Era julio de 1963 y en Ciudad Juárez, como en el resto del país, buena parte de la invitación para ir al cine llegaba impresa en las páginas de los periódicos locales. Ahí estaban los nombres de las películas, los actores, las salas y aquellos horarios precisos que organizaban la tarde o la noche de quienes buscaban unas horas frente a la pantalla grande.
En una ciudad con nueve cines anunciándose simultáneamente, la cartelera ofrecía desde luchadores mexicanos hasta espadachines europeos, westerns y aventuras. Los costos para ir a disfrutar del cine eran desde los 1.50 a los 5 pesos, según consta en las páginas amarillentas resguardadas en la Hemeroteca Móvil de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez (UACJ), ubicada en el edificio T del ICSA, proyecto perteneciente al programa Licenciatura en Historia.
El Cine Reforma ocupaba un lugar conocido por los juarenses. Antes había sido el Cine Alhambra, destruido por un incendio el 12 de junio de 1946. El edificio permaneció cerrado durante cinco años hasta reabrir sus puertas convertido en el Reforma. Hoy, en ese lugar se encuentra el Mercado Reforma, frente a la Plaza de Armas, en pleno Centro Histórico.

Aquel julio, el Reforma anunciaba El señor Tormenta, con Julio Aldama, Angélica María y Jaime Fernández. Había dos funciones, una a las 5:55 de la tarde y otra a las 9:37 de la noche. La precisión de los horarios formaba parte de aquellas carteleras que aparecían cada día en el periódico y que permitían escoger sala, película y hora antes de salir de casa.
Entre los integrantes del elenco estaban también figuras de la lucha libre como El Cavernario Galindo, Nathanael León y “Murciélago” Velázquez. El cuadrilátero y el cine mexicano se encontraban así dentro de una historia que mezclaba melodrama, acción y solidaridad.
El señor Tormenta cuenta la historia de un sacerdote que lleva una doble vida. Durante el día atiende un orfanato y por las noches sube al ring escondido detrás de una máscara. Pelea como luchador profesional para conseguir el dinero necesario para mantener a los niños. Su secreto comienza a complicarse cuando aparece Zavala, un apostador relacionado con una red de sobornos y arreglos dentro de la lucha libre.
La historia cambia cuando César, un joven luchador, descubre quién está realmente detrás de la máscara del Señor Tormenta. En lugar de delatarlo, decide ayudar al sacerdote e incluso sustituirlo en el cuadrilátero para que pueda continuar con su labor. La película tendría años después una curiosa conexión con la realidad, pues serviría de inspiración al sacerdote y luchador mexicano conocido como Fray Tormenta.
En ese mismo cine, pero en otra sala, la oferta era completamente distinta. Se proyectaba Horizontes de sangre, película del género western y de aventuras dirigida por Juan José Ortega. La historia se desarrollaba alrededor del enfrentamiento entre apaches y comanches, después de que Lobo del Desierto, incitado por traficantes de armas, asesina al jefe apache Halcón y deja gravemente herido a su hijo.
Los comanches arrasan después con el pueblo apache y comienza una lucha por venganza. Pluma Dorada decide enfrentar a Lobo del Desierto y se une, junto con los suyos, a las tropas del capitán Roberto. Aunque consigue vencer a su enemigo durante un duelo con hachas, el conflicto continúa cuando los aliados de Lobo del Desierto secuestran a Polvorilla, codiciada por el guerrero Ojo de Buitre.
Así se presentaban las carteleras en el periódico Correo, cuyo lema era “Matutino independiente al servicio de Juárez”. El diario operó en la frontera desde la década de 1950 y dejó de circular en 1976, año que coincidió con el nacimiento de El Diario de Juárez, que con el tiempo se convertiría en el periódico más grande del estado de Chihuahua y en uno de los de mayor circulación en el norte del país.
Las páginas de Correo permitían recorrer los cines de la ciudad sin caminar una sola calle. En el Coliseo, ubicado sobre la calle Constitución, entre la calle 20 de Noviembre y la avenida de los Insurgentes, se anunciaba El Espadachín de Siena, una película de aventuras, capa y espada y romance ambientada en la Toscana del siglo XVI.

La trama seguía a Thomas Stanswood, interpretado por Stewart Granger, un hábil e ingenioso mercenario británico contratado por don Carlos, el despiadado gobernador español que controlaba la región. Su misión consistía en servir como guardaespaldas de Orietta Arconti, interpretada por Sylva Koscina, una aristócrata italiana obligada a comprometerse con el tirano mediante un matrimonio de conveniencia política.

Mientras los juarenses escogían entre El señor Tormenta, Horizontes de sangre o El Espadachín de Siena, 1963 escribía otras historias lejos de las salas. Faltaban poco más de cuatro meses para que el presidente estadounidense John F. Kennedy fuera asesinado en noviembre, en Dallas, Texas, a más de mil kilómetros de la frontera.
Ese mismo año comenzaba la Beatlemanía que terminaría extendiéndose desde Reino Unido hacia buena parte del mundo. También la cosmonauta soviética Valentina Tereshkova se convertía en la primera mujer en viajar al espacio, a bordo de la nave Vostok 6.

En Ciudad Juárez, mientras tanto, el cine formaba parte cotidiana de la vida urbana. Nueve cines aparecían anunciados en Correo aquel julio de 1963: Plaza, Variedades, Edén, Coliseo, Reforma, Hipódromo, Alcázar, Alameda y Victoria. Cada una ofrecía su propia función y su propio público.
Han pasado nada más y nada menos que 63 años. El papel de aquel periódico, los horarios de las funciones y varias de aquellas salas desaparecieron o cambiaron de uso. Sin embargo, aquella vieja cartelera todavía nos permite regresar por unos minutos al Juárez de 1963, cuando bastaba abrir el diario, escoger entre nueve cines y decidir qué historia se quería disfrutar en la tarde o en la noche.

