El PRI reapareció con un anuncio que busca proyectar músculo político rumbo al 2027. Alejandro Moreno presentó a sus llamados “Defensores de México”, un grupo que, según dijo, recorrerá el país para cuidar el voto. La intención es reposicionarse, pero el pueblo mexicano no caerá en esa mentira.
Si algo caracteriza a este nuevo capítulo del tricolor es la nostalgia mal entendida. Rosario Robles al frente, presentada como “valiente” y “perseguida”, como si el país entero hubiera olvidado los episodios que marcaron su paso por el poder. En el universo paralelo de Alito, con todo y sus cejas muy bien delineadas, todos son héroes incomprendidos. Nadie se equivoca, nadie responde, todos resurgen.
La escena lo acerca más a un personaje como Tony Montana, de Scarface: grandilocuente, desafiante y convencido de que el control se mantiene a fuerza de discurso y presencia. Pero aquí no hay imperio en expansión, sino un partido que pierde terreno. Porque Alito no convoca, advierte, amaga, miente. Y con su grupo de “defensores”, parece más repartiendo posiciones que reconstruyendo estructura.
El problema es que la realidad no acompaña el guion. Mientras él presenta su “equipo”, el PRI sigue encogiendo. Menos militantes, menos territorio, menos fuerza. En los 17 estados donde se jugarán gubernaturas en 2027, apenas concentran una fracción de su ya debilitado padrón. Es decir, quieren defender algo que, en muchos lugares, ya no tienen.
Y aun así, insiste. Llama a alianzas que nadie quiere, se vende como imprescindible y actúa como si todavía estuviera en los años donde el PRI no competía, sino administraba. Pero los tiempos cambiaron. Hoy no alcanza con discursos grandilocuentes ni con figuras recicladas.
Lo más irónico es el concepto mismo. “Defender el voto”. Dicho por un partido que durante décadas hizo del voto una herramienta bastante moldeable. Ganó con puro fraude electora, y a nadie se le olvida eso. Ahora resulta que son guardianes de la democracia. Un giro narrativo que ni ellos terminan de sostener.
Al final, lo de Alito no es estrategia, es fantasía política. Un intento por mantenerse vigente a base de ruido, nombres conocidos y épica prestada. Pero en política, como en la vida, hay apuestas que no despiertan entusiasmo, sino incredulidad, burlas.
Y esta, rumbo al 2027, se parece más a una repetición… que a un regreso.

