A las ocho de la mañana la Plaza de la Mexicanidad ya comenzaba a llenarse de simpatizantes de la Cuarta Transformación. Mientras el equipo técnico del Gobierno Federal realizaba las últimas pruebas para la transmisión en vivo del mensaje de la presidenta Claudia Sheinbaum, el sol fronterizo empezaba a castigar con la misma dureza con la que cae cada verano sobre el desierto juarense.
Por la avenida Plutarco Elías Calles avanzaban miles. Algunos llegaron en automóvil, otros caminando y muchos más en camiones provenientes de distintos puntos de la ciudad. Familias completas cargaban banderas de Morena, sombrillas, cachuchas color guinda y cartulinas improvisadas. Los agentes de Seguridad Vial trataban de ordenar el flujo humano que, poco a poco, desembocaba hacia la gigantesca X.
Entre ellos iba Esther, quien se trasladó junto a una vecina desde la colonia José Martí, contó que acudió porque aprecia a la presidenta Claudia Sheinbaum y porque los apoyos federales le han ayudado a sacar adelante a su familia. También habló de política local. Dijo que le gustaría ver a Cruz Pérez Cuéllar convertido en gobernador “porque es más cercano a la gente”.

A las 9:20 de la mañana ya se hablaba de más de 25 mil personas dentro y alrededor de la plaza. Pero todavía faltaban miles por entrar. Desde lejos podían verse las filas extendiéndose hacia ambos extremos de la explanada: una creciendo hacia el poniente y otra serpenteando rumbo al oriente.
El ambiente ya tenía tonos de mitin y de fiesta popular. Desde distintos puntos se escuchaban consignas contra el conservadurismo y contra quienes, según los asistentes, han promovido discursos de intervención extranjera en México. El calor subía. También la tensión política.
Felicitas, vecina del suroriente de la ciudad, caminaba lentamente junto con su esposo entre la multitud con una bandera enrollada entre las manos. Dijo que sigue a la Cuarta Transformación desde que Andrés Manuel López Obrador ganó la Presidencia y aseguró que desde entonces no ha dejado de acudir a los eventos del movimiento.

A las 10:00 de la mañana, el alcalde Cruz Pérez Cuéllar se acercó al área destinada para medios de comunicación, instalada debajo de un árbol, apenas a unos metros del templete principal. Ahí, entre cámaras, celulares y reporteros sofocados por el calor, el presidente municipal lanzó un mensaje directo contra el panismo estatal al ser cuestionado sobre el evento de respaldo a la gobernadora María Eugenia Campos realizado un día antes en Chihuahua capital.
“Lo que hubo ayer en Chihuahua fue un empate. Ellos con todo el poder del estado, con toda la burocracia estatal, apenas nos igualaron en un centro de convenciones. Se vieron como un tigre de papel. Ayer mostraron todo lo que traen y no traen nada”, soltó el alcalde.
Para entonces el termómetro ya rondaba los 32 grados centígrados, aunque sobre la plancha de concreto la sensación térmica parecía superar fácilmente los 40. El mar de sombrillas y cachuchas guindas se extendía por toda la plaza y dejaba ver, casi sin necesidad de cálculos, la fuerza territorial del crucismo.
Mike, vecino de Anapra, esperaba cerca de una de las vallas metálicas colocadas frente al escenario. Comentó que comenzó a seguir políticamente a Cruz Pérez Cuéllar después de las obras realizadas en la escuela de su hija, donde se construyó un domo y otra infraestructura que, dijo, mejoró las condiciones para los estudiantes.

“Ese compa (Pérez Cuéllar), arregló unas canchas que nadie había arreglado y cuando le hemos pedido apoyo en la colonia, siempre nos ha cumplido”, agregó Mike, mientras caminaba por la Plutarco Elías Calles.
También comenzaron a aparecer contingentes del Partido del Trabajo, mezclando sus banderas rojas con las de México y Morena. A las 10:50 de la mañana la Plaza de la Mexicanidad lucía completamente repleta y operadores del evento aseguraban que la concentración ya había superado las 40 mil personas.

Entonces aparecieron las primeras imágenes de Claudia Sheinbaum caminando entre simpatizantes en la Ciudad de México. El grito fue inmediato. Un rugido colectivo que recorrió toda la explanada. Casi al mismo tiempo, la delegada federal de Bienestar, Mayra Chávez, tomó el micrófono para animar todavía más a la multitud, que respondió con aplausos y consignas.

Mientras tanto, los puntos de hidratación instalados por el Gobierno Federal comenzaban a quedarse sin agua. Decenas de trabajadores corrían para abastecer nuevamente los depósitos mientras la temperatura seguía aumentando y el sol caía a plomo sobre los asistentes.

Daniel Hernández, vecino de la colonia Plutarco Elías Calles, permanecía junto a su familia cerca de uno de los puntos de hidratación. Ahí comentó que para él la Cuarta Transformación se ha convertido en un aliado para miles de familias trabajadoras que antes no eran tomadas en cuenta por los gobiernos.

Entre los asistentes, había otras figuras del morenismo fronterizo, como el diputado federal Alejandro Pérez Cuéllar. También los diputados estatales de Morena, encabezados por su coordinador en el Congreso local, Cuauhtémoc Estrada.

La plaza ya era una verbena política. Sonaban tamborazos. Había música, banderas agitándose y grupos de distintos liderazgos internos de Morena, aunque algunos lucían claramente disminuidos. Entre ellos, los cercanos a la senadora con licencia Andrea Chávez, cuyo padre incluso buscó refugio del calor dentro del área de prensa.

Más tarde apareció el senador Juan Carlos Loera, quien aprovechó para tomarse fotografías junto a la dirigente estatal de Morena, Brighite Granados, y la propia Andrea Chávez. Sin embargo, de acuerdo con organizadores y observaciones realizadas durante el evento, los grupos afines a la senadora no habrían representado ni el 10 por ciento de los asistentes.

En contraste, Cruz Pérez Cuéllar caminaba relajado entre la multitud. Sonreía, abrazaba gente, posaba para selfies y saludaba a simpatizantes que lo detenían a cada paso. Incluso integrantes de pueblos originarios buscaron tomarse fotografías con él una vez que lograron localizarlo entre el tumulto.

Rosa, también habitante de la colonia José Martí, observaba el escenario mientras sostenía una botella de agua ya tibia por el calor. Dijo que espera que Morena logre ganar Chihuahua en los próximos años y que la Cuarta Transformación pueda llegar al Gobierno del Estado.
Y entonces llegó el momento central.
“¿Quién decide en México, las agencias extranjeras o el pueblo?”, se escuchó decir a Claudia Sheinbaum desde las pantallas gigantes.


La respuesta fue una explosión de gritos, aplausos y consignas improvisadas contra la gobernadora Maru Campos y contra la oposición. Mientras la presidenta hablaba sobre soberanía nacional y recordaba que ningún agente extranjero puede realizar tareas exclusivas de las autoridades mexicanas, la gente seguía entrando a la plaza.
Afuera, vendedores ambulantes ofrecían aguas frescas, botellas heladas y refrescos a quienes buscaban sobrevivir al calorón fronterizo. Y así, entre el sol implacable, las sombrillas abiertas y el ruido de miles de voces mezcladas, terminó el evento.
La multitud comenzó a dispersarse lentamente. Algunos se marcharon agotados. Otros eufóricos. Muchos todavía sosteniendo sus banderas. Pero casi todos coincidían en algo: la Plaza de la Mexicanidad volvió a convertirse, por unas horas, en el corazón político de la Cuarta Transformación en Chihuahua.

