A dos décadas de uno de los episodios más dolorosos para los movimientos sociales en México, Claudia Sheinbaum regresó a San Salvador Atenco con un mensaje cargado de memoria y definición política: no habrá repetición de la represión estatal. En una comunidad marcada por la resistencia, la presidenta contrastó el pasado reciente con el rumbo que, dijo, busca consolidar la Cuarta Transformación.
Frente a integrantes del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra (FPDT), Sheinbaum recordó los hechos del 3 y 4 de mayo de 2006, cuando operativos policiacos derivaron en graves violaciones a derechos humanos. En ese contexto, lanzó una afirmación categórica: “nunca más un policía, un guardia nacional reprimirá al pueblo de México”.
El acto incluyó la firma simbólica para la restitución de 54.5 hectáreas a la comunidad, una medida que la mandataria describió como un reconocimiento a la lucha de quienes enfrentaron el despojo y la violencia institucional. La escena, sin embargo, también estuvo atravesada por tensiones actuales: un bloqueo de ejidatarios en la carretera Texcoco-Lechería retrasó su llegada.
Lejos de ordenar un desalojo, Sheinbaum optó por el diálogo directo con los inconformes. Narró que rechazó cualquier trato preferencial para su comitiva y propuso abrir una mesa de negociación, al tiempo que instruyó a funcionarios federales atender de inmediato las demandas relacionadas con agua y tierras.
Desde ahí, la presidenta delineó una diferencia central entre los gobiernos actuales y los del periodo neoliberal: mientras antes —dijo— se respondía con fuerza pública, ahora se privilegia la interlocución. Afirmó que la oposición busca retomar prácticas del pasado, pero enfrenta a una ciudadanía más consciente y participativa.
Sheinbaum reconoció que aún existen pendientes en materia de justicia para diversas luchas sociales, pero aseguró que su administración mantendrá cercanía con las comunidades. “Donde hubo represión, hoy hay diálogo”, sostuvo, al tiempo que reivindicó principios como la restitución de derechos, la honestidad en el ejercicio público y la defensa de la soberanía.
En Atenco, el mensaje no solo evocó el pasado: planteó una narrativa de contraste entre dos modelos de gobierno y dejó claro que, al menos en el discurso oficial, la relación con los movimientos sociales busca transitar de la confrontación a la interlocución.

