Este Mundial también se juega fuera de los estadios. Está en los libros, en las calles, en los bares y en las memorias que el balón despierta. Esta serie nace para leer el futbol desde la literatura y la sociedad. Aquí no importan los resultados, importan las historias. Escritores que miraron el juego como un fenómeno cultural, jugadores que terminaron convertidos en personajes, países que se observan a sí mismos a través del Mundial. También están quienes, después de colgar los botines, encontraron en la palabra otra forma de habitar el mundo. Este es un recorrido donde el futbol se entiende como experiencia de vida.
I
En el Manchester United, el número 7 tiene historia. Lo usaron figuras que marcaron época. Antes de ellos llegó un francés de Marsella con el cuello de la camiseta levantado y una mirada difícil de descifrar. En cinco años cambió el rumbo de un club que llevaba más de dos décadas sin ganar la liga.
Éric Cantona, “The King”
Un jugador con visión distinta. Encontraba espacios donde otros no los veían. Controlaba el balón con una naturalidad que parecía sencilla. Medía 1.88, pesaba 88 kilos y se movía con una presencia que imponía.
Llegó en 1992, en el nacimiento de la Premier League. El futbol inglés entraba en una nueva etapa, con mayor exposición y dinero. En ese contexto, Cantona se convirtió en pieza clave. Alex Ferguson apostó por él cuando el equipo necesitaba respuestas. La inversión fue mínima para lo que terminó significando.
En cinco años ganó cuatro ligas y dos FA Cups. Fue el punto de partida de una nueva era.
Cantona también vivía el arte fuera de la cancha. Pintura, fotografía, cine y literatura formaban parte de su entorno. Esa sensibilidad se reflejaba en su manera de jugar. Su historia familiar también estaba marcada por la creación: un abuelo exiliado, albañil y pintor; un padre enfermero psiquiátrico con inclinaciones artísticas. Todo eso estaba presente en su forma de entender el mundo.
II
25 de enero de 1995. Selhurst Park, Londres. Crystal Palace contra Manchester United.
El partido estaba empatado. Cantona había fallado un penal. Caminaba hacia el túnel cuando un aficionado comenzó a insultarlo desde la grada.
Cantona se detuvo. Observó. Tomó impulso.
Saltó la valla publicitaria y lanzó una patada que quedó registrada como una de las imágenes más impactantes del futbol moderno. Después vinieron golpes breves y el regreso hacia vestidores.
Las imágenes recorrieron el mundo. La sanción fue inmediata: ocho meses de suspensión, proceso judicial y servicio comunitario.
Meses después, en conferencia de prensa, Cantona respondió a los cuestionamientos con una frase que se volvió parte de su historia:
“Cuando las gaviotas siguen al barco pesquero, es porque piensan que van a tirar sardinas al mar”.
La frase quedó suspendida en el aire. Los periodistas guardaron silencio. Cantona se levantó y se fue.
Con el tiempo, esa escena también se convirtió en parte de su figura pública. No como un gesto aislado, sino como parte de un personaje que nunca buscó ajustarse a lo esperado.
Años después, al ser cuestionado nuevamente, sostuvo su postura sin bajarle al tono.
III
La imagen de Cantona volando por el aire se volvió un ícono de la cultura pop. La banda de punk rock Ash la puso en la portada de su single “Kung Fu” en marzo de 1995. Una foto fija, congelada para siempre, que mostraba al Rey.
La revista NME le dedicó el premio “Single of the Week”. La revista Q lo nombró uno de los “50 momentos más rock n’ roll de 1995”. Un tipo pateando a un fascista se volvió parte del imaginario punk.
Décadas después, Cantona hizo su propia música. En 2023 sacó un EP, I’ll Make My Own Heaven. Canta con una voz grave y pausada. De adolescente escuchaba a los Sex Pistols, a The Clash, a AC/DC, a Led Zeppelin. El punk marcó su forma de expresarse. Y él nunca se calló.
IV
Cuando se retiró del futbol en 1997, con apenas 30 años, muchos pensaron que seguiría en el mundo del balón. Cantona tomó otro camino.
Se metió de lleno en el cine. Su primera aparición fue en Elizabeth (1998). Después vinieron La alegría está en el campo, Los hijos de la marisma, y una decena más.
En 2009, el director Ken Loach le dedicó una película entera: Looking for Eric. Un cartero de Manchester, fanático del United, atraviesa una crisis. Aparece Cantona, interpretándose a sí mismo, para acompañarlo.
También hizo teatro. Siguió pintando y fotografiando. En 2019, la UEFA le otorgó el Premio Presidente, un galardón que antes recibieron Di Stéfano, Bobby Charlton, Eusébio y Cruyff.
V
Cantona se involucró en causas sociales. Es parte de Common Goal, que dona el 1% del salario de futbolistas a organizaciones benéficas. Se ha pronunciado contra el racismo, contra la homofobia, contra la injusticia social. En sus ratos libres, fotografía a los sin techo de París. Publicó un libro de fotos dedicado a los indigentes: Elle, lui et les autres. No olvidó esa realidad.
VI
Cantona no es un ejemplo de disciplina. Tampoco es el futbolista que los patrocinadores buscan para vender refrescos. Es un ejemplo de autenticidad.
Se puede ser el mejor y mantener una identidad propia. Se pueden ganar títulos y construir un camino personal. El futbol puede abrir otras rutas. Después de la cancha hay una vida por explorar. Se puede ser futbolista y actor, pintor y poeta, activista y pensador.
El coraje también se expresa en la vida diaria. En decir lo que se piensa. En actuar con convicción.
Cantona entendió el futbol como una forma de libertad. Y sostuvo esa idea a lo largo de su trayectoria.
VII
Hoy, Cantona tiene 59 años. Mantiene su estilo. El cuello levantado, la mirada fija, las palabras medidas. Ya no juega al futbol, pero su presencia sigue vigente. Old Trafford lo recuerda.
No es un santo. Es un personaje real.
Cuando alguien pregunte quién fue Éric Cantona, hay que hablar de sus goles, de su patada, de sus películas, de su pintura, de su música y de su forma de posicionarse.
Un tipo que, después de alcanzar la cima, decidió seguir su propio camino.

