslovaco, reconocido por su novela La Metamorfosis (1916).
Pero, ¿qué vemos en Insectas? Ilustraciones realizadas en tinta china que conforman, en su conjunto, un libro objeto. Pero, ¿qué es lo que vemos en la imagen? Algo que me recuerda a los circos de fenómenos, al hombre serpiente o a la mujer tortuga, donde se les presentaba advirtiendo que habían sido seres desobedientes con sus padres, que se apartaron del buen camino y cayeron en desgracia. A estos fenómenos de la naturaleza se les presentaba con ese prejuicio. Pero estos híbridos artísticos de Madrigal Bulnes no contienen ese criterio de castigo imperdonable; al contrario, la impronta es la de una total libertad de creación para abordar a los insectos como una metáfora de la valía humana.
Además de la agudeza de la óptica presente en los trabajos, estos conllevan una circunstancia en la que se está a la intemperie humana, en la vulnerabilidad y en la indudable desvaloración del ser, con un fuerte y extraño sentido que nos lleva a ese estado de sentirse insecto. Aquí la vista es ese manto sentimental inequívoco en el que la sociedad hace sentir a una mujer bella y talentosa como un fenómeno de la naturaleza, en el rincón olvidado de la fábula y bajo un señalamiento despiadado en el que se le ve como una mujer insecto, una mujer cargando la moraleja de Gregorio Samsa, en la novela La Metamorfosis. Gregorio Samsa, un simple vendedor que un día amanece convertido en un gran insecto, se esconde de su familia, de sus amigos y de la sociedad entera. Son anomalías en las relaciones humanas y en los terribles y constantes rechazos sociales que, al parecer, desembocan en una evaluación imaginaria de la Señorita X, con el resultado de convertirse en un cero a la izquierda en el desarrollo de su persona; metáfora o lo que ya podríamos denominar el síndrome de Gregorio Samsa.

La Metamorfosis de Kafka es una ruptura con el eje de la cultura occidental al respecto de los seres fabulosos, sean dioses, gigantes o hijos de dioses. La fabulación en La Metamorfosis de Kafka no viene de Zeus; al contrario, no le debe nada. La impronta de la trama es una desgracia para el vendedor Gregorio Samsa, que un día amanece siendo un insecto y tiene que ocultarse de su familia y conocidos. Esta ruptura llevaría a nuevas posibilidades para la novela moderna del siglo XX, en donde Franz Kafka es un referente indiscutible.
En la colaboración de Madrigal Bulnes y Olivares Viniegra se da una asociación de larvario instalada por las vanguardias literarias. Por ello encontramos, en este mapa de ruta, por ejemplo, El almohadón de plumas, del escritor uruguayo Horacio Quiroga, aparecido en 1907, con el ácaro o gusano chupasangre, especie de relato vampírico y gótico que nos habla de una amenaza que se oculta entre las plumas de ganso de un almohadón. También está el poema Hormigas, del poeta zacatecano Ramón López Velarde, de 1917, un pequeño himno a la pasión de un afecto sin mayor destino que lo oculto.
En la pintura, alguien que utilizó artrópodos fue Salvador Dalí. Incluso propone la escena nauseabunda que surge de su colaboración visual en la película surrealista de Luis Buñuel, Un perro andaluz (1929), donde aparece una sucia mano con moscas caminando alrededor de la palma.
En este prontuario de larvas literarias y visuales, al escribir esta relación entomológica no podemos obviar, en México, a la cultura popular mediante una canción que se hizo muy famosa a partir de la Revolución Mexicana: La cucaracha, misma que ya existía en España desde 1818.
Quizá podríamos incluir también la película de terror y ciencia ficción La mosca (1958), de Kurt Neumann, con las actuaciones de David Hedison, Patricia Owens y Vincent Price. James Clavell escribió el guion basado en un relato corto de George Langelaan. Posteriormente tuvo un remake en 1986, dirigido por David Cronenberg, con las actuaciones de la bella actriz Geena Davis y Jeff Goldblum.
En esta ruta incluso podría entrar El Avispón Verde, héroe justiciero que atacó tanto al crimen organizado como a las autoridades corruptas. Este héroe comenzó en 1930 como un programa de radio, personaje ficticio creado por George W. Trendle y Frank Striker, aunque alcanzaría mayor fama con la serie de televisión transmitida de 1966 a 1967, protagonizada por Van Williams en el papel de Britt Reid, editor del periódico Daily Sentinel (Centinela Diario), acompañado en su lucha contra el crimen por Kato, interpretado por el gran Bruce Lee, a quien se debe buena parte del verdadero éxito de la serie televisiva. Esta serie constituye una manera de romantizar a un justiciero a partir del nombre de un insecto.
Independientemente de esto, en el trabajo de los autores de Insectas, antes mencionados, se da una hibridez natural de los insectos con las características humanas propias de la aguda óptica de ambos artistas. En el caso de Olivares Viniegra, conocedor de los movimientos de vanguardia y de los elementos efímeros de las corrientes literarias, como el haiku de origen japonés y la minificción, incluso la maestra Madrigal Bulnes aporta dos textos en el género de la mencionada minificción, además de sus ilustraciones; creaciones que suman, en el mismo proyecto, una presentación indivisible que logra por sí sola un equilibrio entre las dos disciplinas, tanto la literaria como la visual.
En la aportación literaria de estos ejemplares me es imposible no retomar la obra de Juan José Arreola, que me parece el ejemplo más cercano a este trabajo por su libro Bestiario (1959), en donde los textos realzan ingeniosamente los datos de la fauna del reino animal, a la vez que fabulan en narrativa o prosa poética a animales como el sapo, el bisonte y el ave de rapiña, entre otros textos que lo conforman.
En Insectas volumen dos, las minificciones son tanto ingeniosas como agudas, siendo una lectura lúdica e inigualable, por una parte fabulesca y, por otra, modesta y acompañante. La mayoría se dan en género femenino, a lo que Daniel Olivares Viniegra responde sin mayor ruido, con oficio y dedicación. Por ejemplo, en Insectas 1 se desarrolla el haiku de manera proverbial y artera, quizá sobresaliendo los que están dedicados a la mosca muerta, ya que hay una insistencia con la mosca remuerta.
En Insectas 2, la literatura se desarrolla con soltura en la expresión de las minificciones, donde además, de manera tanto aguda como amena, la maestra Madrigal aporta dos de las minificciones que la integran: Barrendera y La Mancha, siendo la primera severamente mordaz, irónica y divertida, logrando ser artera y lúdica.
En el caso de Olivares Viniegra, la minificción se da de manera modesta, pero oportuna, con su sorpresivo juego y asombro, sobresaliendo CataRrina, en donde hace un doble juego tanto verbal como semántico. Aquí habría que decirlo: en este texto se da uno de los trabajos de escritura de las fórmulas en las que más empeño tiene el autor para preservar su indudable sello personal.
Alacrana logra contundencia, sobresaliendo la metáfora en Alicia frente al espejo, texto que quizá en la inconsciencia nos lleva al personaje principal de la fabulación de Lewis Carroll en Alicia en el país de las maravillas, y a ese insecto que camina sobre el agua para descubrir, en su asombro y escalofrío, el temor de su propio reflejo, que contempla la poderosa señal de la muerte en la imagen descubierta de una calavera.
Lo cierto es que ambos libros contemplan un ambicioso ejercicio visual, con una escritura que no se impone, pero que está a la par, logrando equilibrar tanto la imagen como la textualidad. Realmente creo que, sin proponérselo, ambos autores dan un portento homenaje a Franz Kafka y a la perfecta excusa que nos da siempre la novela La Metamorfosis, con su imaginario artrópodo, muestra que no culmina, pero que indudablemente es tanto referente de una vital inquietud artística como suma de la misma posibilidad que tanto la maestra Elsa Madrigal Bulnes como Daniel Olivares Viniegra, sin reparo, abordan desde su propia trinchera, por así decirlo, y expresiones, puesto que existen tanto en los libros objeto como en los libros económicos, realizados de manera artesanal por la misma editorial de la maestra Elsa Madrigal Bulnes: Alibricho.
———
Joel Gustavo Rodríguez Toral (México, 1965) es poeta, periodista y conductor de Neorama, programa cultural transmitido por ProyectaTe Radio y plataformas digitales. Cuenta con más de 12 años de entrevistas literarias en su canal de YouTube y ocho años al frente de Neorama. Su obra ha sido incluida en diversas antologías poéticas publicadas entre 2002 y 2025, entre ellas Ayotzinapa, Palabra de Colibrí, La vida verdadera es la que soñamos en la infancia, Recinto del fuego, Danza de la libélula y Del caminar las calles. Es autor de los libros Hydrangea (2021), Lunaciones (2023), Syzygia (2024) y El varón de la noche (2025).
Syzygia es una plaquette integrada por once poemas seleccionados de un conjunto de treinta textos dedicados a la ciencia ficción. Su título alude a la alineación de tres o más cuerpos celestes, fenómeno asociado a eclipses y otros acontecimientos astronómicos. La obra reúne homenajes, referencias a novelas y películas del género, así como elementos de etnopunk inspirados en las culturas maya y mexica. Entre sus páginas aparecen ecos de autores fundamentales como Stanislaw Lem, George Méliès, Philip K. Dick, George Orwell, Ray Bradbury y Aldous Huxley.

