En un discurso cargado de referencias a la soberanía nacional y críticas a la intervención extranjera, la presidenta Claudia Sheinbaum aseguró que México atraviesa una nueva etapa de presiones políticas y mediáticas impulsadas desde sectores conservadores nacionales e internacionales que buscan frenar el proceso de transformación del país.
Ante miles de personas congregadas en el Monumento a la Revolución, la mandataria afirmó que es “legítimo dudar” del verdadero interés detrás de las recientes solicitudes de extradición promovidas desde Estados Unidos contra funcionarios mexicanos, y advirtió que normalizar la intervención de agencias extranjeras en asuntos internos representa un riesgo para la independencia nacional.
“México no es piñata de nadie”, expresó Sheinbaum en uno de los momentos más ovacionados del acto, mientras los asistentes respondían con consignas de respaldo y llamados a defender la soberanía mexicana.
La presidenta sostuvo que actualmente las formas de presión política ya no operan únicamente mediante la fuerza o los mecanismos tradicionales, sino también a través de campañas digitales, operaciones de desinformación y el uso masivo de redes sociales controladas —dijo— por intereses económicos y políticos capaces de manipular la percepción pública.
Según explicó, estas estrategias se intensificaron luego del accidente ocurrido el pasado 19 de abril, donde murieron dos agentes estadounidenses sin identificación oficial y dos mandos de la Fiscalía General de Justicia de Chihuahua durante una visita relacionada con un narcolaboratorio. El caso provocó posteriormente la apertura de investigaciones por posibles violaciones a las leyes mexicanas en materia de seguridad nacional.
Sheinbaum fue enfática al recordar que la Constitución mexicana establece claramente que ningún agente extranjero puede realizar funciones exclusivas de las autoridades nacionales sin sujetarse a las normas del país.
“Cuando desde el exterior se dicta quién es culpable y quién no, cuando se busca presionar a nuestras instituciones desde fuera, ya no estamos hablando de cooperación, estamos hablando de injerencia”, declaró.
La mandataria también cuestionó la solicitud urgente emitida por una oficina del Departamento de Justicia de Estados Unidos para detener con fines de extradición a diez ciudadanos mexicanos, entre ellos un gobernador, un senador y un alcalde en funciones, sin que hasta el momento —señaló— se hayan presentado públicamente pruebas que sustenten dichas acusaciones.
Para Sheinbaum, el trasfondo político de estas acciones no puede ignorarse. Frente a los asistentes lanzó una pregunta directa: si realmente existe un interés genuino por combatir al crimen organizado o si ciertos sectores de la derecha estadounidense están utilizando a México como herramienta electoral rumbo a los próximos comicios en Estados Unidos y México.
A lo largo de su mensaje, la presidenta insistió en que su gobierno no defenderá actos de corrupción ni vínculos con el crimen organizado, pero subrayó que el combate a la delincuencia debe realizarse con respeto absoluto a la soberanía nacional y sin imposiciones extranjeras.
En materia de seguridad, destacó que durante los primeros 20 meses de su administración los homicidios dolosos han disminuido 49 por ciento y los delitos de alto impacto alrededor de 20 por ciento, resultados que atribuyó a una estrategia enfocada en la construcción de paz y justicia social, alejándose del modelo de “guerra” implementado en sexenios anteriores.
Además, pidió a Estados Unidos asumir también su responsabilidad en la crisis de violencia vinculada al narcotráfico, particularmente frenando el tráfico ilegal de armas hacia México y atendiendo el consumo de drogas y las redes de lavado de dinero que operan en territorio estadounidense.
Aunque reiteró su disposición a mantener la cooperación bilateral en temas de seguridad y combate al narcotráfico, Sheinbaum dejó claro que dicha colaboración no implicará subordinación política.
“Colaboramos, pero no nos subordinamos, ni nos subordinaremos”, afirmó la presidenta al cierre de un discurso que estuvo marcado por llamados a defender la independencia nacional y por críticas directas a lo que consideró intentos externos de influir en la vida política mexicana.

