—Oiga, vecina, ya le conté media vida y usted, nanay.
—Es que me gusta oírlo hablar sobre su pasado y sus trabajos… Yo no tengo muchas experiencias de vida… Apenas estaba empezando a vivir y la pandemia echó por abajo mis planes.
—No exagere; a sus veintitantos ha tenido experiencias duras, a pesar de ser hija de papi.
—Ni me recuerde eso… Pero dígame, ¿hasta dónde le conté del secuestro de mi exnovio Elijah? Quiero ver si me estaba poniendo atención.
—Lo último que me contó es que usted vivía en una casa remolque —traila— que estaba ubicada a un lado de la casa de los padres de su morrito… y que, en una madrugada, la despertaron los gritos de su “suegra”, quien llegó a su remolque casi arrastrándose, porque unos hombres se llevaban a su esposo. Ella pudo salir por una ventana, llamaron al 911 y una patrulla llegó enseguida.
—Sí me estaba poniendo atención.
—Para que vea… ¿A poco cree que no la tomo en serio? Hasta tomé apuntes porque me dijo que lo que me iba a contar me podría servir para escribir una novela.
—Muy cierto.
—Así que ¡desembuche!
—Es que me da cosa recordar ese suceso… ¡Ya estoy temblando!
—Si no está lista, pues no está lista… Una cosa sí le digo: si no saca eso de adentro, se le va a “enterrar” más… Muchas veces, contárselo a alguien se vuelve más ligero.
—Hasta parece psicólogo.
—No… Simplemente soy su compa… Escucho y no juzgo.
—Bueno… le voy a contar. Los dos policías le preguntan a la señora Johnson, madre de Elijah, si hay alguien en su casa además de su esposo… La señora Johnson les dice que vio a dos hombres con pasamontañas que forcejeaban con su esposo y lo golpeaban en las costillas con la culata de un rifle, para después arrastrarlo por el pasillo… Fue cuando aprovechó para salir por una ventana y llamar al 911… —Ella llegó gateando y arrastrándose a mi traila, vecino—. Y les dice a los agentes que duda que sigan adentro.
Los policías, como en las series, entran a la casa de los Johnson, sigilosos, parapetándose detrás de las paredes y los muebles… A nosotras nos encerraron en mi traila, con la orden de no salir, porque podría tocarnos un disparo…
Los policías vuelven con nosotras y nos dicen que se llevaron al señor Johnson… Llega otro carro policiaco con dos detectives, y ellos ordenan a los policías que nos metan en el asiento trasero de la patrulla, mientras ellos van a registrar la casa y la traila en busca de evidencias…
Los policías nos llevan a la comandancia para interrogarnos por separado… Los dos detectives se quedan en la escena… Increíblemente, la señora Johnson y yo éramos sospechosas de la desaparición del señor Johnson. Nos empiezan a hacer cientos de preguntas y nos piden una narración de qué estábamos haciendo cada una y cómo nos encontramos esa madrugada. Nos interrogaron por separado… Querían hacernos caer en contradicciones…
Mientras tanto, los detectives duraron hasta el amanecer registrando toda la casa de los padres de Elijah… A mí me dejan ir a mi traila, pero nada más por dos cambios de ropa, y pedí posada en el hotel donde está el bar… porque tenía miedo de que volvieran los hombres que se habían llevado al padre de Elijah…
A mí me dejaron ir de la comandancia, no por bonita, sino porque uno de los detectives era cliente asiduo del bar donde trabajaba… pero me dijo que, por ningún motivo, abandonara el lago Travis hasta que se solucionara el asunto…
En el interrogatorio, me preguntaron varias veces por el paradero de Elijah, y les repetía la verdad: “Tiene cuatro días que no se paraba por la traila, y Elijah y yo ya no somos nada… Vivimos juntos, pero cada quien por su lado”.


