La disputa comercial iniciada por Donald Trump contra Canadá alcanzó un nuevo nivel que pone contra las cuerdas a Estados Unidos. Lo que comenzó con aranceles y negociaciones terminó involucrando automóviles, acero, electricidad, petróleo y minerales estratégicos, mientras gobiernos provinciales canadienses entran directamente en un conflicto que amenaza con afectar cadenas industriales y sectores sensibles para Washington.
De acuerdo con medios canadienses, el primer ministro de Ontario, Doug Ford, advirtió que está dispuesto a suspender las exportaciones de electricidad y minerales críticos si continúa la escalada. Aseguró que “todas las opciones están sobre la mesa” y planteó incluso utilizar petróleo y potasa como instrumentos de presión.
La amenaza adquiere especial relevancia por la importancia de los minerales críticos para la industria manufacturera y militar estadunidense, donde son utilizados en aeronaves, misiles, municiones y sistemas electrónicos. Washington busca precisamente asegurar estos suministros mientras intenta reducir su dependencia de China.
Ford elevó además el tono político al afirmar que Trump ha declarado una “guerra económica” contra su vecino y aliado. Incluso recurrió a Ronald Reagan, referente republicano contrario al proteccionismo, para cuestionar la política arancelaria del actual presidente, indicaron también medios estadounidenses.
La confrontación se profundizó después de que el primer ministro canadiense, Mark Carney, abandonara las negociaciones con Washington al considerar excesivas las condiciones exigidas. Canadá respondió posteriormente a los aranceles estadunidenses del 50 por ciento sobre productos valuados en aproximadamente 20 mil millones de dólares con medidas compensatorias equivalentes que entrarán en vigor el 8 de septiembre.
Trump abrió otro frente al anunciar aranceles del 50 por ciento para automóviles, camiones, autopartes y acero canadiense a partir del 1 de enero de 2027.
Carney sostuvo que Ottawa continúa buscando el mejor acuerdo posible, pero descartó aceptar cualquier condición solamente para mantener abierta la negociación. Mientras Washington atribuye el rompimiento a cambios de última hora planteados por Canadá, el conflicto deja de limitarse a cuánto pagarán las mercancías al cruzar la frontera. Ahora también está en juego qué recursos estratégicos podrían dejar de cruzarla.

