Mucho antes de que Juan José Arreola fuera considerado un clásico de las letras mexicanas, José Emilio Pacheco ya había advertido la dimensión de su obra. En abril de 1962, con apenas 22 años, el futuro autor de Las batallas en el desierto publicó una reseña sobre Confabulario total en el suplemento La Cultura en México, donde no sólo valoró un libro recién aparecido, sino que delineó el lugar que el escritor jalisciense ocuparía dentro de la tradición literaria nacional.
De verdad que es una joya literaria, porque desde las primeras líneas, Pacheco estableció la relevancia de Arreola dentro de la narrativa mexicana. “La corriente imaginativa… ha alcanzado su máxima expresividad en los textos de Juan José Arreola”, escribió al referirse a una tradición iniciada por Alfonso Reyes. Con esa afirmación colocó al autor de Confabulario como la culminación de una corriente estética que privilegiaba la imaginación sin renunciar a la exploración de la realidad.
Confabulario total reúne la primera etapa narrativa de Juan José Arreola y es considerado uno de los libros fundamentales de la literatura mexicana por la originalidad de sus relatos, el refinamiento de su prosa, el uso de la ironía y la manera en que renovó el cuento fantástico al convertir la imaginación en una herramienta para explorar la condición humana y cuestionar la realidad.
El escritor también defendió la permanencia del autor jalisciense. “Juan José Arreola perdura en su maestría”, sostuvo al recordar que habían transcurrido trece años desde la publicación de Varia invención. Asimismo, afirmó que su influencia ya podía observarse en varios de los narradores jóvenes que comenzaban a publicar en aquellos años.
Pacheco fue más allá de la valoración individual y situó a Arreola junto a Juan Rulfo en el centro de la literatura mexicana. “Arreola ha compartido con su coetáneo y coterráneo la hegemonía en la cuentística nacional”, señaló al comparar la aparición de Confabulario con El llano en llamas. Esa aseveración reconoció la existencia de dos caminos distintos, pero igualmente decisivos, para renovar el cuento mexicano.
Uno de los aspectos más profundos de la reseña consistió en desmontar la idea de que Arreola era únicamente un escritor fantástico. “Toda literatura fantástica… es en esencia una crítica de la realidad”, argumentó Pacheco. Enseguida explicó que la imaginación no significaba evasión, sino una forma distinta de comprender el mundo, capaz de revelar aquello que permanece oculto bajo la apariencia cotidiana.
El poeta también rechazó la oposición entre realismo e imaginación. “En el orbe de la literatura hay campo para toda expresión, y el predominio no es asunto de escuelas sino de talentos», afirmó. Con esa reflexión defendió la libertad creadora y sostuvo que el valor de una obra dependía de la capacidad artística de su autor y no de la corriente literaria a la que pudiera adscribirse.
Pacheco encontró además una dimensión ética en la escritura de Arreola. “La rebeldía… se encuentra también en la obra del escritor que no acepta el mundo como es”, escribió al analizar el sentido de su literatura. Después consideró que la imaginación podía convertirse en una forma de resistencia frente a una realidad marcada por las limitaciones sociales y humanas.
Aunque la reseña fue ampliamente elogiosa, el crítico también formuló observaciones puntuales. “Su mayor don se transforme en peligro y su estilo simule retórica”, advirtió al señalar un ocasional exceso en la adjetivación. Sin embargo, enseguida matizó esa apreciación al sostener que tales reparos “se desvanecen ante el total de lo obtenido, con lo que reafirmó el enorme peso literario de la obra.
Al revisar la diversidad temática de Confabulario total, Pacheco destacó el interés de Arreola por la ciencia ficción, el poema en prosa, la biografía imaginaria, el aforismo y el bestiario. También observó que la ironía del escritor recaía sobre las deformaciones del mundo contemporáneo y afirmó que el verdadero sentido de muchos de sus relatos debía descubrirse «entre líneas”.
La reseña concluyó con una valoración que el tiempo terminó por confirmar. “Me basta destacar la impostergable significación de un libro que cierra la época inicial”, escribió Pacheco al referirse a Confabulario total. A más de seis décadas de distancia, aquel texto permanece como uno de los primeros reconocimientos críticos de la grandeza de Juan José Arreola y, al mismo tiempo, como una muestra temprana de la lucidez crítica de quien también terminaría convertido en uno de los grandes escritores de la literatura mexicana.

