La lotería mexicana dejó de ser solamente una colección de imágenes conocidas cuando once de sus figuras aparecieron talladas sobre mármol en la Biblioteca Central Carlos Montemayor. Aquella tarde, las manos podían descubrir la forma de una sirena, recorrer los huesos de una calavera o reconocer los pétalos de una rosa. La regla habitual de los museos quedaba suspendida: aquí tocar era parte de la experiencia.
Así transcurrió México Sensorial, actividad realizada dentro del Octavo Encuentro de Desarrollo de Habilidades Informacionales en Educación Superior de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez. La propuesta reunió arte, música, poesía y juegos para explorar algunas expresiones de la cultura mexicana desde el tacto, el oído y la imaginación.
Uno de los espacios que concentró mayor atención fue Marmolotería Mexicana, exposición creada por Javier Rodríguez, Javier Rodríguez Jr. y Alexa Valeria García Ogaz. Once imágenes tradicionales de la lotería fueron elaboradas mediante la técnica de desbastado en mármol travertino.


El corazón, el venado, el mundo, la sirena, la estrella, el sol, la calavera, la pera, la araña, la campana y la rosa adquirieron volumen y textura. Algunas piezas incorporaron además el efecto Moiré, una ilusión producida por patrones lineales que permitía generar una sensación de movimiento al manipularlas.

Pero la propuesta tenía una intención que iba más allá de transformar las cartas en esculturas. Los juegos fueron adaptados con los nombres de las figuras en sistema braille y las tablas tradicionales, normalmente integradas por 16 imágenes, fueron reducidas a ocho para facilitar su recorrido táctil.
“Decidimos colocar ocho imágenes en cada tabla para que el recorrido táctil no resultara cansado para los niños y pudieran disfrutar verdaderamente el juego”, explicó Francisco Rodríguez, uno de los participantes en el proyecto.

La utilidad de esa adaptación terminó apareciendo de una manera inesperada. Durante la jornada, un padre se acercó a Francisco acompañado de su hijo, un niño con discapacidad visual. Le contó que el pequeño siempre había querido jugar a la lotería mexicana y que por primera vez podía reconocer las figuras utilizando sus manos.
Francisco tomó entonces uno de los juegos adaptados y se lo regaló. “Cuando escuché al padre decir que su hijo siempre había querido jugar a la lotería, entendí que había valido todo el esfuerzo que estuvimos haciendo”, recordó.
La experiencia se extendió por diferentes espacios de la biblioteca. Participaron integrantes de la comunidad universitaria, público general, usuarios del Centro de Estudios para Invidentes, A. C. (CEIAC), niñas y niños de la Estancia Infantil del Instituto de Ciencias Sociales y Administración (ICSA) y estudiantes de Historia Crítica de Arquitectura I, del Instituto de Arquitectura, Diseño y Arte.
México Sensorial incorporó también talleres de alfarería y pintura. El barro permitió a los asistentes experimentar directamente con materiales relacionados con los procesos artesanales de la región, mientras que la pintura abrió otro espacio para la creatividad y la expresión.
La poesía también encontró una manera distinta de circular. Mediante tubos decorados conocidos como susurradores, una persona recitaba versos en voz baja desde uno de los extremos y otra los recibía al oído desde el lado contrario. Las palabras viajaban así de persona a persona en medio de la actividad cotidiana de la biblioteca.
La parte sonora incluyó además la Audioteca UACJ, espacio público y gratuito donde pueden consultarse grabaciones, entrevistas, programas radiofónicos y documentos digitalizados relacionados con el patrimonio sonoro mexicano. La jornada cerró con la participación del Mariachi Universitario Canto a mi Tierra.
Durante la inauguración, Daniel Aarón Núñez Ramírez, coordinador de la Maestría en Educación Especial con énfasis en Aprendizaje y Lenguaje, resumió el propósito de la actividad al señalar que se estaba inaugurando “una manera distinta de habitar la biblioteca”.
La organización contó también con la coordinación y apoyo de la doctora Patricia Martínez Gutiérrez, subdirectora de Servicios Bibliotecarios, para desarrollar una jornada en la que las expresiones culturales mexicanas pudieron experimentarse desde diferentes sentidos.

