“El futbol es una de las pocas cosas que los argentinos
sentimos que hacemos bien, con todo a cuestas,
empezando por nosotros mismos.”
Eduardo Sacheri
I. Los que vuelven a defender la corona
Argentina es el campeón defensor. Ganó la final más épica de la historia en Qatar 2022 y vuelve a intentarlo con Lionel Scaloni, el entrenador que armó un equipo donde Messi dejó de cargar solo el peso del mundo. Scaloni ya tiene 22 de los 26 nombres confirmados, la fecha límite es el 30 de mayo de 2026. Emiliano Martínez sigue en la portería, Messi encabeza la lista y la sangre nueva incluye a Enzo Fernández, Mac Allister, Julián Álvarez y Lautaro Martínez. Argentina integra el Grupo J con Argelia, Austria y Jordania con sede en Dallas. Es candidata otra vez.
II. El futbol argentino como espejo de la literatura
El futbol argentino es un torbellino de gambetas, picardía, desequilibrio y anarquía. Un futbol de estetas y compadritos. La literatura argentina también produce genios. Borges y Cortázar dirigen esta selección literaria desde el banquillo. Ninguno de los dos pisó una cancha.
El entrenador: Jorge Luis Borges (1899-1986). Detestó el futbol. Prefirió dar una conferencia sobre la inmortalidad el mismo día de la final Argentina-Holanda. Su Funes el memorioso es un arquero que lo recuerda todo. Su Jardín de senderos que se bifurcan es el manual táctico: el entrenador define todas las jugadas que el rival no alcanza a ver.
El asistente técnico: Julio Cortázar (1914-1984). Borges diseña el laberinto. Cortázar descompone el movimiento. En el vestuario pega un papel amarillo: «Instrucciones para subir una escalera». El futbol tiene acciones automáticas. Esa rutina es la escalera de Cortázar: quien las disecciona, las domina.
El cuerpo técnico: Juan José Saer (preparador físico), Ricardo Piglia (analista de video) y Roberto Fontanarrosa (director deportivo, el que mejor contó el futbol desde la viñeta).
III. Una selección mixta de 26 convocados
Arqueras/os: Roberto Arlt (titular, ataja con furia) y Selva Almada (suplente, juega de defensa).
Defensoras/es: Mariana Enríquez (defensa central que pone el cuerpo), Gabriela Cabezón Cámara (lateral izquierdo que juega con el lenguaje), Camila Sosa Villada (volante creativa), Manuel Puig (lateral derecho), Ariana Harwicz (mediapunta desbordante), Dolores Reyes (extremo derecho con furia), Pedro Mairal (extremo izquierdo) y Ricardo Piglia (suplente, lee el partido).
Mediocampistas: Adolfo Bioy Casares (contención elegante), Rodolfo Walsh (pases certeros), Osvaldo Lamborghini (volante eléctrico), Leopoldo Marechal (suplente), Alejandra Pizarnik (extremo poeta), Juan José Saer (suplente, maneja los tiempos) y Eduardo Sacheri (suplente, aparición sorpresa).
Delanteras/os: Samanta Schweblin (extremo izquierdo impredecible), César Aira (delantero centro imprevisible: cambia de rumbo sin aviso, inventa la jugada en el mismo momento de recibir la pelota), Pola Oloixarac (extremo derecho letal), Carla Maliandi (segunda punta que asiste sin mirar), Sylvia Iparraguirre (veterana que pone la pausa), Osvaldo Soriano (suplente, desborda con bronca) y Fabián Casas (suplente, poeta y cronista).
La hinchada: los poetas malditos, los lectores de la revista Literal, los que gritan «¡Borges, Borges!». Él nunca quiso un estadio.
IV. Lo que nos deja
Borges nunca levantó una copa ni se puso botines. Dirige esta selección desde la biblioteca. Cortázar rompe la táctica en micromovimientos junto al pizarrón. Manuel Pellegrini fue el Ingeniero que no fue futbolista. Como él, Borges gana los partidos en las páginas. La selección de Scaloni buscará la hazaña en el césped. La de Borges y Cortázar ya la consiguió en las páginas. Argentina va por el título en el futbol y también en la literatura. El futbol se gana en los detalles. La literatura también. El autor de Rayuela escribió que los viajes largos requieren muchos pasos pequeños.

