Josefa Isabel Rojas Molina, nació en Cananea, Sonora, México, el 29 de marzo de1960. Es egresada de la Licenciatura en Literaturas Hispánicas por la Universidad de Sonora (1978-1983). Actualmente es Docente en la Escuela Preparatoria Federal por Cooperación “Lázaro Cárdenas” y está encargada de la Biblioteca Pública “Buenavista del Cobre”, en Cananea, Sonora.
Obtuvo mención honorífica en el Primer Concurso de Cuento del Departamento de Humanidades, UNISON, Hermosillo, Son., 1980. Segundo Lugar en el Décimo Concurso de Cuento, Departamento de Extensión Universitaria, UNISON, Hermosillo, Son., 1982. Primer Lugar en el Concurso “Personajes Cananenses”, del Centro Cultural CMC, Cananea, 1988. Primer Lugar en el Cuarto Concurso de Cuento “Juan Carlos Onetti”, del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, en Navojoa, Son., 1982. Mención Honorífica en Juegos Florales “Anita Pompa de Trujillo”, Caborca, Son., 1990. Mención Honorífica en el Concurso del Libro Sonorense, Instituto Sonorense de Cultura, Hermosillo, Son., 1992. Obtuvo el Premio “Anita Pompa de Trujillo”, 1993. Obtuvo el Premio Juegos Florales de Guaymas en los 100 años del Carnaval.
La autora revela en esta entrevista con Poetripiados una visión profunda y cotidiana de la poesía, entendida como algo que siempre ha estado presente, incluso antes de tener nombre. Su acercamiento a la literatura comenzó desde la infancia, entre libros, relatos familiares y experiencias escolares, hasta consolidarse en la academia.
Más que sentirse fuera del ámbito literario, reafirma su vocación por escribir desde su propio entorno. Considera que los premios pueden ser útiles, pero no determinantes, y advierte sobre los riesgos de la inteligencia artificial en la formación creativa.
Además destaca su labor en la biblioteca como un espacio de formación de lectores y escritores, y continúa desarrollando proyectos literarios personales.
—¿Qué es la poesía?
Ahí está y acá y allá. ¿Qué decir? La poesía, para mí, siempre ha estado, aun cuando no tenía nombre, ni cómo nombrarla. Luego, llegaron las palabras y los poemas. Llegó la academia y me dio disciplina para leer a las y los poetas. La poesía, incólume.
A veces, cuando me duermo muy cansada, sueño con poemas, extensos, llenos de palabras. Es que me ido a la cama llena de imágenes que durante el día vi sin darme cuenta, tuve pensamientos en los que no recapacité, me percaté de la actuación de personas y de marionetas, olí la vida, presentí la muerte. Despierto y no he deseado escribir mi sueño. Eso es la poesía. Lo inalcanzable que a veces, solo a veces, logramos atrapar con poemas, pero que está ahí, acá y allá, siempre.
—¿Cuál fue tu primer contacto real con la literatura? ¿Había libros en tu casa o llegaste a ellos por otro camino?
Atisbos literarios, muchos, fragmentados en mi infancia… Una enciclopedia, que aun conservo, se llama “Mi amigo”, uno de los tomos es Historia de la Literatura Universal y recuerdo haberlo visto, leído, revisto y releído, durante años. Revistas, sensacionalistas, de romance, canciones que mi padre no dejaba de cantar, tangos y boleros, historias que mi abuela Isabel nos contaba en las noches de frío, poemas que mi padre memorizó de niño y que gustaba recordar en voz alta; vistazos, ojeadas a cuentos y poemas en textos escolares, en secundaria un ejemplar de La Celestina, que iba de mano en mano; en prepa, un docente declamador que con sus ojos color cielo nos regalaba poemas con su bella voz en clase, el obsequio de una novela: Leonorilda. Eleva el pensamiento a las alturas… hasta que llegué a la licenciatura en Literaturas Hispánicas, en la Universidad de Sonora, el primer contacto real y cercano, certero también, con la literatura.
—¿Alguna vez sentiste que estabas “fuera del mapa” literario por quedarte en Cananea?
Lo que quise y sigo queriendo es escribir. Y lo hago al menor descuido, inventando, creo mapas literarios y de otros tipos.
—¿Qué opinas de los premios literarios?
Participé en algunos concursos, gané algunos premios y lo dejé hace muchos años. Si hay premios en efectivo, qué bien, si hay publicación, mejor. La polémica es ingrediente muy usual y solo me interesa para mantenerme informada.
—¿Quiénes son, para ti, los poetas o las poetas más influyentes en el mundo literario de habla hispana?
He sido maestra en el área de lenguaje y literatura por muchos años. En los programas correspondientes siempre he buscado que leamos lo más que se pueda de poetas españoles y latinoamericanos. Así que, la influencia de la que yo hablaría es en mi contexto como docente, principalmente: Netzahualcóyotl, Sor Juana Inés de la Cruz, Ramón López Velarde, Jaime Sabines, Alfonsina Storni… me doy cuenta apenas de que es difícil mencionarlos, son, afortunadamente, muchas y muchos. Soy la lectora que la mayor parte del día habito en el mundo de los libros y puedo leer y lo he hecho: poetas, cuentistas, todos los que he podido y también, con asiduidad, novelas. En Cananea no hay librerías, pero leer tantos y todos los libros de literatura de nuestra biblioteca pública, nadie podría. Soy muy afortunada.
—¿La inteligencia artificial pone en riesgo la escritura?
Claro que sí. Sobre todo, pienso en la escritura que es “obligatoria”, parte del contenido curricular de materias de redacción y literatura, en bachillerato, digamos, y cuánto aprendizaje se pierde al utilizar la IA. ¿Cómo sabrán los jóvenes del proceso creativo y los productos artísticos? ¿Cuándo y dónde podrán aprender a desarrollar su expresión literaria original?
Si alguien que ya califica como escritor hace uso de la IA, hay dos conflictos, uno, la trampa, en la que se atora el escritor que se queda lejos de producir arte y piensa que sí lo hace o no le importa; y otro, que sí es riesgo, la lectura y el posible lector, que por novatez o ingenuidad da por bueno el texto y no recibe la experiencia que la literatura siempre nos obsequia o nos estampa en la cara. Lo que como lectores nos merecemos, pues.
—¿El escritor tiene alguna responsabilidad social para cambiar al mundo?
Cualquier persona, se dedique a lo que se dedique, debe asumir responsabilidades. Sin embargo, por medio de la escritura, el que escribe no puede perseguir un cambio social en primera instancia, no debe ser ese un objetivo. Ejemplos hay varios de fracasos en ese sentido.
—¿Cómo has llevado tu trabajo en la Biblioteca Pública de Cananea? ¿Se crean nuevos lectores? ¿Cuál ha sido tu mayor satisfacción?
Llegué a este sitio sin ninguna expectativa, se trataba de trabajar. Desde el primer año me di cuenta de que estoy en mi lugar, rodeada de libros, proyectos literarios y conviviendo con personas que consideran la palabra escrita como algo fundamental. Fueron espacios y tiempos especiales también los que pasé al cargo de otras dos bibliotecas, escolares, la del Centro de Maestros de Cananea y la de la Escuela Preparatoria. Donde he pasado más tiempo es en la Pública y ha sido muy satisfactorio.
En varias bibliotecas y sitios culturales, las actividades se pausaron un poco a causa del periodo que estuvimos a resguardo por el COVID. Esta pausa ocasionó, quien no lo sabe, que lo que antes era regular, se transformara en algo desconocido; en educación esto es sumamente notorio, doloroso a veces. En la biblioteca fue como si la ola de usuarios que antes llegara de manera tan regular se retrajera y ya no regresara. Apenas se está recuperando un poco el flujo.
Con tantos años aquí puedo, muy frecuentemente, constatar que sí se han formado lectores que regresan constantemente a estos espacios, que piden sugerencias de lectura, que son usuarios frecuentes de otras actividades bibliotecarias, presentaciones de libros, exposiciones, que traen a sus hijos a conocer, a contarles de cuando eran niños lectores. Da gusto, sí. Hay también satisfacción en la formación de escritores.
Con los talleres de creación literaria se han conseguido dos libros, uno individual, Mi Anecdotario, de Basilio Hage, hermoso libro del desarrollo de una familia libanesa en Cananea y Recuento memorioso, antología de trabajos de talleristas.
De pronto me he enterado de alguien que vive en otro país y escribe en alguna red digital, recordando que, de niña, asistía a mis talleres de verano en la biblioteca y cuánta motivación encontró en aquellas actividades de escritura, tanta que continúa escribiendo con muy buen nivel, en otro idioma y temática de terror.
—¿Consideras que existen grupos cerrados que controlan premios, becas y publicaciones?
No sé. Leo publicaciones donde se habla de ello, pero creo que tal vez por estar fuera del “Mapa literario”, desconozco ciertos tejes y manejes del asunto. Veo, de lejos.
—¿Tienes algún libro o proyecto en el que estés trabajando actualmente?
He estado trabajando en los textos que hace años publiqué en mi blog https://quemevanahablardeamor.blogspot.com, ya casi está conformado el libro, se llama Llueve en los relojes y he terminado otro que conformé con todos los tuits que reuní: Cruzadora de vías. Apuntes para aquel poema.
Entre muchos otros, participó en los libros colectivos: Ecos de la infancia. Antología de cuentos, Editorial MiniLibros de Sonora, 2022. Libreta de apuntes. Colectivo de narradores. Sonora, MAMBOROCK, 2022.
Tiene los libros individuales: Para que escampe. Universidad de Sonora (1991). Detenerte tanto. FONCA (1999). Casi un cuento. Ed, La Cábula (Sonora, 2006). Versiones del porqué. Universidad de Sonora, Colección Lengua de Camaleón, 2010. Detenerte tanto. Poesía reunida, Instituto Sonorense de Cultura, 2011. ¿Qué está haciendo el lobo? Ed. MiniLibros de Sonora, 2012. Versiones de la conjetura, Editorial Playasola, Sonora, 2022. Versiones de la conjetura, Editorial Mamborock, 2023. Menos el domingo Editorial Mamborock, 2024. Seré mil medusas. Antología personal, Col. “Puro Chuqui”, MiniLibros de Sonora, 2024. Evodio, el diario. Y otros textos, Mini Biblioteca “Copechis” 036, Ed. MiniLibros de Sonora, 2026.

