La mejor decisión que tomé el último mes fue esperarme a que esta serie saliera completa para verla de un jalón. Seis capítulos. Una tarde. Cero ansiedad entre semana. En estos tiempos de contenidos que se estiran como chicle, que alguien suelte todo junto es un gesto de buena voluntad.
A Knight of the Seven Kingdoms ya tiene números respetables: 93% en Rotten Tomatoes, un promedio que pocas cosas del universo Westeros alcanzan. Casi 13 millones de espectadores por episodio. No es Game of Thrones, pero tampoco es cualquier cosa.
Voy a asumir que ya la vieron, y si no, cuidado con los spoilers.
El mapa
En este universo todo se mide a partir de la conquista del primer Aegon, el que unió (o más bien se apropió) del reino entero con dragones. La Casa del Dragón ocurre como cien años después, cuando los Targaryen están en su máximo poder y empiezan a darse entre ellos con dragones incluidos. Por eso eventualmente se quedan sin dragones.
El caballero de los siete reinos ocurre como cien años después de La Casa del Dragón. Acá ya no hay dragones. Los Targaryen siguen en el poder, pero todas las casas nobles están hasta el gorro de ellos porque ya no tienen dragones que justifiquen ese control. Es una familia real en decadencia, viviendo de rentas y apellidos, sostenida por la inercia de lo que fueron.
Como cien años después de esta serie ocurre Game of Thrones, con la rebelión de Robert Baratheon contra el último rey Targaryen, el rey loco.
Ese es el mapa. Una época de paz tensa, donde el poder se sostiene con pura fachada.
Los personajes
La historia sigue a Ser Duncan el Alto, un caballero errante que llega a un torneo en la pradera de Ashford para consolidarse como caballero. Nadie lo ubica. Lo formó Ser Arlan de Pennytree, otro caballero errante, un viejo borracho simpático y genuinamente bueno. Dunk necesita que algún caballero lo valide para competir en el torneo y así poder servirle a alguna casa noble como protector.
Peter Claffey, el actor que hace de Dunk, era rugbista profesional en Irlanda antes de esto. Y se nota. No es un tipo maquillado para parecer grandote. Es un grandote de a deveras, con esa mezcla de torpeza física y nobleza interior que pocos actores logran. Tiene la cara de alguien que ha recibido más golpes de los que ha dado, pero que igual se para derecho.
Se le suma un morrito de nombre Egg. El chico siguió a Dunk al torneo y quiere volverse su escudero. Uno es inmenso, el otro diminuto. Hacen un dúo encantador. Dexter Sol Ansell, el que lo interpreta, tiene once años y ya se ha convertido en el centro de atención mediática, incluso revelando cosas que quizá no debería. Es pequeño, de mirada lista, y tiene esa cualidad de los niños que crecieron rápido porque la vida no les dio otra opción. Cuando se quita el gorro y revela la cabeza rapada, el gesto es puro teatro: está diciendo «yo también soy de los que esconden algo».
La química entre los dos es lo que sostiene la serie. Su dinámica recuerda a la del Perro y Arya en Game of Thrones, pero más educada, menos caótica. Dunk es torpe pero decente, Egg es listo pero leal.
El conflicto
Una noche, Dunk ve a un príncipe Targaryen —Aerion «Brightflame», interpretado por Finn Bennett con una maldad que ni maquillaje necesita— torturando a una titiritera llamada Tanselle. Interviene para protegerla. Lo van a desvivir, pero lo protege el que resulta ser el joven Aegon Targaryen —Egg—, que andaba escapando de su familia. Eventualmente será rey. Su nieto, si no me equivoco, es el rey loco que Robert Baratheon destrona antes de Game of Thrones.
Aerion exige un juicio por combate. Siete contra siete. El rito más antiguo de Westeros: cada uno elige a sus campeones y se parten la madre hasta que un bando se rinde o muere.
Ser Duncan espera su sentencia. Su verdadera nobleza le gana el favor de Baelor «Breakspear» Targaryen, el heredero al Trono de Hierro y el único Targaryen adulto que no es un espécimen particularmente despreciable. Baelor tiene el pelo oscuro, la mirada clara y una decencia que en esa familia parece error de casting. Bertie Carvel lo interpreta con esa densidad de los hombres que saben que van a morir pero no saben cuándo.
Se arma un siete contra siete. Baelor se pone de parte de Ser Duncan pensando que los rivales no le pueden hacer daño.
Se arma tremenda trifulca. Duncan termina como Rocky Balboa, con medio cuerpo hecho pedazos, pero gana. Baelor resulta herido de muerte por accidente, golpeado por su propio hermano Maekar en el fragor de la batalla. El nuevo heredero es Maekar Targaryen, el papá de ese ejemplar y también de Egg. Así se explica cómo este morro un día va a ser rey.
Duncan ya es alguien importante. El heredero al trono acaba de dar su vida por él. Podría unirse a la casa que quiera como guardia. Pero ese ya no es su camino. Se lanza a la aventura a seguir de caballero, con Egg como escudero, aunque luego nos enteramos que Egg anda sin permiso de su papá —un cambio que la serie introduce respecto al libro, donde el permiso estaba implícito.
Lo que funciona
Más allá de que nos guste o no, esto está bien escrito. Esta es la adaptación más fiel que se ha hecho de Martin, la que entiende que el mundo no son solo reyes y dragones, sino también la gente que duerme en los setos.
La crítica ha sido generosa. La llamaron «la adaptación más fiel de Martin hasta la fecha». Hasta los que se quejan de que le falta acción reconocen que tiene un encanto desaliñado.
Esta historia en seis episodios es redonda y funciona cabrón. Señal de que está bien hecho: el héroe consigue lo que quiere pero paga altas consecuencias y se da cuenta de lo que necesita. Quería demostrar su valor como caballero para servirle a alguna casa. Lo consigue, pero le cuesta la vida a varios caballeros nobles y se da cuenta de que lo que necesita es serle fiel al propósito de proteger inocentes.
Me gustó que la serie busca despegarse de Game of Thrones y de La casa del dragón para ser su propia cosa. Esto lo dejan claro desde el principio. En el momento en que empieza a sonar la intro de Game of Thrones, nos cortan la música para ver a Ser Duncan en cuclillas junto a un árbol. Como diciendo: «Esto no es Game of Thrones. Nos vamos a ir más abajo».
Porque esa es la diferencia clave. Mientras las otras dos nos hablan de reyes, guerras, dragones y reinos, esta nos habla de un tipo desconocido en un torneo en un pueblo durante una semana. El foco es muy diferente.
Pero aquí aparece algo que sabe a Game of Thrones: la complejidad del sistema social. Lo rico de Game of Thrones era que rompía con la idea de fantasía medieval donde hay héroes y villanos. Allá todo mundo tiene matices y eso lo hace complejo. Acá le suman capas a eso viendo cómo vive alguien más o menos egoísta tomando decisiones.
George R. R. Martin decía que parte de su inspiración para este mundo eran cosas como el final de El Señor de los Anillos, donde dicen: «Y gobernó en paz por muchos años». ¿Pero qué significa eso? ¿Qué hizo este rey con los orcos? ¿Los exterminó o les cobró impuestos? ¿Había segregación? Todo eso tiñe este universo.
Y lo vemos en la conversación final entre Duncan y Baelor antes de que este muera. Baelor sabe que cuando herede el trono —si es que hereda, pero ya no— cada cosa que le salga mal, la gente va a decir: «Con Baelor esto no hubiera pasado». Porque van a ver en el hermano muerto al príncipe perfecto, al que hubiera hecho todo bien. Y Maekar, el que sobrevive, va a cargar con la sombra de ese «hubiera». En los años siguientes, la Gran Enfermedad Primaveral se llevará a varios Targaryen más, y Maekar terminará en el trono, pero siempre con esa losa.
Lo que hace que esta serie sea cautivadora no es su falta de espectáculo. Tiene una buena cantidad de trampas westerosi y una buena ración de Targaryen y Baratheon. Pero su elección de centrarse en el coraje cotidiano, la lealtad y la realidad desordenada, divertida y a veces mundana de ser un caballero errante es lo que realmente lo convierte en una adición digna.
Ahora Duncan le toca demostrar por qué valió la pena que el heredero al trono diera su vida por él. ¿Qué propósito le tenían los dioses que debía vivir?
Más allá de ese propósito divino, está la construcción de Dunk como caballero. En una de esas se autonombró caballero porque su mentor murió antes de hacerlo. Pero defiende desde un lugar genuino los valores del caballero: la verdadera nobleza, proteger inocentes, aunque él tenga miedo.
Es un héroe de los que no abundan.
El futuro y la trampa
Aquí es quizá la única cosa donde esta serie no supo del todo a Game of Thrones. Esto es la historia más optimista que han hecho hasta ahora. Tiene un final feliz que desentona por completo con lo que este universo es.
Me lleva a pensar que quizá nos están tendiendo una trampa. Nos están dando una temporada alegre porque después, en la temporada que sea que esto acabe, nos van a romper el corazón.
Circula por ahí una teoría con un desenlace doloroso. El niño actor, Dexter Sol Ansell, en una entrevista reciente soltó algo que no debía: que George R.R. Martin le confirmó que Dunk sobrevive al incendio de Summerhall —el evento donde la tradición dice que mueren ambos. La reacción de Claffey tratando de taparlo fue más reveladora que cualquier comunicado oficial.
Los reyes tienden a volverse locos aunque al principio hayan sido gente sensata. Por eso Jon Nieve mató a Daenerys Targaryen cuando perdió la cabeza. Por eso Jaime Lannister, en la rebelión de Robert Baratheon, mató al rey loco cuando perdió la cabeza.
¿Quién va a matar a este rey cuando pierda la cabeza?
Egg (Aegon V Targaryen) eventualmente será rey. Y será un buen rey, dicen los libros. Pero su nieto será el Rey Loco, el que Robert Baratheon derroca. Algo pasa en esa familia. Algo que vuelve loca a la sangre del dragón.
Sé que ya hay una historia escrita de estos personajes, pero tengo entendido que no con tanto detalle. Hay espacio para que nos partan la madre. Es solamente una teoría, pero me entusiasma pensar que esta serie se está tomando su tiempo haciéndome sentir bien ahorita para dentro de unos años hacerme sentir otra vez lo que me hizo sentir la Boda Roja.
Extraño sentirme así de mal.
Lo que viene
La temporada 2 ya está confirmada y en producción para 2027. Adaptará The Sworn Sword, la segunda novela, que ocurre un par de años después en El Dominio. Cambio total de escenario: una disputa por un arroyo seco entre un viejo caballero venido a menos, Ser Eustace Osgrey, y una joven viuda llamada Lady Rohanne Webber, la «Viuda Roja».
Es una historia más íntima, más pequeña. Sin torneos, sin príncipes, sin el boato de la corte. Solo un conflicto de honor y lealtad en medio de una sequía. Y una revelación: Lady Rohanne terminará siendo la tatarabuela de los Lannister que conocemos en Game of Thrones.
Lo interesante: Maekar Targaryen, el padre de Egg, no aparecerá. Sam Spruell lo confirmó. La serie, fiel a los libros, deja atrás a los Targaryen por ahora. El showrunner Ira Parker lo dice claro: «Estamos en el punto de vista de Dunk. De abajo hacia arriba».
La promesa es seguir adaptando las novelas existentes —The Hedge Knight, The Sworn Sword, The Mystery Knight— y luego, si hay suerte, explorar las doce historias adicionales que Martin tiene esbozadas.
Mientras tanto, queda esta serie chiquita pero enorme. Seis episodios. Un tipo grandote. Un morro pelón. Un torneo. Una amistad. Y la certeza de que en Westeros, como en la vida, los héroes no siempre son los que ganan guerras. A veces son los que se agachan detrás de un árbol y aún así se paran derecho .

