I
Las sondas y los tubos de oxígeno
fueron entumeciendo tus palabras.
En ello te enraizaste poco a poco
hasta callar entero.
Al final,
cuando ese mes de marzo
se terminó en día quince,
solo hablaba tu angustia,
ese caer vacío de tu angustia.
II
Se deshojó tu carne de una manera extraña.
Eran inútiles todas las preguntas.
Solo el tacto era cierto,
tu piel desvanecida entre mis manos,
los bordes inasibles de tu cuerpo.
No te pude abrazar,
solo toqué tus manos y tu rostro.
Solo quedó la angustia entre nosotros,
ese tacto desnudo
que se hunde en los relojes.
No te pude decir cuánto te amaba
ni tú pudiste hacerlo.
Solo toqué tu muerte,
solo toqué los bordes de tu muerte.
III
Jamás habías estado tan solo
como en esos días de invierno detenido.
A tu alrededor había tantas voces y flores.
Pero tú estabas solo,
hecho de ausencia,
cayendo de tu cuerpo hacia la muerte.
IV
La breve eternidad junto a la puerta.
Apenas respirabas.
Apenas tu garganta
era un pasillo de aire a los pulmones.
Ya no hubo más palabras.
Yo también fui silencio sin quererlo.
No tuve las palabras
y no las tengo ahora.
Todo lo escrito aquí es artificio,
maneras de irse quedando solo.
No te calles ahora.
Habla en este lugar
donde soy de silencio.
Que jamás se detenga
la semilla del ruido entre nosotros.
Solo habla.
Intenta que tu cáncer,
tu garganta,
se demoren aquí.
No habías venido antes de esta forma,
hacia dentro del árbol de la muerte
donde sigues creciendo todavía.
V
Ahora que callas.
Mientras esto que somos trastoca lo que fuiste.
Decimos tus palabras
para abrir un boquete entre los días.
Decimos esos nombres que ya no son los mismos.
Invocamos al árbol debajo de tu muerte.
——-
Apuntes para escarbar la ausencia (A la memoria de Luis Leonardo. Fragmento del libro “Estas son las orillas de mi nombre”, Tintanueva Ediciones, 2023)

