PABLO BACA
No es verdad que no estuve:
estuve y estoy.
No solo ahora que escribo
ni apenas hace un momento, cuando dormías:
estuve con vos todo el día.
Sé que soy otro
y que miro
como si estuviera en otro mundo,
pero estoy
y no tengo más testigo que vos
de este largo tiempo
en que dejé de ser yo mismo.
*
Algunos cayeron en sí mismos
o no supieron qué más decir;
otros cruzaron en silencio
a la tierra de la muerte;
hubo también quienes simplemente
me cerraron sus puertas.
Las épocas
y todo lo que había adentro
fueron clausuradas
y sin embargo,
el pasado continúa:
gente
que fue trayendo el cielo
y que el cielo se llevó,
ausencias
que me encuentran
cada noche aquí sentado.
*
Sin cambiar de calle
ni de casa,
había sido, sin embargo,
arrojado a la sombra.
Y ahí estuve
las horas del miedo:
un cuerpo en agonía
—mi propio cuerpo
dividido en la sombra—
que se aferraba
para permanecer conmigo.
Ahora de nuevo
todo ha cambiado
y cuando me siento a escribir
encuentro textos de otra persona:
yo mismo
del otro lado de la muerte.
*
Todos y cada uno
de los que habían vivido conmigo
me cerraban sus puertas.
No querían verme
ni saber nada más de mí.
Hasta esta noche.
Y esta noche son los muertos
los que permanecen fieles.
*
Mi perro camina
bajo los árboles
oliendo el pasto y la tierra.
Levanta la cabeza.
Pájaros.
Empieza a correr
y la bandada se levanta
desde el fondo del jardín.
El perro olfatea
el lugar de los pájaros
que ya no están.
*
La tarde se demora,
pero se va agotando la luz
y está todo
todavía
por ser dicho.
*
Un silencio
en la brisa
de la madrugada
sube por la ciudad desierta.
La sensación
de estar solos en el mundo
merece llamarse belleza
porque perdura
y porque se desvanece.
Una voz profunda
de su sombra
habla con mi cuerpo.
No puedo entender
nada de lo que dice.
Algo, después,
se funde entre las manos,
va hacia la noche
y sucede para siempre.
*
—Me gustaría saber
—dijo ella—
cómo se siente tanta libertad.
Ella opinaba
un poco burlándose
que se me había dado
una oportunidad poco común:
la de tener otra vida.
El golpe, era verdad,
me había expulsado
de mi mundo
y ya no podía esperar
nada de nadie,
y nadie esperaba nada de mí.
—No me parece chistoso —contesté.
No le encontraba, en efecto,
ninguna gracia:
no tenía idea de qué hacer
y todo parecía empeorar.
Lo que hice fue ir dejando
este pequeño registro
de mi paso.
De: El impulso de decir (GG editora, 2026)

Pablo Baca (San Salvador de Jujuy, 1958). Actualmente ejerce su profesión de abogado.
Ha publicado Cuentos de la mujer y el solitario (Ed. Dirección de Cultura de Jujuy, poesía, Jujuy, 1989), Habitante del viento (Ed. Fundación Norte Chico, novela, Jujuy, 1996), No esperar nada más de las estrellas (Ed. Catálogos, cuentos, Buenos Aires,1999), He visto vivir (Ed. Universidad Nacional de Jujuy, poesía, Jujuy, 2000), Al lado de Clara que duerme (Ed. Diario Pregón, novela, Jujuy 2002), Un relato ausente (Ed. Intravenosa, poesía, Jujuy, 2009), Escenas de la noche y del amanecer (Ed. Tres Ramones, cuentos, Jujuy, 2013), La caja fuerte de Ángela (Ed. Culiquitaca, relato, Tucumán, 2014), Nadie saca nada de sí mismo (Ed. Culiquitaca, poesía, Tucumán, 2015), Las cosas perdidas (Ed. Brujas, Colección Fénix de Poesía, poesía, Córdoba, 2022) y “Veta abajo” (Ed. Ápéiron, novela, Madrid, España, 2024). En formato digital ha publicado Obra poética 1887 – 2022 (Ed. Tinta Violeta, Buenos Aires, 2025). Además, es autor de letras de canciones de ritmos del folclore del norte argentino.
***
ALFREDO LEMON
porque todo el todo es aura
Jorge Aulicino
El yo que escribo no soy exactamente
sino alguien que adopta mi expresión,
mi estar diciendo.
Se va todo / todo se nos va.
La vanidad y la mañana feliz.
La lógica y el absurdo de un galimatías.
¿Y si la existencia es parte de una broma?
Lo silenciado / lo ansiado / lo que no.
Lo poco o demasiado
se vuelven rayo o estiércol.
¿En qué cuadrante está la luna?
El tiempo es más que el espacio.
Un big bang retumba en cada orgasmo.
Lo siniestro es el desliz de un zafiro.
Lo sublime es el desliz de una ceniza.
Lo cotidiano es lo heroico.
La conciencia puesta en jaque.
El thriller nuestro de cada ahora.
Hacer de la idea un imprevisto.
Escribir la miel del amor y su nepente.
Huir el ya hacia adelante.
Sembrar zinnias en el jardín de Epicuro.
*
Tener lo que se tiene
Diana Bellessi
Un colibrí lanza llamas girando y girando sobre sí
huyendo hasta donde después no ves.
Así,
la incógnita rueda como un trompo
por el embudo del día que aún no.
La bienaventuranza abriga
cuando las constelaciones favorecen.
El deseo dice que no es tarde. Que tal vez.
Espera el canto prístino de un ángel fugaz.
*
Ante la tumba de Gandhi en Nueva Delhi
Con la muerte de un hombre,
agoniza Occidente.
Cada lágrima enseña una verdad.
Cada deseo demanda demasiado.
No eres un cuerpo
—frágil y débil ante el fin—
sino una conciencia sedienta
erguida inmortal.
¿Cómo proclamar la paz,
si el odio infectó los tronos de la tierra?
¿Cómo predicar humildad,
si el poder hipnotiza con sus garfios de oro?
Tú, escritor:
¿Darías la vida por una frase?
¿Te esforzarás por el poema?
*
El joven y el mar
¿A quién querías vencer
cuando saliste a enlazar al pez gigante?
¿Buscabas sorprender con tu hazaña?
Regresa, temerario titán
hacia la corriente batallando dentro tuyo
Arroja las redes sin esperar prodigios
La lucidez madura en la adversidad
pero la obstinación suele esconder arrogancia
El porvenir está escrito en el agua
El futuro es muy frágil:
demasiado inquietante para entregarse,
demasiado rápido para vivir
El anzuelo queda en el alma.
*
La brújula del buzo
¿Dónde me conducirás recóndita conciencia?
Entre témpanos y escollos
intenté la dirección correcta,
la recta acción.
La furia de las olas disparó borrascas,
hélices, miasmas, excrementos.
Es preciso bucear profundo para encontrar la esmeralda.
Hundirse muy hondo hasta sentirse salvar.
Pero:
¿cómo discernir lo permanente de lo fugaz,
no enceguecer ante la luz de una centella?
Guíame.
Es fácil perderse al cruzar tantos obstáculos.
Difícil lidiar con el ponzoña de las aguas,
la profanación del aire.
Guíame.
Una ballena se oculta entre los médanos.
Hay cavernas, calaveras, cadáveres.
El mar es una boca abierta.
Cierra sus párpados y respira precipicios.
De: 23 (Barnacle)

Alfredo Lemon (Córdoba, Provincia de Córdoba, 1960). Libros publicados en poesía: Cuerpo amanecido (Ed. Lerner, 1988). Humanidad hecha de palabras (Ed. Lerner, 1991); Sobre el cristal del papel, (Ed. Brujas, 2004) y 23, Barnacle, 2023. Con su libro de ensayos: El mono metafísico (Ed. Ateneo Filosófico de Nueva Córdoba), obtuvo en 1991 el Premio Asociación de Escritores Argentina.
*
GUSTAVO BORGA
Caí
de rodillas
el día
que el sol
me atravesó
me levanté
y comencé
a escribir.
……….
Todas
las noches
me degüellas
Padre
¿Qué soy?
¿Niña o cordero?
……….
Con una mano
escribe
Con la otra
asfixia
a un niño.
……….
Desde la noche
que interrumpieron
su sueño
la niña
comenzó a tejer
Tejió
veinte años
Terminé
dijo un día
y arrojó la red
sobre sus padres.
……….
Murió
Niños violados
orinan sus heridas
Murió
La luna vomita mierda
sobre su rostro
Murió
Yo escupo sus manos
Murió
No debió nacer.
……….
Dormí
De su boca
no saldrá más
esa mano
Murió.
……….
Fui expulsado
Ahora
camino un territorio
que me es extraño
Alguien me sigue
Siento sus ojos
a través del follaje
Inútil será rezar
Cuando caiga la noche
seré cazado.
……….
El caballo que viste
fugazmente
desde la ventana
del colectivo
(el animal estaba solo
parado en cuatro patas
en medio del campo)
era yo
Yo me llamo Gustavo
Gustavo Borga me llamo
Soy tu espejo.
……….
A vos te
doy mi piel
Tomá
Probatelá
(Ahora
sabrás lo que se siente)
……….
Cuando corro por el campo
mi nombre
¿por qué no se desprende?
Cuando desciendo
del tren o del colectivo
mi nombre
¿por qué no sigue viaje?
Y tu nombre
¿qué hace en mi casa?
¿Se te escapó
cuando dormías?
……….
Ya ves
Estoy ante la puerta
de tu casa
Quizás te parezca extraño
lo que voy a pedirte
Quisiera
que con tus manos
-con una sola no, con las dos-
me preguntes
¿Tenes frío?
¿Has comido?
¿Has dormido?
Y por último quisiera
que con tus manos
-por favor, con las dos-
me digas
Cuidate mucho Gustavo
Entonces yo
-que tuve una llave
para abrir esa puerta-
Te daré la espalda
y me perderé en la noche.
De: Patitos degollados (2002)

Gustavo Borga (Villa Nueva, provincia de Córdoba, 1960). Publicó los siguientes libros: Patitos degollados (Edición de autor, 2002), Hermoso niño rubio (Xión Ediciones, 2006), Poesía reunida (Ediciones llantodemudo, 2008), Para vos NO (Editorial llantodemudo, 2010), Un puntito negro (Editorial Cartografía, 2013), Como un corazón (Borde Perdido Editora, 2016), Pozo de luz (Eduvim, 2018), La patilla que brillaba como luciérnaga (Borde Perdido Editora, 2021), Alitas de pollo congeladas (Mascarón de proa, 2022), Los superhéroes no cortan yuyos (Editorial Cartografía y Ediciones La Yunta). Es ferroviario.

